Joaquín de Luz dispuesto a revolucionar la danza en España

Giselle

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Posando para su hermano ©Sergio de Luz.

“En la danza debemos volver a decir cosas relevantes, que provoquen emociones”

Bailar es para él “una necesidad tan grande como comer o dormir”, y a ello ha dedicado su vida. Pero son muchas más las inquietudes que ocupan el escaso tiempo libre de este artista internacional nacido en Madrid, al que le encanta pintar y jugar al tenis. Por eso, en Estados Unidos, donde ha vivido y forjado su carrera, le apodaban “el hombre del Renacimiento”.

En 2018 se despidió por todo lo alto del New York City Ballet, su casa artística durante quince años, y ha vuelto a su “hogar” para dirigir la Compañía Nacional de Danza (CND), que espera “llevar a lo más alto”.

Desde julio, Joaquín de Luz ha empezado a mostrar sus intenciones con varias piezas, y ahora estrena su proyecto más ambicioso de la temporada: una Giselle coreografiada por él con mucho sabor español.

de nuevo en puntas

Habéis sido de las primeras compañías de danza del mundo en incorporaros al trabajo, ¿cómo ha sido esa vuelta tras meses de confinamiento?
Siempre he aprendido de la adversidad y he sacado cosas buenas de momentos difíciles. Y la pandemia y el confinamiento me motivaron mucho, empujándome a estar más enchufado que nunca. En cuanto los futbolistas pusieron un pie en el campo, llamé al Inaem y les dije que nosotros también éramos atletas y necesitábamos volver al estudio. Pensé que podíamos regresar con una pieza nueva, propia y diferente, creada con otros coreógrafos, y así surgió Arriaga, que estrenamos en el Teatro del Generalife de Granada y después en los Veranos de la Villa de Madrid. Así que la vuelta ha sido frenética, pero el resultado, muy bonito y especial.

¿Qué nos va a ofrecer tu primera programación en la Compañía Nacional de Danza?
Es mi declaración de intenciones y tiene una importancia muy relevante para mí. Comenzamos con 3 piezas icónicas del repertorio mundial. Musicalmente son una maravilla y tienen la coherencia estilística y la versatilidad que quiero para la compañía. Mi objetivo es que cada vez abarquemos más estilos y construir un grupo sólido, donde cada uno sume.


Uno de sus recuerdos más felices es su despedida del New York City Ballet, en el Lincoln Center, “arropado” por todos los que le quieren. “Fue un momento muy especial: estaba mi familia; Víctor Ullate, mi maestro; y pude sacar a bailar a mi madre, la culpable de que me dedicara a esto. Fue muy bonito ver que la gente me aprecia también como persona”.

 

Fotos: Kent G. Becker 

Este diciembre estrenáis una Giselle con versos de Bécquer y toques tradicionales españoles, ¿cómo surge ese maridaje?
Yo soy un romántico y Giselle, que es el ballet romántico por excelencia, es mi favorito. Pero quería hacer algo especial, traerlo a nuestra cultura. Por eso lo he movido al Romanticismo español. Y quién mejor que Bécquer para representarlo. Así que le lancé el reto de encajarlos al dramaturgo con el que colaboro, Borja Ortiz de Gondra. En un momento como el que vivimos, lo importante es contar una historia donde el amor lo puede todo. Ahora toca emocionar.

¿Sin miedo al que dirán los más puristas?
Para bien y para mal, imagino que esta Giselle va a sorprender. Yo he bailado tres versiones: la del Ballet de Cuba, la del Cincinnati Ballet y la del American Ballet Theatre, y he querido respetar ciertos cánones, pero he roto otros. Y aunque puede que los más puristas griten “¡sacrilegio!”, a mí me importa tres cominos, porque éste es mi sueño. Soy consciente de que supone escalar una gran montaña (siento la presión), pero me he lanzado al vacío con el fantástico equipo artístico que tengo y ellos me han sacado de mi zona de confort, que es lo más maravilloso que le puede pasar a un artista. El arte tiene que provocar, si no, ¿para qué?

Y en enero llega Fandangos y tonadillas, en colaboración con la Compañía Nacional de Teatro Clásico
Me gusta mucho colaborar con diferentes gremios de la cultura y, siguiendo esa línea de versatilidad que busco para la compañía, estamos creando esta pieza basada en los entremeses, a los que vamos a poner un poco de movimiento. Lluís (Homar, director de la CNTC) y yo pensamos de forma muy paralela. Ambos tenemos la mente muy abierta, y desde el principio congeniamos, así que quizás en el futuro haya otras colaboraciones. Creo que hay que sacar al público del encajonamiento.

¿Qué sientes cuando bailas?
Es imposible de describir… Hay un momento comparable a cuando te lanzas al vacío en parapente y quedas suspendido en el aire. Eso es lo que siento en el umbral de bambalinas: los nervios, la adrenalina, el lanzarte y de repente flotar y sentir el calor del público. Es maravilloso. Piensas que merece la pena todo el sacrificio y el dolor físico y mental que conlleva. Porque hasta que se llega a un escenario hay muchas lágrimas, sangre, dolor y sacrificio. Y ojalá la gente de a pie lo supiera.

Te has hecho cargo de la dirección de la CND justo tres décadas después de su fundación bajo el mando del que fuera tu maestro, Víctor Ullate, ¿cómo te sientes?
Creo que esta vida son círculos y cuando uno se cierra, otro se abre. Es un gran orgullo estar al frente de la CND, como antes lo estuvo mi maestro. Es algo muy especial, y estoy preparado para dar todo lo que pueda.

