• Esquilo, Lázaro de Tormes, Lope de Vega, Cervantes, Shakespeare, Quevedo, San Juan de la Cruz o Fray Luis de León cobrarán vida de nuevo este verano con la personal impronta de Rafael Álvarez “El Brujo”, que retoma su actividad escénica recorriendo España de norte a sur.


Actor y dramaturgo, para él es “un privilegio” pertenecer a esta profesión que, desde hace años, le “alimenta el alma, aunque a nivel económico sea una lucha constante”. Lucha que se ha acentuado con esta pandemia, debido a las cancelaciones de funciones y bolos, y a los retrasos en los pagos pendientes, una situación que “consume mucha energía en reclamaciones” y que él y las seis personas que dependen de su compañía viven con “agonía” y “cabreo”.

La declaración del estado de alarma le pilló en Madrid, representando Esquilo, nacimiento y muerte de la tragedia en el Teatro Bellas Artes. “Tuvimos que parar cuando sólo llevábamos una semana en cartel de las cinco que estaban previstas”, recuerda El Brujo. Y después han sido varias las plazas que se le han ido cayendo en distintas localidades de nuestra geografía, “dejándonos con una mano delante y otra detrás”.

Una realidad que, “desgraciadamente”, comparte con un gremio que también incluye técnicos, productores y otros profesionales, y que se ha visto “condenado a un problema económico dramático”, que le llevó incluso a escribir una carta abierta al presidente del país, Pedro Sánchez, quejándose de la falta de empatía por parte de un ministro que –dice– “no sabe nada de este mundo”, y urgiendo a “una profunda reflexión” para repensar la cultura como “un bien necesario y de servicio público, porque te pone en contacto con tu ser, cura el espíritu y sana el alma”.

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Representando “Esquilo, nacimiento y muerte de la tragedia”, en el Festival de Mérida de 2018.

Y precisamente en eso anda ahora: intentando que nos olvidemos de “la crudeza de estos días pasados” haciéndonos “reír y disfrutar desde el escenario”. Porque, aunque su veteranía no ha evitado que durante el confinamiento se apuntara al streaming, echaba de menos al público.

Así, tras su última actuación transmitida en directo por Internet el pasado 26 de junio, desde el Teatro Cervantes de Alcalá de Henares, donde recogió el Premio Fuente de Castalia que en esta edición no celebrada le ha concedido Clásicos en Alcalá, por fin vuelve a reencontrarse con sus espectadores a partir de mediados de julio.

La localidad onubense de Vinarós será su primera parada. Allí representará Dos tablas y una pasión el próximo 17 de julio. Y con este mismo titulo aterrizará en Olmedo Clásico el 25 del mismo mes, y el 22 de agosto en Cieza (Murcia). Al Festival de Almagro llevará su revisión de El Lazarillo de Tormes entre el 20 y el 22 de julio, que después irá a Huelva del 1 al 2 de agosto. En Torredonjimeno (Jaén), el 7 de agosto volverá a recuperar la esencia de su Cómico, y  ‘jugará’ con San Juan de la Cruz en La luz oscura el 8 de agosto en Vitoria-Gasteiz (Álava), y en Los Santos de Maimona (Badajoz) el 25 del mismo mes.

Ya en septiembre, abrirá temporada en el madrileño Teatro Alcázar con la obra que ha estado escribiendo durante su confinamiento y compartiendo con su público desde su casa de La Vera cacereña: El alma de Valle-Inclán, con la que intenta “mostrar la sensibilidad poética que este autor plasmó en las acotaciones de sus obras”. Y es que cree que, pese a todo, “el teatro no puede perder su aliento poético, su libertad y gallardía, pues es el espejo que nos ayuda a mirarnos sin máscaras”.

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