• Laila Ripoll se ha dejado la piel reorganizando durante el confinamiento su primera temporada teatral al frente del Fernán Gómez. En ella, ha apostado por los derechos humanos, la autoría española contemporánea, la presencia femenina, y el homenaje a Galdós.


Prácticamente acababa de aterrizar en el teatro público madrileño de la Plaza de Colón para hacerse cargo de la dirección escénica, pero le había dado tiempo a dar forma a la temporada teatral 2020-2021. Sin embargo, “todo se desbarató” con la pandemia y la dramaturga y directora no ha tenido tiempo de “comerse la cabeza”.

“Tenía que tirar pa’lante, no podía paralizarme ni quedarme parada, porque había mucha gente que dependía de mí”, explica.

Y es que durante la cuarentena Laila Ripoll ha tenido que “conciliar las tareas de un hijo en edad escolar” que demandaba su ayuda, con la cocina, las clases a sus alumnos de la Resad, y sus labores como productora de la compañía Micomicón, que de un día para otro se quedó sin la gira de Vidas enterradas, su último montaje. Unos ingredientes que, junto al “encaje de bolillos” que ha supuesto cuadrar una nueva programación para las salas municipales, convirtieron su día a día en “jornadas que acababan a la 1 de la madrugada”, y en las que ha tenido que acostumbrarse “al mundo Skype, Zoom y Jitsi”.

Frutos de la cuarentena

No obstante, “a nivel dramatúrgico el confinamiento ha dado para mucho”, y está terminando de escribir con Mariano Llorente (la otra mitad de Micomicón) el espectáculo que cerrará la trilogía iniciada con El triángulo azul y Donde el bosque se espesa. Ha escrito “una versión de una novela de Rosa Montero, que Alberto Castrillo-Ferrer dirigirá a principios de 2021”, y en octubre la compañía canaria Unahoramenos estrenará en Las Palmas su texto Un Nobel para Galdós.

El esfuerzo realizado con su equipo del Fernán Gómez también ha dado sus frutos, y el teatro volverá a subir el telón el próximo octubre, tras un verano en el que el Ayuntamiento le dará “un lavado de cara”, y con una “temporada extraña”, por el “miedo a un rebrote”, y sin saber aún el aforo que podrán tener. Pero con una idea clara: “ser un lugar para el reencuentro, la esperanza y el homenaje”.

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En un ensayo de «Una humilde propuesta», con su compañía Micomicón. ©David Ruiz

“La autoría española contemporánea y la gran presencia femenina” son el “soporte principal” de una programación en la que Ripoll ha intentado “barrer para casa”, dando espacio a más compañías madrileñas.

Dos premios nacionales de teatro como Lola Blasco e Itziar Pascual, y uno de danza como Carmen Werner, son algunos de los grandes nombres de una temporada teatral que incluye a Denise Despeyroux, Fernando Cayo, Marisa Paredes, Carlos Hipólito, Irma Correa, Álvaro Tato, o Marta Buchaca, entre otros.

Una temporada que tendrá un ciclo de teatro y derechos humanos, que, desde el escenario abordará temas como el abuso infantil, el feminicidio, el racismo o la homofobia. Y otro dedicado a Galdós (Desembarco Galdós). Y en el que habrá tiempo para los títeres, el teatro para bebés, el circo de sala y la música, aunque “no se ha podido reubicar todo” lo que dejó fuera la parálisis nacional por el virus, pero que ha supuesto un arduo trabajo.

Lista de deseos

Ahora llega el momento de mirar al futuro, donde, en lo personal, Laila Ripoll sólo desea “abrazar” a sus padres “sin mascarillas de por medio” y, mirando al mar, deshacerse de la “pesada sensación de encierro” que la acompaña después de estos meses.

¡Ah! Se quedó con “muchas ganas” de ver Traición, de Pinter, en versión de Pablo Remón, que sólo pudo estar dos días en El Pavón Kamikaze. Así que está deseando que el montaje protagonizado por Irene Arcos, Raúl Arévalo y Miki Esparbé y dirigido por Israel Elejalde vuelva a los escenarios. Como espera poder disfrutar del montaje de Las criadas que Luis Luque ensayaba con Jorge Calvo, María Pujalte y Ana Torrent cuando estalló la crisis.


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