¿Cuál te gustaría que fuera tu legado para la CND?
No quiero una compañía genérica; de ésas hay miles. Quiero inyectarla de la personalidad española, incentivar y usar nuestro patrimonio cultural, que es inmenso. Intentaré hacer la compañía que me hubiera hecho quedarme. Como bailarín, siempre he usado mucho ese “pellizquito”, como se dice en el argot, y quiero que mis bailarines tengan más presente esa musicalidad y esa forma de ver la danza tan nuestros. El mundo de la cultura, y en particular el de la danza, está derivando hacia el objetivo de entretener en vez de mover. Y creo que debemos volver a decir cosas relevantes, que provoquen emociones, para que no se olviden.

La CND en una escena de su «Giselle», de aires goyescos. ©Alba Muriel

Presupuestos y burocracia son trabas que encontraste al asumir el cargo; ¿podrás con ellas?
Es bien sabido que aquí se trata bastante mal a la cultura, y peor aún a la danza. Hace falta muchísimo más apoyo, y que los de arriba se den cuenta del enorme talento que existe en nuestro país. Yo he intentado arrojar un poco de luz compartiendo mi experiencia en el extranjero. He bailado fuera toda mi vida y sé las grandes diferencias que existen. La primera es que no tenemos un teatro propio, y es imprescindible para situar a la CND más cerca de donde debe estar. Por eso lo llevo reivindicando desde que llegué. En el Inaem me escuchan, pero hay una limitación: Hacienda…

¿La solución sería el mecenazgo, como en Estados Unidos?
Tiene muchos beneficios y algunas desventajas. Lo ideal sería apoyarnos en modelos europeos que combinan financiación pública y privada. Las coproducciones facilitarían mucho la programación y las giras, que se comen gran parte de nuestro presupuesto.

Mikhail Baryshnikov es uno de tus referentes y has podido trabajar codo a codo con él, ¿cómo te sentiste?
Yo empecé a bailar porque lo vi en un vídeo y le dije a mi madre que quería ser como él. Y he tenido la gran suerte de que en Estados Unidos ha venido a hacerme coaching en varios roles que fueron creados para él. Poder compartir y charlar con él ha sido una experiencia entrañable. Me ha dado algo maravilloso, que siempre llevaré conmigo y espero compartir.

A ti también te han creado personajes ad hoc, ¿qué ha significado para ti?
Es increíble. Es como estar creando una pintura en ese momento y tú eres un elemento más del cuadro. No hay experiencia más enriquecedora.

Siempre has dicho que un bailarín conoce muy bien su cuerpo. ¿Alguna vez has sentido que el tuyo te dijese ‘hasta aquí he llegado’?
Nunca me han faltado las fuerzas. Tengo muy buenos genes (risas). Hace once años me dijeron que no podía bailar más porque tenía una lesión de espalda grave, pero me sobrepuse a ello y volví a los escenarios. Creo que el cuerpo humano es increíble, y el mío me ha sorprendido siempre.

Cuando no bailas, ¿qué otras aficiones tienes?
Buf, si te las cuento todas se nos va medio día… (risas) En Estados Unidos me llaman “el hombre del Renacimiento”, porque me gusta tanto todo… Amo el mar, me encanta viajar, me gusta muchísimo hacer surf, pintar, tocar la guitarra, correr… y, cuando no estoy en el estudio, seguro que me encuentras en la pista de tenis.

¿Pintas?
Sí, un poco de todo y con acrílico, pero siempre regalo lo que hago, nunca tengo nada mío. Eso sí, uno de mis cuadros, que hice de José Tomás, formó parte de una exposición taurina en el Casino de Madrid.


Como Buster Keaton en la pieza «Double Feature», del NYCB (2012). ©Paul Kolnik
Bailando «Don Quijote» con la CND (2017). ©Jesús Vallinas
«A suite of dances», con la CND (2020). ©Alba Muriel

Talento ‘made in Spain’

La danza forma parte de su vida desde que, siendo niño, vio un vídeo del bailarín Baryshnikov y decidió que eso era lo que él quería hacer. Formado por Víctor Ullate, con 19 años lo dejó todo y se fue a Estados Unidos persiguiendo su sueño. Allí ha estado bailando durante más de dos décadas, ganándose el cariño y aplauso de las élites neoyorquinas, con la mecenas Sarah Jessica Parker al frente de su club de fans, y convirtiéndose en el mejor embajador de nuestra cultura en el extranjero.

Y es que, habiendo recibido los principales reconocimientos –el Oscar de la danza (Benois 2009) y el Premio Nacional de Danza (2016)– siempre ha mantenido “los pies en la tierra” y ha llevado “con mucho orgullo” lo de ser español. Tanto que en su brazo derecho lleva un tatuaje que dice “Made in Spain”.

En lo personal, a la vida le pide mantener su optimismo y “seguir aprendiendo y creciendo como persona, sacando siempre algo positivo de cualquier tragedia”. Y en lo profesional, sueña con “emocionar a la gente con los programas que hagamos, y llevar a la compañía a un nivel más alto, que no es poco”.



  • GISELLE

  • Teatro de la Zarzuela: C/ Jovellanos, 4
  • HORARIOS: Martes a sábado, 20:00h. Domingos, 18:00h.
  • FECHAS: Del 9 al 22 de diciembre de 2020
  • PRECIOS: De 14€ a 40
  • DURACIÓN: 2 horas 25 minutos (sin intermedio)


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