José Luis Gil asume las rarezas
de Woody Allen

Si la cosa funciona

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Retrato de Sergio Frías.

“Necesito ese punto de adrenalina que me mantenga despierto y me haga disfrutar
de cada función”

Hace unos cuatro años que Pedro Larrañaga le planteó a José Luis Gil la idea de convertirse en el alter ego de Woody Allen en la versión teatral que el productor quería hacer de la famosa película del director neoyorquino Whatever Works (Si la cosa funciona).

Entonces, el actor protagonizaba Fuga, y después ha estado recorriendo España junto a su amigo y compañero Mauro Muñiz de Urquiza con El gran favor, mientras rodaba una temporada tras otra de La que se avecina como el concejal de juventud y tiempo libre Juan Cuesta. Pero parece que los hados se han confabulado para que este proyecto que ha estado tanto tiempo guardado en un cajón por fin vea la luz, en una versión que dirige Alberto Castrillo-Ferrer.

Ana Ruiz interpreta a la joven que pone patas arriba su vida.
Cara a cara con un genio

¿Cómo definirías esta función?
Es una comedia muy sarcástica, en la que Woody Allen se parodia a sí mismo a través del personaje protagonista, Boris, que se cree un genio y considera a los demás como gusanos que no se enteran de nada.

¿Es difícil enfrentarse a un personaje que se dice es el alter ego de Allen, y que en el cine estuvo personificado por Larry David?
Guardo muy buen recuerdo de la película. Me gusta lo que dice Boris, pero al interpretarlo no pienso imitar a Allen, ni a David. Los tengo como referencia, pero quiero hacer el personaje a través de mí, como yo lo veo.

¿Y cómo lo ves tú?
Boris es un absoluto descreído. Opina que todo lo que fundamenta la sociedad, las grandes ideas y las instituciones, se basan en algo en lo que él no cree: el ser humano. Piensa que el ser humano es, por lo general, bastante estúpido e ignorante, un egoísta. Y cree que es el único que ve esta realidad, pero es tan cruda, que le lleva a tener ataques de ansiedad e incluso a intentar suicidarse.

Con Beatriz Santana en una escena de la función. ©Antonio Castro

Parece un poco antipático…
Lo es, y presume de ello. Aparentemente es muy pesimista, dice cosas muy crudas sobre la vida desde el más absoluto desprecio hacia sus congéneres, pero a mí me gusta, porque no hace daño, y su mensaje final es muy esperanzador. Boris viene a decirnos que la vida son pequeños momentos que te hacen sentir vivo, pero, como no suelen durar mucho, hay que disfrutar cada uno de ellos, porque lo que al final te llevas es la acumulación de esos pedazos de felicidad. Así que, creo que al público también le caerá bien.

¿Te sientes cómodo en su piel?
Me siento muy bien. Comparto con él muchas más cosas de las que quisiera, y me parece que todo lo que dice merece la pena decirlo desde un escenario. Creo que cada uno aprende a convivir con sus propios defectos, pero asumir los de los demás a veces es una carga que no apetece sobrellevar. Y eso es lo que le pasa a Boris, por eso prefiere aislarse de todo y vivir en soledad. Pero él también es víctima de sí mismo y vive una montaña rusa de emociones: pasa del pesimismo al sarcasmo, la ironía, y a sufrir ataques de pánico. Y aunque lleva puesta una sólida armadura contra el mundo, descubre que también tiene su talón de Aquiles…

¿Cuál es ese talón de Aquiles?
Una joven que entra en su vida desde la más absoluta casualidad, y lo desequilibra todo. Se la encuentra en la calle, en medio del Bronx, como una vagabunda, desmayada porque hace días que no come, y expuesta a cualquier peligro, y, contra todos sus principios, la invita a que suba a su casa para darle algo de comer, y esos minutos se transforman en días, después en semanas, meses… Porque él va adquiriendo una responsabilidad sobre esa criatura. Primero intenta convencerla para que regrese a su pueblo, porque tiene miedo a que le pase algo, pero acaba convirtiéndose en su Pigmalión. Y, sin poderlo evitar, se enamora de ella.

Entonces, Boris también tiene su pequeño corazón, ¿no?
Lo tiene muy escondido, pero ella llega hasta él. Hay gente que entra en tu vida por la puerta de atrás, de una manera extraña, y de repente da sentido a todo… Y, pese a lo que pueda parecer, ésta no es una comedia pesimista ni sombría, y los textos y situaciones son brillantemente cómicas. Es una comedia deliciosa, con unos personajes muy muy divertidos, y una historia donde los sentimientos están muy a flor de piel.

Noche de karaoke. ©Antonio Castro

¿Qué sientes cuando pisas el escenario?
Los nervios del estreno son inevitables, pero aprendes a controlarlos para que no se apoderen de ti. Y cuando la función ya lleva un rodaje, salgo más confiado, pero no relajado, porque necesito ese punto de adrenalina que me mantenga despierto y me haga disfrutar de cada función.

De no ser actor, ¿a qué te habrías dedicado?
Me hubiera gustado ser músico, como mi abuelo. Si no hubiera fallecido cuando yo tenía once años, no habría tenido que ser autodidacta. Ahora tengo tres guitarras y sólo las toco de vez en cuando, y para mí.

Has probado la dirección con el cortometraje Entre cartones; ¿te planteas dirigir teatro?
Nunca se sabe. Me gusta la dirección, trabajar los personajes con los actores, pensar en la puesta en escena, pero, de momento, prefiero seguir encima del escenario.


Allen en estado puro

Un misántropo malhumorado, que se considera un genio y que, por casualidad, conoce a una mujer 30 años más joven que él que le trastoca su organizada y solitaria vida, es el protagonista de Si la cosa funciona. Su nombre: Boris; un personaje creado por Woody Allen, quien dice de él: “No soy yo exactamente; quizá sea una extrema exageración de mis sentimientos”.

Es por eso que Alberto Castrillo-Ferrer está “encantado” de dirigir esta versión teatral de la película original del neoyorquino. “Idolatro a Woody Allen. Hubiese vendido el alma a cambio de su enorme ingenio, su desproporcionado talento, su irónica visión de la existencia y su capacidad de trabajo”, confiesa.

Sobre el escenario es José Luis Gil quien se mete en la piel de este alter ego de Allen, y le acompañan Ana Ruiz, Beatriz Santana, Ricardo Joven y Rocío Calvo, dando vida a unos “personajes tiernos y fuertes a la vez, que exponen nuestros miedos a la luz, pero con la valentía de afrontarlos y darles la vida”, dice Castrillo-Ferrer.



  • SI LA COSA FUNCIONA
  • Teatro Cofidís Alcázar: C/ Alcalá, 20
  • HORARIOS: Miércoles a viernes, 20:30h. Sábados, 19:00h. y 21:00h. Domingos, 19:00h. 
  • FECHAS: Desde el 10 de abril de 2015
  • PRECIOS: Desde 18€ 


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