Juan José Campanella
le coge el gusto al teatro

Dirige "Parque Lezama"

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©Antonio Castro

“El humor es el mejor instrumento para enfrentarnos a las cosas; baja las defensas
para dejar espacio a la emoción”

Un Oscar, dos Goya, una Medalla del Círculo de Escritores Cinematográficos y otra veintena de premios más avalan la carrera de este prestigioso director de cine y televisión argentino, que suele desarrollar sus propios guiones, y que ahora le ha cogido el gusto al teatro. 

Hace seis años se estrenó en los escenarios dirigiendo Parque Lezama, con la que ahora aterriza en Madrid; tiene en cartel en Argentina una nueva obra que pronto dirigirá en nuestro país; y ha volcado toda su ilusión en la construcción de un teatro en Buenos Aires con más de 700 localidades.

nuevo horizonte

¿Qué le ha cautivado del teatro?
Tras vivir tres años rodeado de tecnología para hacer la película de animación Metegol (en España, Futbolín), necesitaba volver a lo básico de mi trabajo: la relación con los actores y el texto. Y con Parque Lezama he descubierto que me gusta dirigir teatro, porque cada función es diferente, está viva, y la complicidad del actor con el público genera un ambiente maravilloso, algo que el cine o la televisión no pueden ofrecer. Habré visto 400 de las más de 800 funciones que tuvo en Buenos Aires, mientras que mis películas las debo haber visto, sin contar el montaje, entre 10 y 15 veces.

EL ÉXITO DE LA HUMANIDAD
Dice que filma “poco”. “En 20 años hice solamente seis películas”, asegura. Sin embargo, desde que en 1979 estrenara su primer mediometraje, Prioridad nacional, donde también actuaba, los reconocimientos y premios nacionales e internacionales se han ido acumulando en sus estanterías, ha ocupado el cargo de director de la Academia de Cine argentina entre 2010 y 2016, y son muchas las conocidas series de televisión que ha dirigido, tanto en su tierra natal, como en Estados Unidos. Sin embargo, le gustaría ser recordado como “una buena persona, que ayudó a la gente con sus películas”, que espera sigan disfrutánse cuando él ya no esté aquí. De momento, este año ha estrenado la cinta El cuento de las comadrejas, tiene dos obras en cartel (una en Buenos Aires y otra en Madrid) y está construyendo su propio teatro.

¿Y por qué estrenarse con un texto de Herb Gardner y no con uno propio?
Vi I’m not Rappaport (su título original) cuando era sólo un estudiante de cine en Nueva York, y comía salchichas todos los días para poder pagarme otra entrada y ver de nuevo una función que me arrancaba al mismo tiempo lágrimas de emoción y carcajadas. Esta obra ha influido en mi forma de hacer cine. Quise hacerla muchas veces, pero no conseguí que me dejasen adaptarla hasta que, gracias al Oscar por El secreto de sus ojos, logré hablar con la viuda del autor y explicarle lo que quería hacer, y aceptó.

¿Qué cambios ha introducido en la función?
No he querido cambiar el espíritu de la pieza, que en mi opinión habla del compromiso versus el conformismo. Básicamente podríamos decir que los protagonistas son como Quijote y Sancho Panza, pero sin el ingrediente de la locura. Yo sólo he trasladado la acción de Central Park al bonaerense Parque Lezama y he puesto al mismo nivel de protagonismo al personaje conformista, que encarna Eduardo Blanco.

¿Qué le llevó a ser cineasta?
Tuve la suerte de criarme en una época anterior al video, y así, con catorce años, disfruté de Cantando bajo la lluvia en cine, cuando en 1974 se estrenó una copia nueva en todo el mundo por el vigésimo aniversario. Quedé maravillado. La vi 25 veces en cinco semanas. Fue ahí cuando me compré un librito, que se llama Así se hace cine, de Tony Rose, que todavía tengo; le pedí a mis padres que me compraran una camarita de Super 8; y empecé a hacer mis cositas. Pero la decisión de dejarlo todo para dedicarme al cine llegó con All that jazz, de Bob Fosse. Había empezado a estudiar cine de noche, como hobby, mientras estudiaba Ingeniería, pero al verla decidí aparcarlo todo y dedicarme por entero al cine. Lo hablé en casa, y enseguida conseguí un trabajo de meritorio en una película argentina. 

¿Qué le inspira para crear?
Es muy aleatorio: puede ser una experiencia de vida, como en El hijo de la novia; una persona, como en El mismo amor, la misma lluvia; un lugar, como en Luna de Avellaneda; un libro, como en El secreto de sus ojos; o una película, como en El cuento de las comadrejas.

¿Y qué papel juega el humor en sus historias?
Es fundamental, no consigo hacer algo que no tenga humor. Hasta El secreto de sus ojos, que es quizá mi película más dramática, tiene mucho humor. Porque es el mejor instrumento para enfrentarnos a las cosas; baja todas las defensas para dejar espacio a la emoción. Tanto en la ficción como en la vida, cuanto más angustiante o descarnado sea un asunto, más necesario resulta el humor.

Sus próximos proyectos…
Estoy trabajando en algo para inaugurar nuestro Teatro Politeama, en julio de 2020. Y con mi mujer, Cecilia Monty, que además de escenógrafa y vestuarista es una genio como escritora, trabajo en otra obra de teatro. Además, Jesús Cimarro me ha ofrecido montar aquí ¿Qué hacemos con Walter?, un texto teatral que he coescrito con Emanuel Diez y ya estrené en Argentina.  


Luis Brandoni y Eduardo Blanco en una escena de «Parque Lezama». ©Christian Heit

Quijote y Sancho en versión argentina

Los actores argentinos Luis Brandoni y Eduardo Blanco son los “dos viejitos” protagonistas de Parque Lezama. 

Acompañados de los españoles Ana Belén Beas, Luz Cipriota, José Emilio Vera, Martín Gervasoni y Santiago Linari, encarnan a dos amigos con ideas totalmente opuestas que, con humor y ternura, dejan al descubierto la soledad en la tercera edad, mientras hablan de las relaciones familiares, el amor, las urgencias sentimentales, los ideales y la desilusión. Dos personajes que Campanella compara con Quijote y Sancho Panza, porque “uno quiere cambiar el mundo, mientras el otro, más conformista, prefiere pasar desapercibido”. 

Más de 800 representaciones, tres años y medio de éxito rotundo en Argentina, 300.000 espectadores y numerosos premios avalan esta obra, que hizo reír y llorar a partes iguales a Campanella. 



  • PARQUE LEZAMA
  • Teatro Fígaro: C/ Doctor Cortezo, 5
  • HORARIOS: Martes a viernes, 20:00h. Sábados y domingos, 19:00h.
  • FECHAS: Desde el 28 de agosto de 2019
  • PRECIOS: Desde 20€ 


1 COMENTARIO

  1. Sabían que José Emilio Vera también dejó la ingeniería para dedicarse por completo al teatro? Casualidad que director e intérprete tengan orígenes similares, uno en Argentina y otro en España.

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