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Malena Alterio se olvida de la palabrería sobre el escenario

Los que hablan

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“Al principio vivía la profesión con autoexigencia y muchos complejos, pero ahora llevo mi apellido por bandera”

Le “agobia” combinar a la vez trabajos audiovisuales con escénicos. Por eso, hace tiempo que no la vemos subida a un escenario. El éxito de las series Vergüenza y Señoras del (H)AMPA la han mantenido muy ocupada en los últimos años, además de los rodajes de películas como Perdiendo el este; Bajo el mismo techo; o La maldición del guapo. 

Su último trabajo teatral fue Los universos paralelos, dirigida por David Serrano, con la que estuvo de gira hasta mediados de junio de 2018. Y ahora Malena Alterio regresa con un proyecto que la tiene totalmente “fascinada”. Protagoniza, junto a Luis Bermejo, Los que hablan, de Pablo Rosal.

De regreso

¿Tenías ganas de volver al teatro?
Las tablas me gustan mucho, y no ha sido intencionado estar tanto tiempo lejos de ellas. Simplemente se me han ido enganchando proyectos en cine y televisión, y no encontraba cabida para el teatro, porque no me gusta hacer ambas cosas a la vez, me agobio. La tele es muy absorbente, sus horarios muy cambiantes, así que, si puedo, prefiero terminar una cosa antes de empezar la otra.

¿Y qué te atrajo de este proyecto teatral en el que te has embarcado?
No sé explicar cómo ni por qué, pero me ha enganchado. Es un texto extraño, pero muy atrayente. Habla de cómo hablamos y de dónde salen las palabras, y había algo en la forma de expresarse de Pablo Rosal (el autor), que me gustó. Además, tenía muchas ganas de volver a trabajar con Luis (Bermejo). Y, aunque es un reto para mí como actriz, espero que lo hagamos bonito, para que al público le guste.

Se titula Los que hablan, ¿de qué habláis en la función?
Somos dos seres extraños a los que se les ha encomendado la tarea de hacer una, digámoslo así, disección de cómo se habla. Y lo van haciendo construyendo una partitura con palabras y retazos de conversaciones que han ido recopilando, desde la sesuda de un profesor de física cuántica que trata de explicar cómo funciona un turbo reactor, al diálogo que mantienen dos compañeros de almacén, o los sentimientos que intentan expresarse dos enamorados… Recreamos esas situaciones y, gracias a ese juego, nuestros personajes van averiguando cómo es esto de hablar, de conversar, resignificando la palabra, olvidándonos de la palabrería y centrándonos en el encuentro del uno con el otro.

¿Qué podéis descubrir al público con este ‘juego de palabras’?
Como actriz y persona, nunca me había planteado qué me mueve a hablar, o cómo se engancha mi palabra con la de otro para que seamos capaces de conversar. Y esta función me ha abierto todo un mundo en este sentido, descubriéndome un montón de sitios comunes con los que creo que el espectador también se puede sentir identificado.

Luis Bermejo y Malena Alterio en una foto promocional de la función.

¿Recuerdas cuándo se inoculó en ti el veneno del teatro?
Empezó como un juego. No sabía a qué dedicarme en esta vida, así que, siguiendo los pasos de mi hermano, me apunté a la Escuela de Cristina Rota para rellenar las horas en las que andaba dando tumbos. Al principio lo tomé como clases extraescolares, pero se convirtieron en cuatro años de formación. También influyó el propicio caldo de cultivo que había en mi casa, con mi padre, Héctor Alterio, y mi tía, Norma Bacaicoa, dedicados a la interpretación. 

Hablas de la influencia familiar. Un apellido como Alterio, ¿pesa o empuja en la profesión?
Al principio me costó un poco encontrar un hueco. Vivía la profesión con mucha autoexigencia y tenía muchos complejos. Quería estar a la altura del apellido, pero no que la gente pensara que conseguía un trabajo por la influencia de mi padre o mi hermano. Eso sí, desde que aparté todas esas cosas de mi cabeza, encontré mi camino, y ahora llevo el apellido Alterio por bandera. 

Para ti, ¿qué es el escenario?
Un lugar donde crecer como actriz. Hacer teatro me ayuda a avanzar, porque tengo más tiempo para profundizar en el personaje, y los ensayos y el proceso de creación de un montaje son muy enriquecedores. Además, tener contacto directo con el público es pura magia.

¿Eres de las que se lleva los personajes a casa?
Antes era más obsesiva y me acompañaban todo el rato y a todas partes, pero ahora soy capaz de desligarme de ellos cuando tengo que hacerlo.

¿Te has sentido identificada con alguno de ellos?
No con alguno concreto, pero trato de mimetizarme con cada personaje que interpreto. Intento rascar, buscar en mí la parte de la persona que estoy recreando, para darle humanidad desde lo mío.

¿Y cómo es Malena Alterio cuando no interpreta un personaje?
Una mujer muy normal. Excesivamente responsable, quizás, escéptica a veces, y bastante insegura; me cuesta mucho tomar decisiones. Por otro lado, me gusta reírme, pasarlo bien, y disfrutar de lo que tengo, sin caer en dramas y tratando de relativizar.

La profesión te ha enseñado…
Me está enseñando a conocerme a mí misma y a los seres humanos en general. A través de mis trabajos he ido descubriendo muchas de nuestras peculiaridades, los mecanismos que hacen que funcionemos de una manera o de otra. Trabajar en esto me ha ayudado a conocer otras vidas, otras circunstancias y situaciones, quizá muy alejadas de las mías, pero que están ahí.  


Una española de Buenos Aires

En «Madre Coraje y sus hijos» (CDN-2020).
Cantando con su hermano en «Atchúusss!!!»(2015). ©Javier Naval

Nació en Buenos Aires y por sus venas corre sangre argentina e italiana, pero se siente española. A nivel profesional, Aquí no hay quien viva marcó “un antes y un después” en su carrera. Pero en lo personal, fue el exilio lo que cambió su vida.

Cuando tenía ocho meses su familia aterrizó en nuestro país huyendo de su tierra natal, donde su padre, Héctor Alterio había sido amenazado de muerte. Sin embargo, recuerda “una infancia feliz”, llena de juegos con su hermano y su primo. “Nos disfrazábamos y hacíamos obras de teatro y playblack de los Rocky Sharpe. Jugábamos hasta que caíamos exhaustos”, rememora.

Le cuesta elegir destino, pero le encanta viajar. Ama la naturaleza, y canta y toca el piano. Y uno de sus vicios confesables es la cerveza.

En lo laboral, está terminando de rodar la película Espejo, espejo, a las órdenes de Marc Creuet, y en primavera tiene previsto grabar la tercera temporada de Señoras del (H)AMPA.  



  • LOS QUE HABLAN

  • Teatro de La Abadía: C/ Fernández de los Ríos, 42
  • HORARIOS: Martes a sábado, 21:00h. Domingos, 20:00h. 
  • FECHAS: Del 22 de octubre al 8 de noviembre de 2020
  • PRECIOS: De 11€ a 20
  • DURACIÓN: 70 minutos


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