Petra Martínez:
memoria viva del teatro

La señorita Doña Margarita

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Un retrato realizado por su yerno, Antonio Muñoz de Mesa.
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“Si volviera a nacer sin memoria de lo que he hecho en esta vida, volvería a ser actriz”

Nunca ha interpretado a los clásicos, pero dejó su huella en la historia del teatro independiente, despuntando en grupos legendarios como Tábano, El Búho o El Gallo Vallecano, con los que recorrió buena parte de Europa y América para participar en los principales festivales internacionales de los setenta, hasta que decidió fundar su propia compañía con su marido: Uroc. Con ella estrenó en 1996 La señorita doña Margarita, un monólogo que volvió a llevar a escena en 2010 y con el que ahora regresa a las tablas tras cuatro años dedicada a la televisión y el cine.

Militancia teatral

¿Qué tiene de especial esta obra?
Es un texto repleto de humor, que me despierta la nostalgia y me trae recuerdos de otra época. Llegó a nuestras manos a través de un amigo brasileño, como el autor, y cuando lo leímos nos divertimos muchísimo. Es una sátira sobre el ejercicio del poder que nos pareció atemporal y apropiada para cualquier lugar del mundo. Por eso decidimos montarla la primera vez, y fue muy divertido. La segunda vez, tenía 66 años y quise ver cómo cambiaba el personaje con más edad. Y ahora tenía varios meses por delante sin ningún proyecto y pensé en retomar el monólogo, para ver cómo le sentaba a doña Margarita la tercera edad.

¿Cómo es doña Margarita?
Es una profesora muy autoritaria, pero muy divertida. Está obsesionada con el sexo y a veces se enfada mucho con los alumnos, que en la función son los espectadores. Dice cosas muy serias, pero está un poco demente, y tan pronto te suelta una caricia como te da una bofetada (verbal, claro).  

¿Qué puede enseñarnos?
En España tenemos un gran problema, y es que aún no hemos encontrado el camino adecuado en el mundo de la enseñanza. Y esta función intenta despertarnos, llamar la atención sobre lo que se hace mal y mostrarnos que las cosas tienen que cambiar, que hay que buscar nuevas fórmulas, porque aprender debería ser divertido.  

UNA MAESTRA
DE ARMAS TOMAR

Actrices de la talla de Annie Girardot (Francia, 1974), Estelle Parsons (Estados Unidos, 1977), Anna Proclemer (Italia, 1975) o Julia Gutiérrez Caba (España, 1975) han interpretado a la señorita doña Margarita, la “autoritaria” protagonista de este monólogo escrito por el brasileño Roberto Athayde en los años 70 del pasado siglo y que ha sido representado en más de 20 idiomas, convirtiéndose en la más célebre obra del autor. 

Dirigida por Juan Margallo, como en anteriores ocasiones, Petra Martínez vuelve a meterse en su piel, para demostrar que el poder, en manos equivocadas, puede despojar a los seres humanos de su individualidad y, adoctrinándoles en la conformidad y la sumisión, acallar conciencias, aplastar sueños y generar desinformación.

Vuelve a dirigirte Juan Margallo, tu pareja. ¿Te da seguridad?
Sí, Juan me gusta mucho como director. Llevamos juntos toda la vida (52 años) y nos entendemos tan bien que lo difícil se hace fácil, y eso me da mucha seguridad.

Hace cuatro años que no te vemos en el escenario. ¿Imposible cuadrar agenda hasta ahora?
Después de La mujer en la ventana, las cosas se pusieron muy complicadas para las giras teatrales, así que decidimos darnos un descanso mientras trabajaba en televisión, lo que, además, nos permitía tener más tiempo para viajar, leer… Ya tengo una edad en la que las fuerzas no son las mismas para andar compaginando teatro, televisión y cine. Pero reconozco que echaba de menos el escenario y lo he cogido con muchas ganas.

¿Qué sientes sobre las tablas?
Me divierto muchísimo. Me produce una enorme satisfacción tener al público en directo, en comunión conmigo. Uno de los placeres más grandes que tengo ahora es salir al escenario, volver a casa y tomarme una cervecita con Juan. 

¿Cómo preparas los personajes?
Me centro en sus gestos, su forma de andar… Observo a la gente por si puedo utilizar algo. Y leo y releo el texto hasta desentrañarlo y aprenderlo de memoria, pues me da seguridad y libertad para dar lo mejor de mí e improvisar sin limitaciones.

