• La Comunidad de Madrid vuelca sus escenarios en la infancia con una nueva edición de Teatralia, que este año visitará 36 municipios de la región entre el 6 y el 29 de marzo.


Ya son 24 ediciones rastreando el planeta de norte a sur y de este a oeste en busca de “la mejor creación escénica” destinada a los niños de entre 0 y 14 años. El público “más exigente”, a juicio de Lola Lara, directora de este festival, que este año reúne 30 espectáculos, provenientes de diversos países de tres continentes: Europa, América y Oceanía.

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El teatro, la danza, el circo, las sombras, los títeres, la música, el clown, la videoescena… Todo sirve para conseguir que estos pequeños espectadores disfruten, mientras acumulan “vivencias que perduren en el recuerdo”.

Así lo esperan los organizadores de Teatralia, que han buscado espectáculos que abordan muchos de los desafíos actuales, como la migración y los refugiados, la diversidad, la enfermedad, el acoso escolar o los mayores.

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«Globe Story», de El Perro Azul, rinde homenaje al cine mudo. ©Raquel Fernández

Pensando en esos abuelos que se han convertido en una parte indispensable de la vida de los niños, El Patio Teatro les rinde homenaje en Conservando memoria; mientras que It’s dark outside (Afuera está oscuro), de los australianos The Last Great Hunt, reflexiona sobre el alzheimer; y Mr. Train, de Trukitrek, hace lo propio con la soledad.

Baobab. Un árbol, una seta, una ardilla, de La Pera Llimonera; Clown sin tierra, de Petit Teatro; y Refugi, de Clownidoscopio Teatre, hablan de aquellas personas obligadas a abandonar sus hogares por culpa de la guerra o la miseria.

Pescador, de los chilenos Silencio Blanco, es una mirada poética sobre las consecuencias de la industrialización. Y la francesa Frusques (Trapos), de Act2 Compagnie Catherine Dreyfus, es un canto a la diversidad y a la riqueza de la diferencia.

Contra el acoso escolar, incluso en las redes sociales, se levanta la veterana Larumbe Danza en su versión de El lago de los cisnes. Y los los títeres de los belgas Une Tribu Collectif se estrenan en el festival interpelándonos sobre el lugar que ocupa la competición y el ansia de victorias en nuestras vidas con La course (La carrera).

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La perrita astronauta Laika es la protagonista del montaje de Xirriquiteula Teatre. ©Mireia Cardus

No faltan clásicos renovados, como el Romeo y Julieta de los daneses Mishmash International Theatre Company, que en 40 minutos resumen la famosa obra de Shakespeare entre acrobacias, mímica y clown. O el mito griego de Orfeo y Eurídice, que La Canica Teatro sirve al público infantil envuelto en un buen puñado de recursos escénicos, desde los títeres, a las sombras o el teatro de objetos.

Además, los alemanes Theater Mummpitz han convertido un cuento de Chéjov, Kaschtanka, en un espectáculo musical sobre una perra perdida que acaba trabajando en un circo. Y otra famosa perrita, la astronauta de cuatro patas Laika, revive en el escenario gracias a Xirriquiteula Teatre.

Los universos creativos de pintores como Pablo Picasso y Joan Miró transformarán el escenario en Acróbata y Arlequín, de La Maquiné, y MiraMiró, de la compañía Baal, respectivamente. La música clásica se mezclará con la pasión por la comida en Rossini en la cocina, de La Tartana. Y el jazz de Miles Davis sonará en Thelonious, de los belgas Zonzo Compagnie.

Los equlibrios imposibles llegan de la mano del creador francés Yoann Bourgeois y su Celui qui tombe (El cielo que cae). Los riojanos El Perro Azul rinden tributo al cine mudo en Globe Story. Y los bebés despertarán todos sus sentidos en El jardín de las mentes despiertas (The garden of spirited minds) de la artista serbio-sueca Dalija Acin Thelander; en la instalación de los polacos Nowy Teatr; con la coreografía aérea de los canadienses La Marche du Crabe en Le mobile; o con las nanas y danzas de los noruegos Dybwikdans en Lulla.

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«Lulla», de Dybwikdans. ©Tale Hendnes

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