La pasión obsesiva de Victoria Vera en la piel de Salomé

Salomé

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Posando para promocionar "Salomé". ©Cesar Lucas Abreu

“Que sigamos con el discurso de rojos y azules, derechas e izquierdas, es tan antiguo, decadente y sectario, que no lo soporto”

Veterana curtida en mil batallas desde que despuntara como “musa de la Transición”, la actriz Victoria Vera se cubre con la sensualidad oriental de los velos para interpretar a Salomé, la princesa judía del Nuevo Testamento, que inspiró a Oscar Wilde una obra con su nombre, en la que destacan el amor, la lujuria, el incesto y el asesinato, y que Jaime Chávarri sube a las tablas del Teatro Fernán Gómez por 30 únicas funciones.

Una mística enamorada

¿De quién parte la idea de montar esta Salomé de Wilde?
Fue idea mía. Surgió como una pieza histórica para estrenar en Mérida, pero aquello no fraguó porque no había buena sintonía entre quien por entonces era el productor y el director del teatro romano. Sin embargo, yo seguí empeñada en la idea, porque creo que ésta es una de las grandes obras que hay que hacer. Así que, después de una larga travesía por el desierto, de que el productor desapareciese cuando la compañía ya estaba formada, decidí dar un paso al frente y lanzarme a la aventura de producir, para que el proyecto no muriera sin siquiera haber visto la luz.

Háblame de la función.
Jaime Chávarri ha hecho una versión muy respetuosa con la obra de Wilde en la letra y el espíritu. Ha creado una Salomé que se aleja de la lascivia y la lujuria que siempre le han achacado, porque Wilde defendía una figura más mística, “una Santa Teresa que rinde culto a la luna”, decía él. Y yo he intentado acercarme a esa Salomé que imaginaba. Una mujer enamoradísima de San Juan, un hombre que la emociona y que, al rechazarla, sufrirá las trágicas consecuencias de su despecho.

En una escena de la función. ©Antonio Castro

¿Cómo te sientes en su piel?
Muy bien, me gustan los personajes contradictorios que viven una lucha interior. Puedo entender lo que mueve a Salomé. Más que una princesa caprichosa, mimada y amoral, ella es víctima de una familia disfuncional, con una madre lasciva que se ha casado con su cuñado, un padrastro que, además de ser su tío y el asesino de su padre, le promete lo que quiera con tal de verla bailando desnuda. Así que, imagínate el lío mental que tiene esta mujer…

¿Cómo preparas los personajes?
Para mí, actuar es vivir un personaje, por eso necesito que al leer un guión me llegue; es algo visceral, instintivo. Luego comienza el estudio del papel. Yo estoy acostumbrada a emplear el Método Stanislavski, que me sirve como la barra de ballet a un bailarín clásico, o la escala a un músico. Me da disciplina, rigor, y me ayuda muchísimo a componer un personaje.

¿Qué aconsejarías a los que empiezan en la profesión?
Que se llenen de paciencia, se preparen todo lo que puedan, y tengan claro si quieren trabajar delante de una cámara o en un escenario. Porque España no es como Inglaterra, donde todas las estrellas del teatro hacen cine. Yo me pregunto qué sería de Helen Mirren, Maggie Smith, Judi Dench, Anthony Hopkins y otros muchos si hubieran nacido en nuestro país, donde los grandes de la escena española son también los grandes olvidados del cine. Y eso es parte del problema que tiene esta industria.

Si no hubieses podido dedicarte a la danza o la interpretación, ¿qué camino hubieses tomado?
Seguramente, me habría dedicado a escribir, o a la dirección, algo que quiero hacer en unos años. Siempre he escrito para desahogarme, y no descarto en un futuro escribir un libro sobre la Transición, unos años que he vivido en primera línea. Por eso me pone de muy mal humor que ahora se quiera denostar un momento histórico tan extraordinario, y que sigamos con el discurso de rojos y azules, derechas e izquierdas. Es tan antiguo, decadente y sectario, que no lo soporto.


Salomanía y rebeldía

©César Lucas Abreu

Oscar Wilde convirtió una antigua historia bíblica, la ejecución de Juan el Bautista, en Salomé, una tragedia en un acto que pone el énfasis en la pasión de esta princesa judía del siglo I por San Juan. Una pasión que le lleva a pedir la cabeza de El Bautista cuando éste la rechaza. Fue escrita en francés en 1892 para ser estrenada por Sarah Bernhardt en el Palace Theatre de Londres, pero fue censurada “por figurar personajes bíblicos en la obra”, y no llegó a estrenarse hasta 1896, en París, y con Wilde encarcelado y absolutamente solo después de haber pasado por un entramado de juicios al que la puritana sociedad inglesa del momento le condenó como chivo expiatorio por su homosexualidad. Sin embargo, su obra desató una moda que se ha denominado «salomanía”, explica Victoria Vera.

Ella, una mujer luchadora y rebelde, quería ser bailarina clásica y comenzó a estudiar ballet con tan sólo cuatro años, pero una peritonitis le complicó su futuro en la danza, y fueron sus padres los que le propusieron apostar por la interpretación. Eligió ‘Vera’ como apellido artístico en alusión a la localidad navarra que frecuentaba de niña: Vera de Bidasoa, y comenzó su carrera profesional en los últimos años del Franquismo.

Fiel a la libertad e independencia que cree debe abanderar un artista, se rebeló contra la censura desprendiéndose del imperdible que sujetaba la túnica sobre su escote en una obra de Antonio Gala y quedándose desnuda. Y protagonizó el primer desnudo televisivo en Cañas y barro. Ahora se enfrenta a un personaje mítico, Salomé, y a su sugestivo baile de los 7 velos, que ha coreografiado para ella el reputado Ricardo Cué.



  • SALOMÉ
  • Teatro Fernán-Gómez: Plaza de Colón, S/N
  • HORARIOS: Martes a sábado, 20:00h. Domingos, 19:00h. 
  • FECHAS: Del 3 de marzo al 3 de abril de 2016
  • PRECIOS: De 16€ a 19


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