Sin antecedentes familiares, ¿cómo te asomaste al mundo de la interpretación?
Yo tenía modales de cuentera desde pequeñita. Hacía teatro con mis hermanas, pero realmente no pensaba en ello como profesión. Con 16 años, me fui a Londres como au pair para aprender inglés. Y, como me gustaba mucho la lectura, me aconsejaron leer teatro, porque era más fácil que las novelas. Leí Chejov, Ibsen y muchos otro, y me enamoré del teatro. Y cuando volví a España decidí que quería ser actriz, pero no sabía dónde tenía que dirigirme. Hasta que un día me encontré con un rodaje en la calle y me acerqué a uno de los chicos que estaban allí y le pregunté qué tenía que hacer para ser actriz. Y él, que era un seguidor de William Layton, me recomendó el TEM (Teatro Estudio de Madrid). Allí fui, y así empezó mi ruta como actriz y mi vida con Juan, porque le conocí entonces.

Formas parte de ese grupo de profesionales que dieron alas al primer teatro independiente. ¿Cómo eran las cosas entonces y en qué hemos mejorado?
Cuando empezábamos teníamos muchas esperanzas de un futuro mejor, que llegó con la democracia. En los 70, el teatro era la mejor plataforma para hacer una crítica política que no podía hacerse de otra forma. Escribíamos los textos hablando de lo que nos preocupaba. Y eso supuso que la censura nos cancelase tres obras, que nos detuvieran, incluso nos pusieron una bomba en un teatro en Barcelona. Fue difícil, pero tenías la sensación de que luchabas por algo mejor, que valía la pena. Ahora, las cosas han cambiado: hay muchos espacios donde mostrar tu arte, las salas alternativas han obligado a los teatros públicos a modernizarse, y la gente está muy preparada.

¿Os autocensuráis alguna vez?
Juan y yo hacemos las cosas que nos gustaría ver sobre un escenario. Nos gusta el teatro que moviliza cabeza y pensamiento, que sorprende y hace que te plantees cosas. No pensamos en que un proyecto sea comercial o no y, por supuesto, no nos autocensuramos. Creo que el teatro es una cosa maravillosa para poner todo en tela de juicio.

Si echas la vista atrás a tu larga carrera, ¿cuál es el balance?
Estoy muy contenta. No cambiaría nada, ni tengo la sensación de haberme equivocado. He hecho lo que me ha dado la gana, un teatro muy cercano a mi vida, y siempre muy bien acompañada.

¿Qué se podría hacer para mejorar el panorama de las artes escénicas en España?
No tengo ni puñetera idea. Sólo sé que el teatro es terapéutico. Te ayuda a profundizar en ti mismo, a comprender diferentes maneras de ser y pensar, y provoca debates sobre la vida y el ser humano. Creo que sería maravilloso que se implementara como asignatura en colegios, institutos y universidades, no para ser actor, sino porque ayuda a ser mejor persona.

¿Se imagina haciendo otra cosa?
Si volviera a nacer sin memoria de lo que he hecho en esta vida, seguramente volvería a ser actriz. Es una profesión dura y sacrificada, pero estoy enganchada, disfruto muchísimo subida a un escenario o delante de una cámara. No obstante, si recordase esta vida, optaría por algo diferente, y quizá me decidiría por ser detective, que siempre me ha gustado.  


Con Juan Margallo en «Adosa@s».
Con Pablo Chiapella en LQSA.
Fotograma de «La vida era eso».

Pasión hecha vida

Se define como “una cómica en el amplio sentido de la palabra” y, desde que debutó en 1966 con Cuento para la hora de acostarse, no se ha alejado de una profesión que la hace feliz y le trajo al amor de su vida: su marido y pareja profesional Juan Margallo.

Debutó en la gran pantalla en 1976, con la comedia Colorín Colorado, pero no fue hasta comienzos de este siglo XXI que despuntó como una de las secundarias más solicitadas de nuestro cine, con películas como La mala educación, de Almodóvar; La noche de los girasoles, de Sánchez Cabezudo; o Mientras duermes, de Jaume Balagueró, por la que se llevó un Premio de la Unión de Actores. Además, como actriz protagonista tiene otro de estos reconocimientos de sus compañeros por La soledad, de Jaime Rosales.

Actualmente, interpreta a Fina Palomares en la popular serie La que se avecina, a la que se incorporó en la octava temporada, y tiene pendiente de estreno en cines la película La vida era eso, de David Martín de los Santos, que protagoniza junto a Anna Castillo.



  • LA SEÑORITA DOÑA MARGARITA

  • Teatro Español: C/ Príncipe, 25
  • HORARIOS: Martes a domingo, 19:30h. 
  • FECHAS: Del Del 3 al 28 de marzo de 2021
  • PRECIOS: De 13,50€ a 18
  • DURACIÓN: 80 minutos


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