• Convencida de que la unión hace la fuerza, la multipremiada coreógrafa y bailaora María Pagés sigue luchando en distintos frentes para que la danza flamenca ocupe el lugar que le corresponde en la cultura, la política y la sociedad.


Como “alma inquieta” que es, se ha pasado la cuarentena sin parar ni un minuto. Junto a su “pareja creativa y de vida”, El Arbi El Harti, con el que comparte la dirección de su compañía y codirige el Centro Coreográfico María Pagés de Fuenlabrada (CCMP), han tenido que reprogramar toda la gira de Una oda al tiempo, que incluía paradas internacionales en el Flamenco Festival de Nueva York y en el Sadler’s Wells Theatre de Londres. Así como “reinventar” la amplia programación del CCMP, creado hace dos años como “lugar de encuentro, reflexión y difusión del patrimonio dancístico español”.

Durante la cuarentena han podido tratar algunos de los temas programados en el centro con “conferencias por Internet y danza forum”. Y, si la alerta sanitaria internacional remite y las fronteras vuelven a abrirse, quizá puedan viajar a la Gran Manzana en otoño, fecha a la que los responsables del Flamenco Festival están intentando trasladar el evento. Porque, como afirma convencida la artista sevillana, “el objetivo es seguir reivindicando que la danza flamenca es un arte vivo, y esto es sólo un momento transitorio que tenemos que superar”.

En el aire se ha quedado el nuevo proyecto en el que trabajaban. “Estábamos en pleno proceso creativo cuando todo ocurrió, y no hemos podido ensayar”, explica la bailaora. Por eso, De Scheherazade a Yo, Carmen, un espectáculo con dramaturgia de El Arbi, en el que Pagés interpreta a la gitana cigarrera de la novela de Mérimée y a la narradora de Las mil y una noches como “mujeres que avanzan orgullosas de su identidad sexual, libres de convenciones y folclore trillado”, finalmente no podrá estrenarse en julio en El Liceu barcelonés como estaba previsto.

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María Pagés durante un curso en su centro coreográfico. ©Lucía Goróstegui

Pero, convencida de que “de las grandes crisis salen las grandes ideas”, la bailaora y coreógrafa no se desanima y afirma que “hay que saber aprovechar estos momentos de gran incertidumbre para mostrar y visibilizar las grandes carencias de la profesión, que muchos ignoran, para crear un proyecto común en el mundo de la danza y conseguir ese espacio digno que se merece, tanto en lo cultural, como en lo social y en la política”.

En esa línea, el coronavirus ha conseguido que, por primera vez, los artistas flamencos unan sus fuerzas y se aglutinen en una entidad que defienda el sector bajo la presidencia de la bailaora y coreógrafa Eva Yerbabuena. Su nombre: Unión Flamenca, y Pagés es una de las socias fundadoras.

Además, con motivo del Día Internacional de la Danza, que este año se celebró en pleno confinamiento, el pasado 29 de abril el llamado Grupo de Fuenlabrada, “compuesto por doce coreógrafas”, como Pagés, Mónica Runde, Olga Pericet, Patricia Guerrero, Rafaela Carrasco, Mey-Ling Bisogno, o Iratxe Ansa, entre otras, redactaron un “documento en defensa de la danza al que se suscribieron 200 profesionales”.

Por eso, esta artista celebra “el avance” que supone la creación del primer título de Experto Universitario en Artes del Espectáculo y Flamenco Contemporáneo. Su centro coreográfico y la Universidad Carlos III son los responsables de lanzar este “proyecto formativo en torno a la coreografía flamenca como un arte orgánico y hospitalario, que convoca a otras artes y sus profesiones, como directores de escena, dramaturgos, diseñadores de luz, de vestuario…”.

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En uno de los encuentros realizados en su centro antes de la pandemia. ©Lucía Goróstegui

El curso, que supone “un paso histórico hacia la dignificación” del arte jondo, comenzará en febrero del año próximo, dirigido por Pagés y la vicerrectora de comunicación y cultura del campus getafeño, Pilar Carrera. Y contará con docentes de la talla de Antonio Ruz (Premio Nacional de Danza 2018), Mateo Feijóo (director de escena), Helena Pimenta (ex directora de la Compañía Nacional de Teatro Clásico), Rocío Molina (coreógrafa y bailaora), Sidi Larbi Cherkaoui (director del Royal Ballet Flanders), Nicolas Fischtel (vicepresidente de la Asociación de Autores de Iluminación de España) o Cesc Gelabert (Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes), entre otros muchos.

Mientras tanto, el cuerpo le pide “encontrarse con la naturaleza”. Y una vez recargue las pilas paseando por el campo o dándose un baño en el mar, volverá al pie del cañón, a cumplir con ese “compromiso” adquirido con la vida. “Voy a cumplir 57 tacos y me encuentro en esa fase de dar a los demás algo de todo lo que yo ya he recibido”.

Una vocación que emana de la convicción del “importante papel que puede desempeñar la danza en generar empatía, compañía y hospitalidad”; además de ser “un paradigma de transmisión y formación en principios de ciudadanía y en el fomento del respeto a la diversidad y al trabajo en equipo”. Ayudando a “despojar al público de posibles estereotipos y viejos prejuicios sociales en torno al flamenco, que todos podemos tener incorporados en nuestro universo cultural”.

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