Luppi da vida a un genocida
de la dictadura argentina

El reportaje

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“Estoy condenado a envejecer y derrumbarme en algún lugar donde el teatro tenga cabida”

Lo de “jugar a ser otros” forma parte de la vida de este decano de la escena desde hace cincuenta años. Con más de un centenar de películas a sus espaldas e incontables montajes teatrales, este argentino enamorado de España –país del que también tiene la nacionalidad–, llega a los Teatros del Canal enfundado en un traje militar, y acompañado de su esposa, la actriz española Susana Hornos, para protagonizar El reportaje, una función sobre la represión durante la dictadura argentina.

El genocida

¿Qué es El reportaje?
Es la historia de un general genocida, preso por delitos de lesa humanidad, al que una periodista española quiere entrevistar. El encuentro transcurre bien, en términos educados y formales, hasta que el entrevistado intenta justificar las atrocidades y desmanes cometidos, dándoles un carácter salvador y patriótico. Pero las contradicciones se lo van comiendo; y, a través del humor, su parlamento deja al descubierto la estructura mental de estos individuos, que intentaban medrar por encima de la defensa cívica del país.

¿De qué desmanes y atrocidades hablamos?
Lo que lleva a la periodista a querer entrevistarle, fundamentalmente tiene que ver con su participación en el incendio del Teatro Picadero y de dos editoriales de la Universidad de Buenos Aires, pero también se habla de otras intervenciones de las fuerzas armadas argentinas, como secuestros y asesinatos de opositores. Aunque este general, como todos ellos, tiene miles de argumentos para justificar lo injustificable, como matar niños y mujeres embarazadas, arrojar personas al mar…

En un momento de El reportaje. ©Augusto Starita

Esos hechos forman parte de la historia de su país, ¿hace más difícil acercarse al personaje?
En mi caso, no, porque hace años que vengo sufriendo los oprobios y canalladas de las fuerzas armadas. Desde mi adolescencia, sólo recuerdo una permanente carrera de golpes de estado. De hecho, yo debería haber votado en Argentina una vez cada seis años, pero entre golpes militares, asonadas y cuartelazos, creo que he llegado a hacerlo 2 ó 3 veces en toda mi vida.

Entonces, ¿qué le supone ponerse un uniforme y meterse en la piel de un militar argentino?
Es una suerte de reivindicación de mi capacidad actoral, porque el uniforme militar siempre ha representado para mí algo recalcitrantemente rechazable, pues evoca el oprobio, el guantazo, la injusticia. Nunca he sentido ninguna simpatía por las fuerzas armadas, nunca he podido ir a un desfile, ni verlo por televisión. Pero con todo el rechazo que siento por ellos, me alegro de poder hacer esta función, porque me parece muy bien representar individuos que han sido lesivos para el crecimiento del país, para difundir los horrores que esta gente ha cometido.

Lleva décadas dedicado a esta profesión, ¿qué le ha dado y qué le ha quitado esta vida?
Me ha dado la clara convicción de no haber vendido mercadería barata: he podido defender aquello en lo que creo. En cuanto a lo que me ha quitado, todo el mundo sabe que el trabajo de actor es cambiante, estamos casados con la inseguridad… Pese a todo, creo que representar a otros es muy estimulante, te obliga a buscarte a ti mismo de manera incesante; siendo otro conservas mejor tu propia naturaleza, y esa búsqueda te ayuda a ser mejor persona.

En otras ocasiones se ha dirigido a sí mismo. Desde una óptica crítica, ¿qué diría el Luppi director del Luppi actor, y viceversa?
Me he autodirigido un par de veces obligado por la falta de recursos, pero eso implica mucho rigor, y me vuelve más exigente con mi yo actor, para no caer en el pecado de la autoindulgencia. Creo que el actor necesita quien le dirija, le corrija y le guíe. Necesita la visión de otra persona que armonice al conjunto.

¿Piensa en la jubilación?
Sueño con terminar mis días en un lugar bucólico y solitario, porque no me manejo bien en la ciudad, no es mi hábitat natural. Pero creo que va a ser muy difícil materializarlo, porque el teatro se hace en las grandes ciudades, y yo estoy llamado a existir sobre un escenario. Así que estoy condenado a envejecer y, seguramente, a derrumbarme un día en algún lugar donde el teatro tenga cabida.

¿Qué cosas le preocupan?
La acritud con la que los dirigentes políticos se burlan de las aspiraciones populares; los continuos desahucios; los recortes que sufrimos en la cultura… Y me preocupa porque no tengo demasiadas herramientas a mi alcance para luchar contra ello.


La naturaleza de un actor

Inició su viaje vital un 23 de febrero de 1936, en Ramallo, un pueblecito agrario del norte de la provincia de Buenos Aires. Procedente de una modesta familia de ascendencia italiana, cuenta que su primera gran pasión fue el dibujo, pero la actuación llegó a su vida y la cambió para siempre. “En la capital me enredé con gente de teatro, y dejé atrás aquella vocación”, que ahora denomina “mi segunda naturaleza”, y por la que aún sigue mostrando interés, fijándose “en los grandes maestros que hubo y sigue habiendo”. Por eso habla de “gran tragedia para el arte” al referirse a los dibujantes asesinados en Charlie Hebdo.

La primera obra que hizo fue Ha llegado un inspector, de Priestley, en 1958, y su primera película fue Pajarito Gómez (1965); pero su consagración cinematográfica llegó con El romance de Aniceto y la Francisca (1967). Aunque antes de conocer el éxito como actor pasó por diversos trabajos; entre otros, fue viajante de comercio, estuvo en un taller de cromados, y fue empleado del Ministerio de Educación.

Tras cinco décadas actuando, Luppi es el actor argentino con más premios Cóndor de Plata al mejor intérprete, con un total de seis; y entre otros numerosos galardones cuenta también con una Concha de Plata del Festival de Cine de San Sebastián.



  • EL REPORTAJE

  • Teatros del Canal: Cea Bermúdez, 1
  • HORARIOS: Miércoles a sábado, 22:00h. Domingos, 18:00h.
  • FECHAS: Del 11 al 22 de febrero de 2015
  • PRECIOS: De 12,90€ a 18


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