• El Premio Nacional de Danza Chevi Muraday ha puesto a bailar a Aitana Sánchez-Gijón al compás de un puñado de mujeres adelantadas a su tiempo, que comparten nombre en Juana, una pieza en la que danza y teatro, emoción y poesía, van de la mano.


Hace dos años, la actriz le pidió al coreógrafo que la hiciera “bailar”, y él se puso manos a la obra para ayudarla a “descubrir su partitura natural” (todos tenemos una según Muraday) y encontrar “un lenguaje común” que, tras meses de trabajo con el resto del equipo del montaje, ha dado como resultado esta Juana “cocinada a fuego lento”.

Títulos como Agua viva, de Clarice Lispector (libro de cabecera de Muraday) y Mujeres que corren con lobos, de Clarissa Pinkola, que le prestó  Sánchez-Gijón, despertaron en este creador el deseo de “descubrir el motor de esas mujeres que rompieron moldes y lucharon por ser a lo largo de la historia”. Y descubrió que Juana era un nombre que se repetía una y otra vez. “Había cientos”, dice Muraday, quien llegó a pensar en la posibilidad de “una saga”.

Finalmente, y gracias a la intervención del dramaturgo Juan Carlos Rubio, que dio “coherencia” a la información recopilada y forma al “torrente creativo” de Muraday, eligieron cinco juanas: la de Arco, que quemaron en la hoguera; Sor Juana Inés de la cruz, que amó a la virreina de México María Luisa Gonzaga Manrique de Lara; la legendaria Papisa que ocultó su sexo para ejercer de sumo pontífice; la monarca castellana tildada de loca; y Juana Doña, la  última mujer condenada a muerte por el régimen franquista.

Todas ellas tienen en común “haberse salido del molde establecido y romper muros cuando las querían cortar las alas”, convirtiéndose en “heroínas que lucharon de forma individual”. Así lo explica una Sánchez-Gijón que desde hace años siente “la necesidad de hacer mujeres rompedoras”, aunque esto suponga la “osadía” de ponerse  a bailar cuando confiesa no haberlo hecho nunca.

la manada

Vestida de rojo fuego para encarnar a una fémina contemporánea en la que reposan las derrotas y victorias de la historia del mal llamado “género débil”, la actriz se transforma en lo que Muraday denomina “la mujer contenedora”, un personaje por el que transitan todas las juanas históricas, que van modificando su vestuario en una travesía sobre la forja de la mujer actual a través de sus predecesoras.

Un viaje que debe sentirse “desde las tripas”, aunque “remueva al público” y deje “al borde del abismo” a Sánchez-Gijón, que en el escenario está acompañada por el propio Muraday, Alberto Velasco, Maximiliano Sanford y Carlos Beluga, convertidos en “una manada acechante” de hombres, que tan pronto la ataca, como lame sus heridas, representando el rol masculino a lo largo de la historia.


Desdibujando fronteras

Bailarines que actúan y actores que bailan. En los trabajos de Chevi Muraday las fronteras entre palabra y movimiento se diluyen, pues –en su opinión– las “barreras” entre danza y teatro “no existen”, sino que “las ponemos nosotros”, y tanto bailando como interpretando un artista es capaz de “comunicar emociones”.

Siguiendo esta premisa, el creador de la compañía Losdedae ha puesto a bailar a Marta Etura, Ernesto Alterio o Verónica Ronda, entre otros actores; se ha medido en varias ocasiones con el multifacético Alberto Velasco; o se ha convertido en el amante de Kiti Mánver en Sensible, una pieza en la que ella hablaba y Muraday danzaba, dirigidos por Juan Carlos Rubio. Además, ha trabajado como coreógrafo y director de movimiento escénico con prestigiosos directores de teatro, como Sergio Peris-Mencheta, Juan Carlos Pérez de la Fuente, Albert Boadella o Gerardo Vera, entre otros.



  • JUANA

  • Teatro EspañolC/ Príncipe, 25
  • HORARIOS: Martes a sábado, 20:00h. Domingos, 19:00h.
  • FECHAS: Del 4 al 22 de diciembre de 2019
  • PRECIOS: De 5€ a 22


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