• El arte corre por las venas de Virginia Rodríguez Aragón, actriz, empresaria y profesora de interpretación, centrada en la planificación del futuro de los negocios y montajes teatrales que ella y su pareja gestionan.


Lleva cuatro años al frente del Rocky Horror Madrid Show, un espectáculo que produce y con el que se divierte en el escenario interpretando a Janet (personaje al que Susan Sarandon dio vida en el cine). Pero la paralización de la actividad teatral por culpa de la pandemia ha impedido que la compañía celebre su 14 aniversario saliendo de gira a Valencia “por primera vez”.

“Colgado” se ha quedado también un corto que Virginia Rodríguez iba a rodar en junio a las órdenes de su pareja, Guillermo Fernández Groizard. De momento, han decidido arrancarlo esta semana con “ensayos online, para poder empezar a grabar en julio”.

Otro proyecto “en suspenso”, que ambos tenían entre manos, es el “juego de escape al aire libre ambientado en los años 80” El Secreto de Madrid. En una época de despedidas de soltero y con todos los turistas que por estas fechas solían poblar la capital, las reservas para los seis pases diarios que organizaban sábados y domingos estaban a rebosar hasta junio, pero la actriz y empresaria lleva “semanas atendiendo anulaciones”. Eso ha sido “lo más heavy” para ella, porque ha estado “trabajando sin parar haciendo gestiones, pero no para construir ni crecer, sino para seguir parado”.

“Tardé una semanita en concienciarme de lo que estaba pasando y adaptarme a la nueva situación”, explica. Y confiesa que “el mal humor” la volvió “bastante arisca” los primeros días. Después, con mucha “disciplina”, se obligó a “seguir un horario a rajatabla”, que incluía, además del trabajo y clases en streaming con sus alumnos de interpretación de la Escuela Metrópolis, tiempo para la lectura, el deporte, la pintura, los juegos con su hija, los cursos online y la escritura. Así consiguió “mantener la salud mental y física”.

#YoMeQuedoEnCasa-virginia-rodriguez-aragon
En la terraza de su casa, disfrutando de las vistas.

Ahora espera que, “manteniendo las distancias de seguridad y las medidas de protección necesarias”, sus juegos de escape, “al ser al aire libre”, puedan empezar a funcionar el mes que viene “por las calles y bares de Madrid”, porque –dice– “es el momento de apoyar los negocios locales”.

Mientras tanto, comparte tiempo y salidas con su hija Chloe, que, a pocos días de cumplir los diez años, ha heredado la “vena artística” familiar y muestra sus trabajos en una web propia que gestiona su progenitora.

Sin dar tregua al aburrimiento, por la mañana dedica una hora a la lectura de algún ensayo. Ahora está con Alimenta tu cerebro, del doctor David Perlmutter; y por la noche lee unas páginas de la novela policíaca La verdad sobre el caso de Harry Quebert, de Joël Dicker. Los domingos por la tarde toca el revisionado de películas clásicas, como El club de los poetas muertos, o El silencio de los corderos, y posterior cinefórum con los chicos de Metrópolis y Alejandro Amenábar como invitado especial.

Y entre unas cosas y otras apenas le queda tiempo para mucho más. De hecho, como “adicta a los juegos de escape” que es, le hubiese gustado participar en alguno de los que sus amigos han estado haciendo online estos días, pero no ha encontrado el momento.

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