Sandra Ferrús se sumerge en los peligros del sexo viral

La panadera

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“Soy muy emocional, y eso me ayuda
a comprender a los personajes”

Actriz de profesión desde hace dos décadas, Sandra Ferrús comenzó a escribir en 2018 porque se lo pedía el cuerpo. Se estrenó en la dramaturgia con El silencio de Elvis, una obra sobre la esquizofrenia, que le ha valido varios premios y que también ha dirigido y volverá a protagonizar en mayo en el Teatro Español. Y ahora, gracias al proyecto Nuevas Dramaturgias del Centro Dramático Nacional, lleva a escena La panadera, una historia muy actual, que también firma, dirige y protagoniza.

ampliando horizontes

Vuelves al escenario con un texto tuyo que también diriges; ¿le has cogido el gusto a estas nuevas facetas artísticas?
He descubierto que escribiendo y dirigiendo disfruto tanto como actuando. Es apasionante ponerse en la piel de un personaje y poder compartirlo con el espectador, pero también me gusta la sensación de trabajar con un equipo para construir una historia que he escrito en la soledad de mi casa, viajando con la imaginación mientras estaba sentada frente al ordenador. Es un regalazo, un juego que me permite divertirme y sacar a la niña que llevo dentro. Por eso, ya no puedo elegir y quiero seguir alimentando y creciendo profesionalmente en las 3 facetas.

¿Qué historias te gusta contar?
Siento que tengo muy pocas respuestas, pero sí muchas preguntas. Por eso, para escribir necesito que me pase algo por el cuerpo, que sea un tema que me toque, que me remueva.

MUJERES, SEXO
Y REDES SOCIALES

Partiendo de una noticia real, La panadera cuenta la historia de Concha, una mujer de 40 años encargada de una panadería. Casada y con dos hijos, lleva una vida tranquila y feliz, hasta que un día se despierta con la noticia de que por las redes sociales corre un vídeo íntimo suyo manteniendo relaciones sexuales con una pareja que tuvo hace 15 años y que se ha hecho famoso en Italia gracias a un reality televisivo. Será entonces cuando deba luchar para que el miedo, el dolor,  sus creencias y los juicios sociales no la derroten, mientras intenta que su entorno familiar no salte por los aires.
Acompañan a  Ferrús sobre el escenario: César Cambeiro, Elías González, Susana Hernández y Martxelo Rubio, en un montaje que 
 pretende ser “un abrazo para esa mujer”, que bien podría ser tu hermana, tu vecina, tu amiga… incluso tú.

En el caso de La panadera, ¿qué fue lo que se te movió?
Todos hemos escuchado noticias de mujeres a las que un vídeo sexual grabado con su pareja les destroza la vida porque se hace viral, y una de esas historias reales a mí me dejó sin respiración. Empecé a pensar en cómo se sentiría, si tendría hijos, si su familia la arroparía… y se me aflojaron las piernas. Sin casi darme cuenta, me puse en sus zapatos e identifiqué el miedo recorriendo mi cuerpo, mientras repasaba si yo podría tener un vídeo de ese tipo. La sensación de desnudez, de horror, de intimidación, pero también la rabia, la indignación y la frustración, me invadieron por completo, y me surgió la necesidad de escribir sobre ello. Y tuve la suerte de que el CDN eligiera mi idea para sus becas dramatúrgicas.

En la función interpretas a Concha, esa mujer a la que un viejo vídeo de contenido sexual le destroza la vida. ¿Cómo te sientes en su piel?
Está siendo un bonito viaje. Concha me gusta porque es muy humana y la entiendo, aunque espero que nunca me pase lo que a ella. 

¿Crees que los móviles y esa necesidad de nutrir las redes sociales condicionan nuestra vida?
Algo sí. Son herramientas que pueden dar muchas cosas buenas si sabes usarlas bien, pero hay que tener mucho cuidado con lo que compartes, y como madre ese miedo siempre está presente. Yo reconozco que he perdido cierta espontaneidad y que cuido mucho lo que subo a las redes sociales. 

