• La Gran Manzana iba a ser el próximo destino de María Adánez, pero el estado de alarma la mantiene confinada en su casa de Madrid leyendo y cuidando de su primera mascota.


Preparando las maletas para marcharse una temporada a Nueva York. Así es como esta pandemia, que ha provocado el cierre de fronteras, ha pillado a la actriz madrileña, que se embarcaba “en una aventura personal” que la iba a llevar a instalarse al otro lado del Atlántico junto a su pareja, el neurólogo Ignacio Hernández Medrano, ganador de uno de los últimos Premios Princesa de Gerona por su empresa Savana.

De momento, esos planes tendrán que esperar. Así que, sin perder la sonrisa, María Adánez emplea toda su “energía” en limpiar la casa (“nunca ha estado más limpia”, asegura) y en cuidar de su “primera mascota”: una gatita de seis meses, a la que ha llamado Mari Gaila, en recuerdo de su último papel sobre el escenario, como protagonista del montaje de Divinas palabras de Valle-Inclán dirigido por José Carlos Plaza, que estuvo representando hasta el pasado 19 de enero en el Teatro María Guerrero de Madrid.

“La peque de tres hermanas” con las que se lleva años de diferencia, de niña acostumbraba a pasar horas jugando sola en su habitación, así que dice llevar “bien” el encierro, aunque bromea con que alguna vez, bajando a la compra, le han dado ganas de “echar a correr hasta que me detuvieran”.

Entre sus rutinas de confinamiento, se ha propuesto “leer un libro cada semana” y “viajar por el mundo” a través de las páginas de “las grandes novelas del siglo XX”. A ello se dedica desde las 16:30h. hasta el aplauso.

#YoMeQuedoEnCasa-maria-adanez
Mari Gaila, la minina por la que se ha convertido en “madre gatuna primeriza”.

Comenzó con el realismo mágico colombiano a través de la edición ilustrada de Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez; siguió paseando por el Madrid de Galdós con Fortunata y Jacinta, y por los verdes paisajes británicos de las Cumbres borrascosas de Emily Brontë; y se ha perdido en las calles de Río de Janeiro con Mi planta de naranja lima, una historia de José Mauro de Vasconcelos que le habían recomendado con insistencia sus amigos portugueses.

Además, de esas tardes de lectura también recomienda dos títulos que cree pueden “ayudar en estos duros y extraños momentos”: Ensayo sobre la ceguera, de Saramago, “para entender un poco más lo que es el miedo y por qué hace surgir lo mejor y lo peor del ser humano”; y El hombre en busca de sentido, donde el psiquiatra Viktor Frankl narra su experiencia como prisionero en un campo de concentración, ofreciendo un mensaje de esperanza: que “la libertad interior y la dignidad humana son indestructibles”.

Y tras la cena, llega el momento de disfrutar en pareja de una buena película, de algún capítulo de una serie, o ver un documental. Se confiesa “superfan” de La casa de papel, que ya ha completado hasta la cuarta temporada. También han visto La línea invisible, y eso les “ha llevado a los documentales de Jon Sistiaga sobre ETA”. Y ahora quieren “meterle el diente” a Hierro, con Candela Peña.

En cine, han visto la francesa Los miserables, de Ladj Ly; y la española Si yo fuera rico, con su “gran amigo” Álex García.

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