Secun de la Rosa

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Ya de crío mostraba su pasión por el arte.

Echándole valor

Se crió en un arrabal obrero de Barcelona y desde muy joven comenzó a escribir “historietas”, y se apasionó por el cine, porque le ayudaba a evadirse de sus problemas.
A los quince años decidió buscar “directores” en las Páginas Amarillas y encontró el teléfono de Francesc Betriu, y aunque no conocía sus películas, le echó valor y le llamó. Consiguió “una frasecita” en una miniserie, que calmó temporalmente su “pulsión por actuar”…  Fue ya en Madrid donde comenzó a prepararse en la Escuela de Cristina Rota, mientras se pagaba los estudios trabajando en un Seven Eleven y recogiendo vasos en la Sala El Sol.

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