Javier Gutiérrez se da un buen ‘chute’ de teatro en El Español

¿Quién es el señor Schmitt?

0
328
©Alberto Espada

“La interpretación me ha curado la timidez
y me ha ayudado a crecer como persona”

Gracias al cine y la televisión, en los últimos cuatro años ha ganado, entre otros, dos Goya, una Concha de Plata, dos Medallas del Círculo de Escritores Cinematográficos, un Fotogramas de Plata, tres Premios Feroz, dos José María Forqué y dos de la Unión de Actores, convirtiéndose en uno de los actores más demandados del panorama nacional. Sin embargo, este asturiano criado en Ferrol vuelve al teatro siempre que puede. Es su “gasolina”. 

Así, mientras termina de rodar la tercera temporada de la serie Estoy vivo, con la que ha vuelto a adueñarse del prime time televisivo, pisa las tablas del Teatro Español junto a Cristina Castaño con el nuevo montaje que dirige Sergio Peris-Mencheta: ¿Quién es el señor Schmitt?

un rebelde

¿Qué te atrajo del proyecto?
Soy un animal escénico, necesito el teatro como gasolina, y tenía muchas ganas de volver. En este caso, me pareció que el texto tenía mucha chicha, pero no me gustaba la versión argentina que me pasó David Serrano. Así que se la envié a Peris-Mencheta e hizo una versión brillantísima. Y que él fuera el director fue un punto extra para sumarme al proyecto.

¿Y quién es el señor Schmitt?
No se puede destripar demasiado la función, pero creo que, a través de la dualidad señor Carnero-señor Schmitt, trata de la identidad del individuo y del equilibrio a la hora de saber quiénes creemos que somos, y quiénes creen los demás que somos. El señor Carnero lucha por mantener su identidad, por ser íntegro y rebelarse contra el poder establecido; es un tipo que va contracorriente, mientras que Schmitt es un pobre corderito que sigue esa corriente. Porque la obra también habla del rebaño en que quieren convertirnos con leyes mordaza, anestesiándonos a través de las redes sociales, y aniquilándonos con reality para que no seamos conscientes del mundo en el que vivimos. Deberíamos rebelarnos y ser más Carnero que Schmitt; ser más valientes.

Una escena de «¿Quién es el señor Schmitt?». ©Pepe H

¿Con cuál de esas dos dualidades te identificas más?
Del señor Schmitt tengo bastante poco. No soy un antisistema, pero me considero un ciudadano contestatario, al que le remueven ciertas cosas y se rebela contra ellas, como lo que esta pasando en política, que me parece una irresponsabilidad por parte de los que nos gobiernan.

Dices que el hecho de que Peris-Mencheta dirigiera la función fue un punto a favor del proyecto. ¿Con qué otros directores teatrales te gustaría trabajar?
Espero seguir repitiendo con Sergio Peris-Mencheta y Andrés Lima. Además, tengo muchas ganas de hacer algo con Álex Rigola (me ha llamado cuatro veces, pero no hemos podido ajustar agendas); con Carme Portaceli ya hay en mente un proyecto para más adelante; y me encanta el universo de Alfredo Sanzol o Pablo Messiez, dos creadores totales, de los que me gusta cómo escriben y cómo dirigen.

¿Qué ha significado Animalario en tu carrera?
Mucho. Es una forma de entender la vida. Son Andrés Lima, Alberto San Juan, Willy Toledo, Luis Bermejo, Nathalie Poza, gente de la que he aprendido mucho, a la que quiero, respeto y admiro. Con ellos descubrí que me podía ganar la vida con la interpretación. Es mi otra familia y espero que sigan acompañándome en mi carrera.

¿Cuándo sentiste la llamada a la interpretación?
De pequeño, pero sin ser muy consciente de ello. Yo era un niño enfermizamente tímido, y participar en las funciones del colegio y hacer imitaciones, contar chistes o cantar en reuniones familiares me permitía huir del Javier apocado que se sonrojaba en cuanto había más de 2 ó 3 personas. La interpretación me ha curado la timidez y ayudado a crecer como persona.

A lo largo de la función, la noche se vuelve muy loca… ©Pepe H

De no haber sido actor, ¿a qué te hubieras dedicado?
He querido ser muchas cosas. De pequeño iba a un colegio de curas y quería ser misionero comboniano, pero se me pasó rápidamente; luego quise ser futbolista; después, criminólogo; y, más tarde, detective. De hecho, me chifla la novela negra y, mira por dónde, los últimos papeles que he hecho, son de policía, e incluso he llegado a interpretar, en Las manos del pianista, a Ricardo Cupido, el detective protagonista de las novelas de Eugenio Fuentes. Así que, gracias a la actuación he hecho realidad uno de mis sueños de niño.

