• Humorista de éxito, el siempre atareado José Mota disfruta en este encierro de su lado más familiar, mientras descubre las ventajas de los audiolibros y se refugia en el cine en blanco y negro.


Su espectáculo Dos tontos y yo sirvió para poner en marcha el Gran Teatro Bankia Príncipe Pío en marzo. Pero, apenas habían empezado el rodaje de esta nueva sala madrileña instalada en una estación de tren, cuando el estado de alarma cerró sus puertas, estancando un sueño acariciado desde hace años, en el que el cómico montieleño también ha invertido un pequeño capital.

Así, “dos funciones” de la más de media docena previstas es lo único que pudieron disfrutar los madrileños del humor de sus protagonistas: José Mota, Florentino Fernández y Santiago Segura. Un trío cómico que también ha tenido que cancelar el resto de su gira por España y “devolver miles de entradas”.

Sin embargo, el dinero no es lo que más preocupa a este reconocidísimo humorista, que siente “una enorme tristeza por las vidas que esta enfermedad ha segado”, sobre todo la de “esos mayores, que son nuestra raíz y referencia”. Espera que lo vivido nos haga “mejores personas” y sirva para que “reflexionemos sobre lo que hemos hecho mal y tomemos conciencia de que somos un todo que debe luchar unido contra un enemigo que no vemos, porque juntos somos más fuertes”.

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Con una de las pesas con las que habitualmente entrena cada día.

Aunque cree que “tardaremos tiempo en volver a la normalidad”, en julio espera empezar el rodaje de la nueva película de Ana Murugarren, una comedia con toques románticos protagonizada por Pepe Viyuela, que ya ha tenido que retrasar su planning inicial.

Mientras tanto, con tres niños pequeños en casa, el manchego aprovecha la cuarentena para “compartir con ellos” todo lo que habitualmente no puede, como “los deberes”; ha retomado “tareas pendientes”, como un curso de inglés online, que reinicia “por tercera vez”; está “revisitando” sus guiones y se ha puesto a “reescribir una película”.

El deporte diario sirve para que se mantenga en forma, y hay veces que lo practica con los cascos enchufados a un audiolibro, un mundo que ha descubierto en este confinamiento y que le “apasiona”. Ahora está con la primera parte de El Quijote, y en cinco o seis días se ha “ventilado las 8 horas” de Tenía que sobrevivir, de Roberto Canessa, uno de los supervivientes de los Andes, que “cuenta cómo atravesaron la cordillera sin apenas abrigo durante diez días, para guiar el rescate de sus amigos atrapados en el avión en que se estrellaron dos meses antes; y cómo ahora trabaja diagnosticando cardiopatías congénitas a niños”. A él le ha servido como “chute de energía por el espíritu de superación que demuestra”.

Amante de “las historias de personas, esas que emocionan” y no tanto de “los efectos especiales”, acostumbra a acostarse tarde para disfrutar de alguna película en blanco y negro en el canal TCM. La última ha sido Cautivos del mal, con Lana Turner y Kirk Douglas.

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