Nacho Guerreros se propone llegar al corazón del público

Juguetes rotos

0
457

«Me gustaría que, por fin, el cine dejase de ser mi asignatura pendiente»

Calagurritano de Honor desde 2012, Nacho Guerreros es uno de los rostros más conocidos de la televisión gracias a su papel de Coque en La que se avecina. Y aunque no tiene miedo al encasillamiento, aprovecha su popularidad y el dinero que gana en la serie para trabajar en otros registros. Ahora se estrena en la “catedral” de los actores, el Teatro Español, con Juguetes rotos, una obra que propone una reflexión sobre la identidad sexual, que espera “escarbe en el corazoncito del público”.

Con el diferente

¿Qué es Juguetes rotos?
Es una historia comprometida y delicada, que habla de la identidad de cada uno y de la soledad del diferente a través de dos personajes que, por salirse de la norma, deben vivir al margen de la sociedad.

¿Qué supone para ti este proyecto?
Me motiva especialmente que, en 20 años de carrera, es la primera vez que trabajo en el Español, que es como la catedral de la interpretación. Tenía ganas de que la gente volviera a verme haciendo drama, de volver a mis orígenes, y demostrarme a mí mismo que no me había oxidado. Y, además, esta función supone un reencuentro con Carolina Román, la autora y directora, a quien conozco desde hace quince años. Considero que es una de las mejores dramaturgas, más comprometidas y valientes del panorama actual.

Háblame de tu personaje.
Mario siempre se está escapando. Es un ser que ha nacido en un sitio y cuerpo equivocados. No quiere estar donde está y tampoco tiene el cuerpo que desearía tener. Y eso le hace retraído, sensible, diferente… Él sueña con otra vida mejor a través de revistas y películas, y decide ir a Barcelona a experimentar. Allí conoce a Dorín, que será quien le alumbre en ese túnel oscuro en el que se ha convertido su vida.

Con Kike Guaza en Juguetes rotos. ©Bárbara Sánchez Palomero

¿Cómo ha sido entrar en su piel?
Quizá lo más difícil, además de caminar con tacones, ha sido comprender que hay gente que se siente atrapada en un cuerpo que no le corresponde, y cómo es su lucha interna.

¿Qué te gustaría que Mario despertase en el público?
Creo que, sobre todo, despierta ternura. Te lo quieres llevar a casa, cuidarlo y protegerlo. Resulta fácil ponerse en su piel y empatizar con él, aunque seas todo un macho man. Pero, lo más importante es que espero ayude a dar visibilidad a aquellos que se sienten tan fuera de lugar como Mario, para que sepan que no están solos.

Lo fundamental para que le digas que sí a un proyecto es…
Que me guste el texto que me proponen. Y el director, porque si no nos entendemos soy incapaz de trabajar con alguien. En una ocasión, hace muchos años, preferí volver a servir mesas, a ponerme a las órdenes de un director con el que no acababa de encajar.

“Después de once años en La que se avecina, hay mucha gente que me llama Coque y desconoce
mi nombre real”

”Trabajas en una serie de televisión de éxito, ¿cómo llevas la popularidad?
Después de once años en La que se avecina, hay mucha gente que me llama Coque y desconoce mi nombre real, pero a mí me da la vida que me reconozcan por la calle y me digan cosas bonitas, que nos sigan. Además, esa popularidad puede atraer más publico al teatro. Así que, estoy encantado.

¿Tienes miedo a encasillarte?
No me asusta en absoluto. Prefiero el encasillamiento a estar en el paro. Tengo la suerte de ser de los pocos actores que pueden vivir de esta profesión, y eso me sirve de motivación para hacer otras cosas, como esta función de teatro.

Si pudieses elegir, ¿qué personaje te gustaría interpretar?
Me encantaría ser maestro de ceremonias de un cabaré, o hacer un musical, aunque no sé si tendría la fuerza suficiente para aguantar carreras y cantar.