Hasta ahora, has dirigido los dos textos que has escrito. ¿Cómo te sientes al pensar que otro director pudiera llevarlos a escena?
Creo que los textos se terminan de hacer dirigiéndolos; yo sigo haciendo cambios mientras dirijo. Y con estas dos obras he sentido la necesidad de llevarlas yo a escena, pero quizá sería interesante descubrir la mirada de otro sobre algo que yo he escrito. Supongo que, dependiendo de quién fuera, podría ser un regalo.

¿A qué actores te gustaría dirigir?
A muchísimos. Ahora estoy encantada con el equipo de La panadera, incluida Carmen del Conte, que, en una labor muy generosa, me sustituye para que pueda dirigir y montar las escenas. Pero también estaría encantada de hacerlo con Marta Aledo, Lucía Quintana, Gloria Muñoz, Mamen Godoy… Y un largo etcétera, porque en España tenemos la suerte de contar con muy buenos actores. 

¿Y a las órdenes de quién te pondrías como actriz sin pensarlo?
Para mí ha sido un regalo trabajar a las órdenes de Alfredo Sanzol, de Andrés Lima, de Luis Olmos, de Fernando Bernués. Han sido experiencias ma-ra-vi-llo-sas, que he disfrutado como una enana, y estoy segura de que también disfrutaría dirigida por muchos otros con los que aún no he trabajado.

¿Cuáles dirías que son tus puntos fuertes como intérprete y cuáles en los que flojeas?
Creo que soy muy emocional, y eso me ayuda a comprender a los personajes, a empatizar con ellos. Y quizá mi punto débil sea que canto fatal (risas).

Lo que más y lo que menos te gusta de la profesión es…
Fácil: lo que más me gusta es trabajar; y lo que menos, no hacerlo.

¿Alguna vez te has planteado tirar la toalla?
Muchas. Sobre todo cuando no sale trabajo, cuando no suena el teléfono. Esos momentos son muy duros.

De no ser actriz, ¿a qué te hubieses dedicado?
Me gustan mucho los niños y alguna vez he pensado en hacer Magisterio. Me parece una profesión preciosa y muy vocacional, y siento gran admiración por ella.

¿Qué te gusta hacer cuando no estás trabajando?
Me encanta montar en bici y viajar. Disfruto muchísimo al aire libre, ya sea en el monte o la playa. Para mí, lo ideal es meter lo que necesito en unas alforjas y salir a la aventura en mi bicicleta. Así recorrimos Cuba antes de tener hijos y fue un viaje maravilloso. Y así también hemos hecho la Ruta de la Plata y viajado a la costa de Vizcaya, a Santander…  


Humanidad sobre el escenario

«La calma mágica», de Alfredo Sanzol. ©Manuel Díaz de Rada
Ensayando «La panadera». ©Luz Soria

La pequeña y sexta “de una familia muy humilde”, cuenta que sus hermanos bromeaban con ella cuando de niña pedía a sus padres que la llevaran a Canal Nou porque quería ser “como Marisol”. Reconoce que cantar no es lo suyo, pero la primera vez que pisó un escenario para representar Las bicicletas son para el verano, dirigida por Luis Olmos, sintió que “cumplía un sueño”. Y hoy en día sigue sintiéndose “igual de afortunada que entonces”. 

Le gustan “los personajes con aristas y contradicciones, que son humanos”, por eso ha disfrutado “muchísimo” dando vida a Olivia en La calma mágica, a la princesa Salmón en La ternura y a María en La enfermedad de la juventud. Papeles que le han permitido trabajar con Alfredo Sanzol y Andrés Lima, dos directores con los que volvería a repetir sin pensarlo dos veces. 

Y por eso también, es “feliz” interpretando a Concha en La panadera y a Sofía en El silencio de Elvis, un papel que, si la pandemia lo permite, retomará entre mayo y junio en el Español, mientras espera poder llevar de gira a Concha.     



  • LA PANADERA

  • Teatro María Guerrero: C/ Tamayo y Baus, 4
  • HORARIOS: Martes a domingo, 17:00h. 
  • FECHAS: Del 27 de enero al 7 de marzo de 2021
  • PRECIOS: De 12,50€ a 25
  • DURACIÓN: 90 minutos


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