Shakespeare will tear us apart

CRÍTICA DE Sueño de una noche de verano

2
217

Corría septiembre de 1979 cuando Tony Wilson usó el término ‘gótico’ para definir una banda que se salía de las líneas marcadas por el post-punk. Se trataba de Joy Division. Apenas ocho meses después y con una gira por Estados Unidos a las puertas, Ian Curtis, su vocalista y letrista, decidió escapar de forma definitiva de su epilepsia, sus adicciones y su divorcio ahorcándose en la cocina del 77 de Barton Street, su casa en Macclesfield. Su muerte tuvo como telón de fondo el fracaso del sueño americano en la piel de Bruno S, protagonista de la bellísima Stroszek, de Werner Herzog, y alguno de los temazos made in Berlin de The idiot, álbum debut de Iggy Pop en solitario. Love will tear us apart es la canción insignia de este grupo británico, la frase grabada en la tumba de Curtis, y la licencia literaria que me he tomado a la hora de titular esta crítica.

Laura Luna es Pizca.

Del mismo modo que muchos fans a ultranza de los creadores del Unknown Pleasures reniegan del término ‘gótico’, es posible que los seguidores más puristas del Bardo de Avon rechinen los dientes al ver en la cartelera teatral una adaptación gótica de Sueño de una noche de verano.

La propuesta de Trece Gatos tiene su punto de riesgo, y eso siempre es algo de admirar dentro del teatro aficionado. Los artesanos atenienses que se proponen teatralizar la historia de Píramo y Tisbe en honor de las bodas de Teseo e Hipólita desaparecen a favor de unas hadas juguetonas que asumen sus roles. Hay incluso sitio para la reinvindicación, ya que éstas traman la representación como una estrategia que les permitirá abandonar sus tristes nóminas y su horario laboral esclavista. A la desaparición de los rústicos se le une otro cambio fundamental: la puesta en escena de la tragicomedia mitológica frente a los duques (que también quedan obviados) se esfuma, siendo sustituida por un caprichoso proyector del que salen escenas de películas de lágrima fácil, como La educación de las hadas, El club de los poetas muertos o Ed Wood, así como imágenes del elenco de la obra en medio del bosque con música emotiva de fondo.

La actriz Raquel León es Puck.

Del montaje, dirigido por Carlos Manzanares Moure, decir que la distribución en U de la modesta bancada del Centro Sociocultural Mariano Muñoz permite una interacción total con el público, pero aconsejo a los frioleros eludir la puerta, que sirve de pata extra improvisada por la que entran y salen los actores. En cuanto a estos últimos, resaltar a Telaraña (Natalia Espósito), que conecta enseguida con el patio por su carácter vivaracho; a Oberón (Ricardo Galán), que pone el punto de experiencia sobre las tablas; y a Puck (Raquel León), cuya chulería le va que ni pintada al personaje del duende. Efectismos como la niebla, el vestuario y el maquillaje son sobresalientes, y consiguen esa atmósfera siniestra que le vale el apelativo de ‘gótica’ a esta comedia clásica.

Aunque da la impresión de ser algo caótica al principio, finalmente se resuelve bien, y acaba envolviendo al espectador en ese aura singular que viste de encantamiento los anhelos de nuestro subconsciente.

El mensaje está claro, y la gran pantalla montada sobre el escenario nos lo recuerda: aquellos que creen en la magia están destinados a encontrarla. El truco es huir de lo cotidiano a través de la fantasía y los sueños, que son la válvula de escape que nos queda y el clavo ardiendo al que agarrarse. La ficción es el resquicio que tiene la mente para liberar tensión, una especie de remedio milagroso para evadirse momentáneamente del drama, ya sea el paro, los números rojos o el mal de amores.

Una adaptación que es una lección de felicidad efímera, de recuperar la fe en la energía positiva o, si se quiere, de refugiarse en el autoengaño como mecanismo de defensa. Quitando algunos fallos técnicos y ciertas interpretaciones poco redondas que pecan de altivez, afectación o falta de dicción, esta versión del clásico de Shakespeare es una buena oportunidad para acercarse al teatro con la familia y pasar una tarde agradable. A los menos heterodoxos, que colocarían este acercamiento al teatro del genio inglés a la altura de la obra escolar, mejor les remito al The Globe.

2 COMENTARIOS

  1. Ante todo decir que soy animal de teatro, no por hacerlo si no por disfrutarlo ávidamente.

    Hace tiempo que sigo al grupo aquí criticado (nunca mejor dicho) y el sábado pasado estuve viendo este montaje y rotundamente me encantó la propuesta.

    Es cierto que la sala es modesta (pero ya sabía yo que iba a un Centro Cultural y no a una sala de la Gran Vía) y que los actores no se dedican a ello profesionalmente; para mi la única diferencia entre estos actores y los profesionales es la forma de obtener ingresos, no la calidad.