¿Y compartes la obsesión por escribir de El autor?
Me gustaría, pero no estoy llamado a ello. Escribí un corto, con el que jugué a ser director, y ahora me limito a lanzar ideas a amigos. Lo que sí quiero, y espero, es dirigir teatro.

Ahora encadenas un trabajo tras otro, pero ¿en algún momento de tu vida te planteaste tirar la toalla?
No, no, no. Y he hecho de todo para cumplir mi sueño. Trabajaba para pagar mis estudios en la escuela de Ángel Gutiérrez y, una vez que terminé, entré en la compañía Teatro del Duende, con Jesús Salgado y Marta Belaustegui, y para llegar a fin de mes hacía cuatro y cinco espectáculos a la vez. Siempre he sido un currante nato y nunca me ha faltado el trabajo. De hecho, en algún momento he tenido que plantearme trabajar menos, pero para mí actuar es como una droga, soy un yonqui del escenario.

Ponle banda sonora al momento que vives.
Estos días he pensado mucho en mi llegada a Madrid. Con 18 años soñaba con vivir de esto, y lo primero que hice fue comprar una entrada para ver a José María Rodero en el Español con Las mocedades del Cid. Así que, quizás esa banda sonora tiene que ver con lo que escuchaba entonces, el Pongamos que hablo de Madrid, de Sabina, un tema que me ha acompañado mucho tiempo, porque como él llegué a esta ciudad con una mano delante y otra detrás, pero con una maleta cargada de ilusiones. Y estoy seguro de que al subir al escenario del Español pensaré en ese chaval y será muy emotivo.  


Amante del riesgo escénico

En «La isla mínima».
«Los Macbez», con Carmen Machi. ©Luis Castilla
Con Santiago Segura en «El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo».
«¡Ay, Carmela!», con Inma Cuesta. ©Javier Naval
«Assassin’s Creed».

No le gusta quedarse en su zona de confort, y sí “arriesgar con los papeles” que interpreta. Así, se ha metido en la piel de Franco en Lo que escondían sus ojos y en la del villano Torquemada en la superproducción internacional Assassin’s Creed. Nos cautivó en Campeones, se desnudó en El autor, nos ha hecho sentir Vergüenza y seguimos sufriendo con él en Estoy vivo porque ‘la pasarela’ le ha jugado una mala pasada.

Sin embargo, trabajar con las emociones le convierte en “material muy frágil” y algunos personajes le han dejado una “profunda huella”. Le ocurrió con el Woyzeck de Gerardo Vera (CDN-2011), que le trajo “mucho dolor y oscuridad”, de los que no pudo desprenderse en meses; y también con La isla mínima (2014), “una experiencia muy gratificante”, que le supuso su primer Goya, pero que le dejó “vacío por dentro”.

Ahora tiene pendiente el estreno de dos thriller: Hogar, de los hermanos Pastor, y Bajocero, de Lluís Quílez. Y mientras sus proyectos cinematográficos le dan un respiro (tiene pendiente el rodaje de la siguiente película de Manuel Martínez Cuenca, otro thriller), vuelve a sus orígenes teatrales con ¿Quién es el señor Schmitt?, un texto del francés Sébastien Thiéry, que ha versionado y dirige Sergio Peris-Mencheta.

SER O NO SER EL SEÑOR SCHMITT
Será ese ‘chute’ de energía escénica que necesitaba, pues desde que en 2014 hiciese Los Macbez junto a Carmen Machi sólo había podido quitarse el ‘mono’ de teatro con algunas funciones sueltas de El rey.

En esta función, que protagoniza junto a Cristina Castaño, la acción nos traslada a la casa del señor y la señora Carnero, donde la pareja cena tranquilamente, hasta que suena el teléfono y un misterioso interlocutor insiste en hablar con el señor Schmitt.

A partir de ese momento, la realidad del matrimonio empieza a desmoronarse: descubren que están encerrados en una casa que no parece la suya y el pánico se apodera de ellos, convirtiendo la noche en una auténtica pesadilla. Y es que –según Peris-Mencheta– ésta obra está regada por las aguas de “un absurdo que escupe coherencia y sensatez por los cuatro costados”. Así, “empieza como una sorprendente comedia, se convierte en un thriller de suspense, para terminar acariciando el drama e, incluso, finalmente, la tragedia”.



  • ¿QUIÉN ES EL SEÑOR SCHMITT?
  • Teatro EspañolC/ Príncipe, 25
  • HORARIOS: Martes a sábado, 20:00h. Domingos, 19:00h.
  • FECHAS: Del 16 octubre al 10 noviembre de 2019
  • PRECIOS: De 5€ a 22


DEJA UNA RESPUESTA

Por favor, escribe tu comentario
Por favor, pon aquí tu nombre