La mala suerte no existe

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El escenario es desagradecido. Después de ensayar durante semanas una obra, resulta que un color o una flor pueden dejarte plantado en mitad de las tablas con un palmo de narices. Molière escogió un outfit limón y cayó fulminado. A partir de entonces, el amarillo quedó desterrado. En vez de eso, se podrían haber fijado en otros rasgos definitorios del cómico, lo que podría haber llevado a prohibir el pelucón de rizo fosco o el bigote de lápiz bien poblado.

Del mismo modo, el ERE en el siglo XIX no llegaba a través de un burofax, sino en forma de ramo de claveles. Las actrices que recibían rosas, en cambio, renovaban temporada y respiraban aliviadas por el pago de sus facturas. Por lo menos, los magnates eran sutiles y no engarzaban los odiosos claveles en una corona con una banda en la que se leyera ‘Tu público no te olvida’.

Éstas y otras supersticiones, fruto de chismes de escalera o de jefes cobardicas, todavía perviven en la escena actual. Pero más allá de los lugares comunes más recurrentes, hay actores consolidados que hacen gala de todo un catálogo de costumbres irracionales que haría retorcerse en el suelo de la risa a cualquier entrepreneur de la escena. Quizá sea la falta de presión ante un público menos exigente, que no se va a llevar las manos a la cabeza ante una mente en blanco o una lengua trabada.

La mala suerte no existe. Del mismo modo que sabemos que al autor de El enfermo imaginario lo mató una hemoptisis masiva y que los claveles no tienen dientes, sabemos que al teatro lo matan los empresarios marrulleros, el IVA al 21% y las subvenciones que tardan en llegar más que Odiseo a Ítaca. Vamos a dejar de convertir a los fantasmas de la dramaturgia en la cabeza de turco del abandono de un sueño del que cada vez es más difícil vivir.

Las dificultades reales tienen uñas afiladas. Si las alargadas sombras ya llevan tiempo acechando a las grandes producciones, mejor ni hablar de los monstruos que condenan a bolos escasos y mal pagados a los montajes más modestos. Desde este blog, se pondrá el acento en aquellos que son inaccesibles al desaliento. Entusiastas que no se rinden y que quieren sorprender desde las oscuras entrañas del off teatral. A todas esas promesas del mañana se las diseccionará en este rincón. ¡Pónganse cómodos!

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