    La vuelta que se le ha dado al texto de Shakespeare me pareció inteligente, fresca e innovadora. La inclusión, además del metateatro previsto por Shakespeare, de cine para resolver la obra de los artesanos-hadas me resultó no sólo interesante, sino inteligente y muy bien planteada.

    La disposición del espacio en U con los actores a ras de público sin miedo a que los espectadores puedan vivir, sentir y analizar cada uno de sus gestos, expresiones y emociones me pareció valiente y muy enriquecedora para ambas partes. Este contacto tan cercano con los actores me permitió vivir como espectador una experiencia teatral tan de agradecer como inusual en la amplia gama de salas capitalinas.
    La atmósfera creada fue perfecta llevándola al climax en el momento en el que Puck convoca a los amantes en la noche, momento mágico si duda alguna.

    No entro en las disquisiciones filosóficas planteadas en la perorata inicial por la entendida y crítica teatral en cuanto: al ser o no ser gótico (me permito casi parafrasear al maestro),… no soy tan exquisito, ni tan purista, ni mucho menos tan entendido. Sólo decir que la estética de la obra me recordó a la conocida por el ciudadano de a pie como gótica y por tal la acepté (siempre desde mi más humilde opinión y desde el desconocimiento feroz de las subculturas urbanas nacidas en el albor de los 80). El vestuario y la estética me parecieron impecables y muy acertados, vaya que me gustó mucho la propuesta.

    En cuanto a la opinión de que las películas: El club de los poetas muertos o Ed Wood, son de lágrima fácil como asegura la firmante de la crítica me da la información necesaria para saber el valor que he de otorgarle a las críticas firmadas por ella.

    Desde aquí recomiendo esta pequeña joya escondida en un humilde Centro Cultural de la capital y rubricada por TreceGatos.

  2. Hola, Pedro:

    En primer lugar, disculpe la tardanza en contestar, pero solo entro a subir las críticas y ha sido hoy, cuando he dejado una lista para publicar, cuando he visto su comentario (Nota mental: estar pendiente de las opiniones de los lectores para que no crean que voy de diva). Analizando de forma general lo que expone, me alegra comprobar que en lo esencial estamos de acuerdo. No es cuestión de repetir lo que ya he dejado por escrito en el post, pero resumiendo, sí, la propuesta es arriesgada, lo cual es admirable; sí, la comunicación con el público es un punto a favor; sí, el vestuario y los efectos son buenos; y sí, el resultado final es evocador, emotivo y apto para todos los públicos.

    Pero estará conmigo, Pedro, en que una crítica no sería una crítica si no se remarcaran, además de los aciertos, los fallos. Desde el primer momento que puse un pie en este blog me prometí no adoptar la postura cómoda del crítico complaciente al que todo le parece fenomenal y que es incapaz de hacer un apunte constructivo por miedo a quedarse sin entradas gratis. No acepto esa clase de prebendas. A tenor de su comentario, veo que he pinchado en hueso, y no hay nada mejor que eso para confirmar que estoy haciendo las cosas bien. O al menos, como yo creo que deben hacerse.

    Por mucho que le cueste admitirlo, salta a la vista que hay actores que tienen más tablas que otros, lo que lejos de ser una mácula para el montaje, es una llamada de atención al esfuerzo personal. Si alguien se molesta, debería saber que exponerse al escrutinio público provoca juicios de valor ambivalentes. Pero no me molesta el odio ajeno. En el fondo es la mejor motivación para ellos. Tanto da con la sencillez de la sala o algunos medios técnicos que se quedan atascados. Si Trece Gatos sigue apostando fuerte y lima ciertos aspectos, hoy será Usera, pero mañana será Gran Vía, quién sabe.

    Por alusiones, no tengo más remedio que hablar de música y de cine. La introducción no es más que un juego para contraponer las diferentes interpretaciones que hacen de las definiciones ajenas los acólitos más conservadores. Con el término gótico, entre los fans de Joy Division y los de Shakespeare se abrió/se abre la misma brecha. Pura licencia literaria. En cuanto a las películas, me tomaré su ataque con ironía. Desde que en mi más tierna infancia vi Bambi no levanto cabeza, fíjese. Es morir alguien y me transformo en la plañidera del séptimo arte. (Inicio spoiler) La muerte del profesor Keating en El club de los poetas muertos y la de Bela Lugosi en Ed Wood me dejaron hecha polvo (Fin spoiler). Pero no se preocupe que prometo poner los medios. Me voy a meter entre pecho y espalda una sesión completa de Tarantino. Seguro que después de eso, las obras completas de Emil Cioran van a hacer que me descojone de la risa.

    Le animo de corazón a seguir cotilleando y escribiendo sin remilgos en mi blog. Para mi será un placer darle feedback.
    Un saludo,
    Alicia.

Responder a Pedro Santangelo Cancelar respuesta

Por favor, escribe tu comentario
Por favor, pon aquí tu nombre