Leo Harlem

Hasta aquí hemos 'llegao'

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“El humor debería recetarse
por la Seguridad Social”

Le ha sacado punta a las fiestas populares, a la cocina moderna, a las redes sociales, a los personal trainers, y hasta a la decoración de los bares. Y se ha convertido en el profesor de economía más divertido, para enseñarnos qué es eso del estrés de los bancos, descifrarnos los enigmas de las tarjetas opacas, o contarnos que “Europa es una comunidad de vecinos donde manda Angelita”. Ahora se sube a un avión junto a sus amigos Sinacio y Sergio Olalla en su nuevo espectáculo Hasta aquí hemos ‘llegao’.

Un divertido viaje

¿Qué es Hasta aquí hemos ‘llegao’: un “aquí me planto”, o un repaso a estos años?
Ni lo uno, ni lo otro. Entre Sinacio, Sergio Olalla y yo hemos creado un espectáculo que tiene mucho que ver con los ‘bolos’ que hacemos los monologuistas. Hay momentos individuales, que forman parte de nuestros distintos viajes, y nos juntamos después en el hotel, donde se producen divertidas escenas conjuntas.
Yo tengo cuatro monólogos. Siempre hago uno sobre la ciudad en la que estamos, así que en Madrid hablo de la cultura de la prisa, de los problemas de aparcamiento… Otro lo dedico a la domótica, a cómo desde el móvil la gente controla su casa; también hablo del GPS y de la incapacidad de viajar sin llevar una maquinita que nos vaya indicando; y tengo otro sobre la hiperactividad que se ha adueñado de adultos y niños.
Sinacio, por su parte, habla de la mujer; de comprar en Ikea; hace una historia de la vida al revés… Y Sergio hace lo propio con los viajes y sus problemas en la vida para adaptarse.

Con sus compañeros Sergio Olalla y Sinacio.

¿Qué convierte una situación cotidiana en tema de monólogo?
Yo soy muy campechano e intento buscar la comicidad en las modas y tendencias que van variando con los años. Me gusta dar leña, por ejemplo, a la reciente fijación por los gin-tonic raros; a la pasión por el mundo tecnológico; a las escapadas contrarreloj de fin de semana a otro país para decir ‘ahí he estado yo’… Pero no me siento cómodo metiéndome en temas políticos, ni en la típica dialéctica hombre-mujer.

¿Eres de los que se ríen de todo?
Yo me río mucho, me río hasta de mi sombra, pero también tengo muy mala leche, y es en esos momentos cuando más gracioso me pongo, porque los calentones me activan el cerebro. Yo me activo con los calentones (ojo, no con los cuarentones).

¿Tu cerebro tiene activado siempre el ‘chip ’de monologuista?
No me obsesiono, no voy tomando notas ni llevo grabadora encima. Elijo un tema, y me pongo a escribir, y las cosas van surgiendo poco a poco.

Sin ‘conejillo de indias’

¿Cómo testeas un nuevo monólogo?
Normalmente, salgo un poco a las bravas. Aunque tenga las ideas muy claras, lo escribo todo al final. Y es que creo que si das muchas vueltas a un texto, acabas aborreciéndolo. A mí me gusta algo más natural, más fresco, y tengo la suerte de llegar con facilidad a la gente, por eso no le doy muchas vueltas, improviso a menudo, y no tengo a nadie para testar. Y por eso tampoco me gusta verme grabado, porque empezaría a sacarme defectos y no pararía.

¿Y te ha pasado alguna vez que algo no funcionase?
Una vez, en un ‘bolo’, vi en el público a un señor que no se reía nada. Todos los demás estaban partiéndose el pico, y él, impasible. Y al final descubrí que era yugoslavo, no entendía el castellano, y no se estaba enterando de nada…

¿Te atreverías con un papel dramático?
Por qué no probarlo. En España tenemos muchos ejemplos de actores cómicos que se han pasado al drama con gran éxito, como José Luis López Vázquez, el crack de Alfredo Landa, o el mismo Andrés Pajares, que se llevó el Goya por Ay, Carmela. De hecho, Enrique Urbizu (No habrá paz para los malvados), me dijo un día, no sé si en broma, que me veía con una navaja preparándola parda, y le dije: ‘yo te preparo la que quieras’. Aunque, de momento, en cine sólo he hecho un pequeño cameo con Chiquito de la Calzada en Torrente 5, donde interpretaba a un vigilante jurado.

¿El humor es la mejor medicina para curar cualquier mal?
Sí, el público así nos lo hace saber. Los psicólogos deberían estudiar por qué la gente se siente mejor después de haber disfrutado de un espectáculo de humor para recetarlo por la Seguridad Social.

¿Tienes alguna manía antes de salir a escena?
Siempre llevo dinero (billetes) en el bolsillo delantero izquierdo. Porque los llevaba la primera vez que actué y me fue bien, y se ha convertido en una especie de superstición.


Humor en el ADN

Cuando Leo Harlem se subió a un escenario por primera vez, “no tenía ni idea de que acabaría llenando teatros”, pero su vis cómica ya asomaba con fuerza cuando Leonardo González Féliz (que así es como realmente se llama Leo Harlem) trabajaba de panadero o barman, dos profesiones a las que ha dedicado gran parte de su vida.

Natural de El Bierzo (Matarrosa de Sil, León, 1962), Leo debe su nombre artístico al local donde trabajaba en Valladolid: el Harlem Café. “La asociación de un nombre con algo americano siempre ha funcionado; ahí están Quique San Francisco, el Gran Wyoming y, ahora, Leo Harlem”, dice.

Mientras que el empujón para convertirse en lo que hoy es se lo dio el dueño de otro bar, La Salamandra, que le preparó una actuación sorpresa en su local, que más tarde envió al III Certamen de Monólogos de El Club de la Comedia, donde quedó finalista. Y ahí empezó todo.

En su nuevo espectáculo comparte escenario con Sinacio y Sergio Olalla, aunque no es la primera vez que Harlem trabaja con estos compañeros. Además de coincidir en distintos eventos, actuaron juntos en Leo Harlem y amigos, y con Sinacio ha colaborado en sus dos anteriores shows: ¿Qué hay de nuevo? y #Trendingtronching.


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