• Cuadrar el programa del Festival de Almagro de este año ha sido un auténtico quebradero de cabeza para su director Ignacio García, que espera que su celebración sirva de estímulo para el colectivo teatral, la economía de Ciudad Real y el espíritu de los amantes del teatro.


Ha tenido que hacer hasta 18 programaciones distintas ante la incertidumbre provocada por la pandemia. Pero, finalmente, el 43º Festival de Almagro que dirige verá la luz del 14 al 26 de julio, con un formato “más reducido (no habrá más de 330 espectadores por escenario, aunque sea al aire libre), breve (pasa de 4 a 2 semanas) y con menos compañías participantes (26 frente a las 70 del año pasado)”, pero “manteniendo su esencia como reserva natural del Siglo de Oro”.

“Ésta ha sido la edición más difícil y exigente de todas, porque todo era incierto y cambiante. Las compañías internacionales no sabían si iban a poder viajar, los estrenos no podían ensayarse, así que ha habido que cancelar gran parte de la programación prevista en un primer momento”, explica Ignacio García, que felicita a su equipo por el “trabajo ímprobo” que ha realizado “tratando de que la preocupación no nos paralizara y buscando soluciones”; y agradece a la Diputación de Ciudad Real y al Patronato de la Fundación del festival que “hayan luchado hasta el final” para que éste se celebrase.

Y es que, en su opinión, “ahora es el momento de reforzarnos unos a otros, y que un festival levante el telón es un estímulo para las artes escénicas, porque genera esperanza e ilusión en el tejido teatral, tan golpeado en esta crisis; sirve de motor de la actividad económica, y de alimento espiritual para el público”.

Nombres propios

Con esa idea, su equipo ha estado trabajando en una programación que “empatice con el dolor colectivo y la sensibilidad social, y reflexione sobre la compasión, la justicia y la fragilidad del ser humano”, de la mano de autores patrios como: María de Zayas, Cervantes, Santa Teresa de Jesús, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Sor Juana Inés de la Cruz, Zorrilla, Fernando de Rojas, Quevedo, Joanot Martorell o Ausiàs March.

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Con los actores de “La gran lucha del mundo”, que en la edición de 2019 llegaron desde México para fusionar la lucha libre con Calderón. ©Mariano Cieza

Autores que subirán al escenario en un “menú gourmet” del que forman parte nombres como El Brujo, la Compañía Nacional de Teatro Clásico, Adriana Ozores, Lluís Homar, Roberto Álamo, Alberto San Juan, o Ana Belén, que recibirá el Premio Corral de Comedias.

Fuera del festival, su labor profesional como director escénico también se ha visto afectada por “la angustia de las cancelaciones y la incertidumbre ante el futuro”. Ha tenido que “sufrir” la anulación, “una tras otra”, de “distintos proyectos que iba a dirigir en los cuatro continentes”. Algunos de ellos ya han sido “agendados para octubre”; los relacionados con la lírica “se han retrasado hasta tres años”; y aún no sabe lo que pasará con los que tenía pendientes en Colombia y México.

Sin embargo, es optimista. “Después de una crisis como ésta, necesitamos volver a la vida y volver a pensar, y el teatro es un foco de ilusión, un lugar donde reír, llorar y dar esperanza”. Y, a tenor de cómo han ido las ventas en Almagro, donde el primer día que sacaron entradas vendieron “más que ningún año”, las cifras parecen darle la razón.

“Creo que el público está ávido de teatro” y se ha mostrado “muy solidario” y “dispuesto a renunciar, por el bien común, a ese mundo comunitario que caracteriza las artes escénicas y nos identifica como sociedad, siempre que no sea para toda la vida”.

Acostumbrado a “viajar mucho”, a título personal, el dramaturgo y director madrileño anhela “volver a sentir la libertad de tomar un avión” e ir a uno de esos “muchos lugares del mundo” por los que tiene diseminados a sus seres queridos, a los que está “deseando” volver a ver.

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