• Natalia Menéndez dirige Mi niña, niña mía, un texto escrito a cuatro manos por la mexicana Amaranta Osorio y la madrileña Itziar Pascual, que habla del Holocausto y la fuerza de las mujeres.


“Te debo mi infancia (…) En las difíciles circunstancias existentes creaste grandes momentos para los niños”. Así le agradecía una superviviente del campo de concentración de Terezin a la actriz Vava Schoenova que hiciese teatro con ellos en medio de aquel horror.

Esa frase fue la que inspiró a Pascual y Osorio (maestra y alumna) para escribir su primera obra conjunta. Una obra “luminosa”, que “atrapó emocionalmente” a Menéndez cuando la leyó, hasta el punto de “querer dirigirla”.

Goizalde Núñez en el campo de Terezin. ©Antonio Castro
mujeres de luz

Goizalde Núñez y Ángela Cremonte dan vida en el escenario a las dos mujeres protagonistas, que –según la directora– “son como el ying y el yang”.

La de Goizalde es “creyente, generosa, imaginativa, creadora, observadora y emotiva”; mientras que la de Ángela es “torpe, curiosa, trabajadora y prefiere los animales a las personas”. La primera, inspirada en Vava Schoenova, es una actriz judía deportada a Terezin por los nazis, donde hace teatro con los niños. Y la segunda es una entomóloga que estudia el comportamiento de las luciérnagas.

Ángela Cremonte en su insectario. ©Antonio Castro

En el montaje, la escenografía conecta el mundo del campo de concentración con el insectario, mientras las historias caminan en paralelo en dos épocas diferentes, hasta que las vidas de ambas mujeres se cruzan en Praga.

Con un “humor liberador”, pero sin olvidar “la crítica y la denuncia”, la función pretende “emocionar” y demostrar que “el cambio de los seres humanos es posible cuando razón y corazón trabajan en equipo”, apuntan las autoras.


La gran mentira de la propaganda nazi

El campo de concentración checoslovaco de Terezin, ubicado a menos de 70 kilómetros de Praga, se convirtió en el mayor escaparate de la falsa imagen de bondad hacia los judíos que el Führer quería vender al resto de Europa.

Haciéndolo pasar por una “ciudad de vacaciones” localizada en un entorno idílico cerca de las montañas de Bohemia, Hitler lo inauguró en 1941, como un balneario donde los judíos podían olvidarse de las persecuciones y el horror de la guerra. Tal era la fama que se dio a este campo de concentración entre la población que, cuando los judíos hacían el viaje hasta allí, se vestían con sus mejores galas. Sin embargo, al llegar empezaba su pesadilla.

A Terezin llevaron a los ilustrados judíos más destacados de su época, como los compositores Hans Krasa, Gideon Klein o Viktor Ullmann, entre otros muchos artistas de distintas disciplinas, que se esforzaron por componer, preparar funciones con los más pequeños y ayudarles a que dejaran volar su imaginación dibujando con un único objetivo: mantenerles alejados de aquel horror y demostrar que del dolor es posible crear algo hermoso.

Así, esta antigua fortaleza construida por el emperador checo José II en el siglo XVIII, se convirtió en un centro neurálgico de la cultura judía.

UNA PANTOMIMA CONVINCENTE
En 1943, y ante la insistencia de algunas organizaciones humanitarias y gobiernos, que se preguntaban qué estaba sucediendo con los miles de judíos que desaparecían día tras día en los campos de concentración, los alemanes permitieron que una comitiva de la Cruz Roja visitara Terezin, su “campo modelo”, no sin antes realizar una “labor de embellecimiento”, que consistió en deportar a los judíos más demacrados, colocar bancos en las calles, plantar flores, construir un parque para los niños, un quiosco de música y un tiovivo, y fijar carteles falsos en algunos barracones en los que podía leerse “colegio” o “biblioteca”, además de obligar a los que allí estaban a fingir una vida feliz muy alejada de su realidad cotidiana. Sin embargo, la falacia engañó a la Cruz Roja.

Las falsas imágenes que se grabaron para convencer a la comitiva internacional, así como muchas de las composiciones musicales que se crearon en Terezin han sido incluidas en la pieza que dirige Natalia Menéndez.



  • MI NIÑA, NIÑA MÍA
  • Teatro Español: C/ Príncipe, 25
  • HORARIOS: Martes a sábado, 20:30h. Domingos, 19:30h.
  • FECHAS: Del 6 de marzo al 7 de abril de 2019
  • PRECIOS: De 13,50€ a 18
  • DURACIÓN: 90 minutos


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