María Hervás: pura verdad
sobre las tablas

Iphigenia en Valllecas

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©Lardiez

“Sobre el escenario me conecto con el público, mis emociones se fusionan con las suyas”

Entiende el teatro como una comunión con el público que va más allá de la bajada del telón. Es en el escenario donde se siente más segura y se libera de todo lo que la constriñe. Quizá por eso sus personajes son tan verdaderos, reales y cercanos.

Lo demostró en Confesiones a Alá, su primer montaje, y desde entonces ha mantenido esa línea de compromiso con la honestidad en el escenario, que continúa con Jauría, la función que relata el mediático juicio de La Manada, e Iphigenia en Vallecas, una apuesta personal por la que este año ha recogido dos Max, y con la que regresa a El Pavón Kamikaze.

en estado de gracia

Vuelves a tu Iphi, pero con el reconocimiento de la profesión reflejado en dos Max y un Premio de la Unión de Actores, ¿cómo te sientes?
La velocidad que ahora mismo llevo en mi vida no me ha permitido asimilarlo aún. Se han ido sucediendo un montón de acontecimientos muy hermosos de los que voy siendo consciente más por la mirada ajena que por mi propia sensación, porque ni siquiera tengo tiempo para pararme y contemplarlo. Es cuando alguien se acerca para felicitarme cuando me doy cuenta de lo que he conseguido, de cómo ese trabajo que comenzó sentada en la mesa de mi casa por las mañanas con el café, traduciendo, adaptando… el research que hice para encontrar la obra, de repente ha llegado a la gente, y ahora ellos viven con empatía, casi de forma comunitaria, lo bueno que me está pasando. Y eso es superreconfortante.

Además, este verano debutas en el Festival de Mérida, ¿qué supone para ti estrenar en su teatro romano?
No he tenido tiempo de pensarlo, pero imagino que va a ser mágico. Estrenamos la versión que Mary Zimmerman ha hecho de las Metamorfosis de Ovidio, y que David Serrano ha adaptado y dirige para el Festival. Un texto muy traído a la actualidad, que lo hará fácil de ver. Son varias historias y todo el elenco debe representar diferentes personajes, unos más protagónicos, otros más corales. Salvo Concha Velasco, que es una especie de narradora que adquiere distintos roles a lo largo del espectáculo.

Con uno de sus Max por «Iphigenia». ©Nacho Gallego / Fundación SGAE

¿Cómo es trabajar con Concha Velasco?
Para mí es un aprendizaje. Es maravillosa. Conozco a muy pocos actores que tengan tanta verdad. Es alucinante verla trabajar; no fuerza nada, todo le sale natural. Además, tiene muchísimo sentido del humor y no para de contar anécdotas. Nos llevamos muy bien, pero si me hace un cumplido me siento cohibida, porque no sé cómo corresponder al halago de una montaña como ella y me da mucha vergüenza.

Tus papeles en teatro son muy comprometidos, ¿lo has buscado?
Soy una persona de compromisos férreos, y creo que eso, de alguna manera, atrae este tipo de proyectos, porque he de reconocer que todo ha sido bastante casual, que hasta hace muy poco no he podido tener cierta capacidad de elección sobre lo que quería hacer. Por eso no me siento abanderada de nada.

¿Con qué te comprometes?
Con la honestidad, en el sentido de intentar conocerme lo mejor posible para, desde ahí, mirar al mundo, a las personas y a mí misma con pasión y humildad. Una humildad que hay que trabajar constantemente. Yo no pretendo abanderar movimientos, me siento muy pequeña y no tengo fuerzas para eso. Me conformo con mantenerme en la zona luminosa e intentar multiplicar la luz a mi alrededor mirando a los ojos y hablando de verdad a las personas.

El escenario es para ti…
El lugar donde canalizo mis emociones. Fuera soy más neurótica y no me sale bien. Sobre el escenario me conecto con el público, mis emociones se fusionan con las suyas, desaparecen las individualidades y se convierte en un acto comunitario que hace que no me sienta sola incluso cuando hago un monólogo. Es un proceso liberador, que me aligera y nutre. Es la magia del teatro, y ha llegado incluso a curarme contracturas.

En tus planes de futuro, ¿hay algún texto propio? 
Terminé Deseantes, y aunque tengo propuestas para montarla, es más fácil que sea una película pues son ocho personajes. Además, escribo la que me gustaría fuese mi primera incursión como directora: Paralelo 13.40, una historia de amor y ciencia ficción, a lo Romeo y Julieta, pasada por el tamiz del psicoanálisis. Pero mi próximo proyecto, si todo va bien, será un texto que tuvo mucho éxito en Londres y NYC, que voy a traducir y seguramente dirija Miguel del Arco conmigo como protagonista, y con el que, probablemente, abramos la temporada 2020-2021 de El Pavón Kamikaze.

¿Tienes en mente quién te gustaría que protagonizase Paralelo 13.40?
Podría ser Álex García, en el papel de ‘Él’; Ana Torrent, en el de la doctora; ‘Ella’ podría ser perfectamente Carolina Yuste, o Verónica Echegui; y ‘Otro’ es el personaje con el que tengo más dudas, pero podría ser Álvaro Cervantes o Martín Rivas.


Un ser de luz

Tiene la agenda cerrada hasta septiembre de 2020. Con Iphigenia María Hervás vuelve a cerrar temporada en El Pavón Kamikaze, y después se estrena en Mérida con Metamorfosis. Además, aún le quedan bolos de Jauría para este verano (incluso en Uruguay), y una extensísima gira por España.

Por si esto fuera poco, de junio a septiembre graba la segunda temporada de la serie El pueblo, para Amazon Prime, y se queda incomunicada en un pueblo abandonado de Soria junto al resto del equipo varios días a la semana. No tiene tiempo para el amor, y apenas para mudarse a su nueva casa, pero mantiene su sonrisa y sigue deteniendo la mirada en lo que le rodea, en un intento por ser luz para cuantos se cruzan en su camino.  



  • IPHIGENIA EN VALLECAS
  • El Pavón Teatro KamikazeC/ Embajadores, 9
  • HORARIOS: Jueves y viernes, 22:30h. Sábados, 21:30h. Domingos, 18:00h.
  • FECHAS: Del 4 al 26 de julio de 2019
  • PRECIOS: 16€ 
  • DURACIÓN: 1 hora 25 minutos


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