José Luis García-Pérez se lo pasa “teta” como Don Juan

Don Juan Tenorio

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“Con este personaje puedo hacer las salvajadas que la ética no me permite hacer en mi vida”

En los últimos años, su característica voz quebrada ha servido para dar vida en las tablas al monólogo de Aksenti Ivanovich en Diario de un loco, y al mismísimo Calderón de la Barca en la versión de El gran teatro del mundo con la que Carlos Saura se estrenó en los escenarios. Y mientras encadena un rodaje tras otro –en 2015 estrenará Lejos del mar, de Imanol Uribe; El país del miedo, de Francisco Espada; y Requisitos para ser una persona normal, de Leticia Dolera–, ha vuelto a ponerse a las órdenes de Blanca Portillo para protagonizar su “desmitificador” Don Juan, que le gusta encarnar delante de un público porque –dice– le “pone mucho”.

Mitos fuera

Háblame de tu Don Juan.
Creo que esta versión es muy esclarecedora. Mostramos la imposibilidad de que sea un mito, porque no puede serlo un tipo que en su primer monólogo dice que ha matado a 72 personas, y se ha aprovechado de 56 mujeres. Alguien así no puede ser un héroe; es un mentiroso, un asesino, un violador, un maltratador y un ególatra. Es alguien que hace lo que le da la gana pasando por encima de cualquiera y haciendo daño a los demás.

Mayorga se ha encargado de adaptar el texto y Portillo lo dirige, ¿qué tal el cóctel?
Son la combinación perfecta. Mayorga ha respetado muchísimo el texto de Zorrilla, sólo ha limpiado algunos ripios y ha añadido dos personajes con parlamentos nuevos: una mujer embarazada, como un símbolo (algo que le gusta mucho a Blanca), y que canta entre escenas narrando lo que ve, mientras movemos la escenografía. Y también está Miguel, el criado de Buttarelli, que no desaparece como en el original, sino que se queda para dar el punto de vista sobre las salvajadas que suceden en escena.

En el papel de Don Juan. ©Ceferino López

¿Salvajadas que nos sonarán?
Desgraciadamente, sí. ¿Con cuántas muertes por violencia de género cerramos 2014? Y no hablamos sólo de golpear o matar a tu pareja, que ya es de ser una bazofia humana; la violencia de género también está en los insultos, en el maltrato al inferior, y de eso estamos rodeados. Como también lo estamos de corrupción, y en la obra hablamos de ello, no sólo de la política, sino de la moral. Todos los personajes de la función están corrompidos de una manera u otra. La única luz es Inés. Ella es esa llamita que Juan descubre por un momento, y apaga inmediatamente.

¿No hay lugar para la esperanza en la función?
Podría haberla en las nuevas generaciones, pues se necesita gente con una nueva forma de ver el mundo para salvarlo. Pero, desde luego, la esperanza no está en la salvación de Tenorio por amor, o por fe. Sólo su conciencia puede removerle por dentro después de haber masacrado a tanta gente.

Ya habías trabajado a las órdenes de Blanca Portillo en La avería, ¿cómo es ella como directora?
Maravillosa, pero muy dura. No se conforma con lo bien hecho, sino que busca la excelencia; en cada ensayo te pone el listón más alto, y saca lo mejor de ti, haciéndote crecer como profesional. Como es actriz, entiende perfectamente cuál es el proceso que necesitas para llegar a cosas complicadas, te ayuda, pero también se sabe todas las excusas y trucos que puedas usar, así que con ella tienes que ir a pecho descubierto y con el corazón en la mano, porque si no, no vale.

Otra escena de la función que dirige Blanca Portillo. ©Ceferino López
Buscando la excelencia

Blanca busca la excelencia. ¿Tú eres igual de exigente?
Ambos entendemos el teatro desde el compromiso, como un ritual sagrado, y creo que eso nos hace crecer como personas. Soy muy autoexigente, y exijo el mismo nivel de compromiso a los que trabajan conmigo. Creo que todos tenemos un margen de mejora, y debemos crecer en cada función, y eso lo hace más divertido.