¿Hay algún director con el que te gustaría trabajar?
Repetiría con Gina Piccirilli, que ya me dirigió en Bent. Y me gustaría estrenarme con Pablo Messiez. Pero hay muchos más.

¿Y algún compañero con el que querrías subirte a un escenario?
Querría trabajar con Daniel Grao y con Carmen Machi. Son unos actores extraordinarios.

Tus planes de futuro pasan por…
Espero seguir con esta función mucho tiempo. Ya estamos grabando la undécima temporada de La que se avecina, y me gustaría que, por fin, el cine dejase de ser mi asignatura pendiente…

Has producido teatro y algún corto. ¿Te atreverías a dirigir?
Dirigir cine y televisión es muy complicado. Y en teatro necesitas una psicología y pedagogía que yo, de momento, no tengo. Me parece una responsabilidad tan grande que prefiero ser cauto y esperar.

He leído que cocinas, que te gusta el arte…
El arte me encanta, y suelo ir a exposiciones y comprar mis cositas. Empecé con vinilos y ya colecciono pinturas, grabados… Cocinar, cada vez lo hago menos, porque soy un poco vago. Lo que sí hago es mucho deporte, sobre todo boxeo, porque me relaja. Y si hay algo que me guste de verdad es una buena conversación con una cerveza bien fría.

¿Participarías en Masterchef Celebrity?
Me encantaría. Soy fan del programa, pero entrar está cotizadísimo. Y también me apuntaría a Pekín Express, porque me gustan los retos.


Ejemplo de constancia y tesón

Tuvo claro desde bien pequeño que lo suyo era el mundo del espectáculo. “Me gustaba cantar, presentar, actuar… Quería ser como los actores de los Estudio 1 y las películas de blanco y negro que veía en la televisión”, relata. Pero tuvo que pelear mucho para conseguirlo.

Mientras estudiaba en Madrid, a donde se trasladó con 20 años desde su Calahorra natal, trabajó de camarero y de lo que pudo, hasta que un golpe de suerte quiso que a sus padres les tocara el gordo de la Lotería de Navidad, y así pagó los derechos de su primera obra de teatro: Bent, de Martin Sherman. Con ella pudo demostrar sus dotes como intérprete y acceder a su primer papel en la televisión, como José María en Aquí no hay quien viva, de donde dio el salto a La que se avecina, con Coque. “Fue mi despegue profesional, y desde entonces no he dejado de trabajar”, comenta. Su única espinita: el cine, donde sólo ha hecho una película: Deus ex machina (2016).

ARREGLANDO ‘JUGUETES ROTOS’
Después de Bent, sobre las tablas hemos podido verle recientemente junto a Nuria González en la comedia Milagro en casa de los López (2016), de Mihura. Y ahora sube de nuevo al escenario con Juguetes rotos, un montaje que iba a ser un monólogo sobre el acoso escolar, un mal que el propio Nacho Guerreros sufrió en sus carnes y sobre el que ha escrito un libro: Yo también sufrí bullying. Pero este proyecto, que el actor encargó a su amiga y admirada Carolina Román, acabó derivando en una función que propone “una reflexión sobre la identidad sexual”.

Sus protagonistas son seres condenados a la marginalidad porque no terminan de encajar en la rígida estructura social española de los 60-70. Guerreros es Mario, un funcionario de 45 años que nació niño, pero se siente niña. Y junto a él viajaremos por su vida descubriendo las pinceladas de blanco y negro que truncaron su identidad y le tienen prisionero, hasta que conoce a Dorín (Kike Guaza), que se convierte en la luz que ilumina su camino a seguir.



  • JUGUETES ROTOS
  • Teatro EspañolC/ Príncipe, 25
  • HORARIOS: Martes a sábado, 20:30h. Domingos, 19:30h.
  • FECHAS: Del 1 de febrero al 4 de marzo de 2018
  • PRECIOS: De 13,50€ a 18


DEJA UNA RESPUESTA

Por favor, escribe tu comentario
Por favor, pon aquí tu nombre