Martiño Rivas respira al ritmo
de Alfredo Sanzol

La respiración

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©Antonio Castro

Mi familia es el único amor incondicional. El origen de lo que soy, y un refugio al que vuelvo constantemente”

Siendo un adolescente descubrió que trabajar, al menos como actor, no era tan pesaroso y aburrido como lo pintaban sus profesores de instituto, así que decidió que encauzaría sus pasos en esa dirección. Más de quince años después, con varias series de éxito a sus espaldas, tres películas, una nominación al Goya por su debut cinematográfico, y otras tres producciones teatrales, Martiño Rivas encara el nuevo proyecto de Alfredo Sanzol: La respiración.

Ordenando emociones

Háblame de esta función.
La respiración se enmarca dentro de ese universo tan particular que tiene Sanzol, lleva su inconfundible sello personal. Es un texto único, porque él es un creador muy original y la obra está muy ligada a su actual momento personal. Se trata de una comedia de enredo en la que seis personajes, que representan tres generaciones diferentes, están intentando poner orden en su cosmos emocional y afectivo.

¿Qué papel juegas en la trama?
Soy Mikel, un preparador físico que trabaja en una empresa familiar de salud y bienestar, en la que su padre, Andoni (Pietro Olivera), es profesor de yoga, y su tío Íñigo (Pau Durá), fisioterapeuta. Y junto con Leire (Camila Viyuela), representamos a esa generación joven que se plantea emanciparse y vivir juntos para dar un paso más en la relación.

Con Nuria Mencía en «La respiración». ©Javier Naval

Esa respiración ¿hace referencia a la vida sana que promueve la familia de tu personaje, o a la función vital del ser humano?
Ambas cosas. La obra habla de empezar de nuevo, de coger aliento para abordar una nueva etapa vital, aprendiendo a sobrellevar los problemas y cambios. Y es que la protagonista, Nagore (Nuria Mencía) es una recién divorciada que necesita recuperar su autoestima y rehacer su vida, y, para que lo consiga, Sanzol recurre a los consejos de una madre con una intensa vida amorosa (Gloria Muñoz), y al yoga y la sana disciplina que le impone la empresa de salud de la familia de mi personaje.

¿Por qué decidiste formar parte de este proyecto?
Siento una gran admiración por Alfredo Sanzol como creador, dramaturgo y director. Había visto anteriores trabajos suyos, como En la luna, que me habían maravillado, y tenía muchísimas ganas de trabajar con él. Por eso me lancé de cabeza a este proyecto aunque no hubiese un texto de partida. Sabía que cualquier cosa que él hiciese sería auténtica y original.

Sin texto de partida, ¿cómo ha sido el proceso creativo?
Muy participativo y diferente al habitual. Antes de empezar a ensayar, trabajamos en unos talleres en los que improvisábamos partiendo del contexto que Sanzol nos planteaba, y él ha ido escribiendo la función sobre la marcha. Eso ha servido para que nuestros personajes nos habiten, como él quería, y a mí me ha dado un plus de seguridad, porque siento el proyecto como algo mío.

Con Tomas Pozzi, promocionando «Cuestión de altura». ©Sergio Parra

¿Qué hay de ti en Mikel?
Me interesaba que reflejara aspectos que asociamos con el universo masculino y con cómo los hombres se relacionan con la mujer, o abordan los problemas de pareja. Así, creo que en él hay mucha inmadurez; esa capacidad mía para darle la vuelta a las cosas e irritar a los demás, algo que destacan a menudo mis amigos; y mi exceso de honestidad y confianza en la gente.

Nagore dice en la función que quiere volver a tener una familia. ¿Qué es la familia para ti?
El único amor incondicional. La semilla, el origen de quien soy, de lo que estoy hecho, y algo a lo que vuelvo constantemente.

¿Qué te gusta de tu profesión?
Soy una persona muy analítica y me cuesta aceptar lo que no puedo controlar, y en el escenario puedo olvidarme de todo y simplemente vivir el presente, porque es un universo predeterminado, donde todo empieza y acaba de una manera que conozco de antemano, y eso me relaja. Por otro lado, el oficio de actor es tan inabarcable, hay tantas facetas que puedes trabajar, que resulta fascinante. Aunque eso supone una dificultad añadida: encontrar tiempo para hacer todo lo que te propones…

¿Tus próximos proyectos?
Acabo de grabar la serie Sé quien eres a las órdenes de Pau Freixas, que Telecinco estrenará a principios de año. Y estoy intentando volver a trabajar con Tomás Pozzi, Rubén Cano y Laura Galán en un montaje teatral íntimo, similar al que compartimos en 2014: Cuestión de altura.


Sin frenos por la autopista de la interpretación

Nació en un pueblo de la Costa da Morte un 10 de enero de 1985, y a los 14 años ya trabajaba en una de las series más exitosas de la televisión gallega: Mareas vivas, donde coincidió con Luis Tosar y Luis Zahera. Dio el salto a nivel nacional en 2006, apareciendo en la serie juvenil de La Sexta SMS; y en 2007 empezó a grabar como protagonista principal El internado, para Antena 3. Un año después llegó su debut cinematográfico, compartiendo plano con Maribel Verdú e Irene Escolar en Los girasoles ciegos, de José Luis Cuerda, y consiguiendo una nominación al Goya. Desde entonces, ha compaginado tele, cine —Tres bodas de más (2013) y Por un puñado de besos (2014)— y teatro a partes iguales Drácula (2012), La monja alférez (2013), y Cuestión de altura (2014)—.

En «Drácula», con Emilio Gutiérrez Caba. ©Antonio Castro
Con Ángel Ruiz en «La monja alférez». ©David Ruano

APRENDIZ DE MAESTROS
La sombra de su padre, el escritor y periodista gallego Manuel Rivas Barrós, pesa mucho sobre los hombros de Martiño que hasta hace muy poco no se puso manos a la obra en este terreno. En 2015 hizo sus pinitos con un par de artículos para la revista GQ, que recibieron “el visto bueno de papá”. Pero confiesa que escribiendo se lo pasó “tan bien”, que quiere seguir con ello, y ya se plantea crear algo para los escenarios. De hecho, esa “fascinación” por la creación teatral es una de las razones que le impulsaron a trabajar con Sanzol, al que considera “un maestro del que he intentado aprender todo lo que he podido”.

En el campo de la interpretación, a Martiño también le gusta rodearse de los grandes. Apostó por Drácula porque estaba Emilio Gutiérrez Caba; y por Cuestión de altura, porque trabajaría con su admirado Tomás Pozzi. Pero si hay un artista que considere “un modelo a seguir” por “su compromiso profesional”, ése es Will Keen.



  • LA RESPIRACIÓN
  • Teatro de la Abadía: C/ Fernández de los Ríos, 42
  • HORARIOS: Martes a viernes, 20:30h. Sábados, 18:30h. y 21:00h. Domingos, 19:30h. 
  • FECHAS: Del 20 de enero al 21 de febrero de 2016


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