Una fiesta centenaria

CRÍTICA DE Entremeses

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A lo que el espectador asiste cuando acude a ver Entremeses es a una fiesta. A una celebración del lenguaje y del costumbrismo españoles a través del trabajo –festivo, pero también preciso– con la palabra, la música y el cuerpo.

©Ros Ribas

Una fiesta en torno a un árbol robusto, y probablemente centenario, que bien podría erigirse en cualquier plaza de cualquier pueblo castellano y abrigar bajo sus ramas las cuitas y chanzas de sus habitantes viendo pasar las estaciones, los años y las diferentes generaciones.

Ni los cuatrocientos años que hace que Cervantes escribió estas piezas, ni las dos décadas que celebra La Abadía desde que puso en pie el montaje original han hecho mella o erosionado su vigencia y esplendoroso vigor. La afinada lucidez de nuestro autor más universal a la hora de retratar la sociedad con unas tramas y un verbo divertido, ágil y mordaz ratifica el genio de su leyenda. Y al mismo tiempo hace reflexionar sobre la condición humana con un regusto entre la diversión y la empatía que provocan la flaqueza de sus personajes, y el rubor de sentir tan actuales las parodias de estos estereotipos que conjugan lo mejor y lo peor del carácter y la “picaresca española”.

Una fiesta también porque es ese el tono que José Luis Gómez ha imprimido a la puesta en escena, hilvanando toda la propuesta con un acertado carácter lúdico, inspirado en la commedia dell’arte, y ejecutado con fina técnica y mucha complicidad por un reparto de actores que por momentos roza la maestría.

©Andrés de Gabriel

No es de extrañar que Gómez saque pecho cuando habla de la cantera de intérpretes que participaron tanto en la obra con la que abrió La Abadía en 1995 –el Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte de Valle-Inclán–, como en estos Entremeses, que continuaron el sonado éxito de aquellos años, al tiempo que iban formándose juntos bajo la exigente batuta de un Gómez, recién aterrizado de París, impregnado por diferentes técnicas europeas, y con muchas ganas de realizar un aporte diferencial a la escena española. De aquel privilegiado trabajo y de ese sudor compartido surgió una cantera que desde entonces va nutriendo los diferentes montajes de La Abadía, además de ser habituales de otros muchos escenarios nacionales.

Cuatro de ellos (Miguel Cubero, Inma Nieto, Elisabet Gelabert y José Luis Torrijo) son los que han enfrentado el desafío de volver al tríptico cervantino 20 años después, y lo mínimo que se puede decir de ellos es que consiguen hacer disfrutar al espectador a través de su propio disfrute. Un goce sobre las tablas y a través del juego que se vislumbra sincero, real, fresco como el texto cervantino, pero a la vez cómplice y sólido como su trayectoria. Un verdadero placer ver, tanto a los viejos “entremeseros” como al resto del elenco (Julio Cortázar, Palmira Ferrer, Luis Moreno, Javier Lara, Diana BernedoEduardo Aguirre de Cárcer) desplegar la expresividad y la coreografía física y vocal de la que hacen gala, mientras juegan a hacer cómplice al espectador de las burlas, al más puro estilo barroco de corral de comedias.

Un ingrediente fundamental en esta fiesta cervantina es la música que jalona el espectáculo, jalea los ánimos y sirve como hilo conductor. Luis Delgado, maestro de la música tradicional y multicultural, es el responsable de la viva y vibrante partitura. Además, la utilización en directo y a la vista de una amplia gama de instrumentos y cachivaches artesanos crea un divertido y rico conjunto de efectos sonoros.

Tiene también el espectáculo, dentro de la fiesta, un plus de nostalgia, de “20 años no es nada” gardeliano, que imagino que también impregnaba el ánimo del director de La Abadía al decidir restaurar este tríptico, en un gesto quizá simbólico de cierre de etapa. Sea como fuere, y afortunadamente para Gómez, el revival le ha resultado atinado, y viene a ratificar de algún modo la inmortalidad y vigencia de la pluma universal de Cervantes, la solidez del puente que entre tradición y modernidad trazó con buen pulso el director hace ya dos décadas, así como la calidad y excelente evolución de una generación de actores que esperemos nos sigan dando muchos más momentos de disfrute.

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