¿Cómo te preparas para enfrentarte a un nuevo personaje?
Me gusta mucho investigar sobre los personajes y las situaciones históricas que los rodean; eso me llena intelectualmente. Pero también me gusta tirarme a la piscina con agua, sin ella, o con lo que tenga. No sigo una metodología concreta, sólo sé que me gusta afrontar mis personajes de cara, buscando en mi interior los resortes que los mueven.

¿Y qué resortes mueven a este Don Juan?
Los resortes de mi vida actual están muy alejados de los de Juan Tenorio, pero la facilidad para medrar, mentir, o pasar por encima de la gente, está a mano para cualquiera. Por ese brete hemos pasado todos; la maldad está ahí, y sólo hay que dejarla hacer. Y yo reconozco que me lo paso teta interpretando este papel. Puedo hacer las salvajadas que la ética no me permite hacer en mi vida.

Este Don Juan y Don Luis Mejía (Miguel Hermoso) son dos caras de una misma moneda. ©Ceferino López

¿Alguna manía antes de pisar el escenario?
No soy supersticioso ni maniático, pero el teatro implica en mí una transformación personal que lleva un proceso de preparación. Me gusta estar un buen rato solo en el teatro, y en esta función hago un calentamiento físico previo muy duro y, para meterme en el personaje, escucho a Bunbury, The Killers y, justo antes de pisar al escenario, Sympathy for the devil, de los Stones, que me hace salir a matar a todos.

Has dirigido mucho teatro, también un corto, ¿prefieres dirigir o interpretar?
Ser el pincel es cojonudo, y ser el pintor es la leche, así que no podría elegir. Dirigir me encanta, pero no sería capaz de dirigirme a mí mismo. Ahora estoy adaptando un texto de Strindberg, La señorita Julia, que quiero producir y dirigir en breve; y estoy buscándome la vida para producir otra cosa en la que quiero actuar.

¿Y para cuándo dirigir una película?
Ése es mi sueño, y lo haré algún día, seguro. Porque me apetece mucho contar en imágenes, porque te da unas posibilidades diferentes a las que te ofrece el teatro.

¿Qué contarías en imágenes?
Me gusta mucho mucho mucho el estilo de Raymond Carver, su forma de contar, y mi manera de ver las historias va por ahí, al estilo de Vidas cruzadas, de Robert Altman.


Un «Don Juan» desmitificador

La actriz y directora Blanca Portillo tenía ganas de abordar el personaje de Don Juan desde hace años, porque confiesa que nunca ha podido entender cómo alguien así se ha convertido en un abanderado del romanticismo y el amor. “Siempre he pensado que es un ser deleznable, un modelo de destrucción, de falta de empatía, de crueldad… Y ya va siendo hora de que alguien le coloque en su sitio y dé a las mujeres el lugar que les corresponde. Así que el mío es un Don Juan desmitificador”, relata.

Su objetivo es conseguir que la gente pueda “reflexionar” sobre su propuesta, en la que el público no verá plumas, capas ni espadas, porque esta versión de la obra de Zorrilla es “muy contemporánea”. Su escenografía, que mueven los propios actores, no nos ubica en un lugar concreto, y el vestuario es muy actual. Pero, salvando las distancias de la contextualización, José Luis García-Pérez, el Tenorio que la protagoniza, cree que su autor “estaría muy de acuerdo con ella”.

Eso sí, se trata de una función “muy física y violenta”, que “exige de mí lo que no ha exigido ningún otro montaje”, asegura García-Pérez. Y explica: “Hay mucha lucha escénica, con puños, navajas, cadenas, puñetazos… A nivel físico la paliza es descomunal”. Y para estar preparado para esa “paliza”, el actor se está entrenando duro, aunque confiesa que, “cuando termina la función, estoy reventado”.



  • DON JUAN TENORIO
  • Teatro Pavón: C/ Embajadores, 9
  • HORARIOS: Martes a sábado, 20:00h. Domingos, 19:00h.
  • FECHAS: Del 9 de enero al 15 de febrero de 2015
  • PRECIOS: Desde 10


1 COMENTARIO

  1. Lástima que parece que este Tenorio no vendrá a Valencia y el ir a Madrid supone demasiado desembolso económico. Vale la pena!!

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