Elvira Lindo se sube al escenario con una historia muy personal

El niño y la bestia

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©Patri Campora

“El humor no te excusa de todo, pero
tampoco hay que judicializarlo”

Dice que nació “para contar historias”, y comenzó a hacerlo desde muy joven. Con su Manolito Gafotas conquistó las ondas siendo una veinteañera, y hoy su personaje ha traspasado fronteras y ella es una de las escritoras más reputadas de nuestro país. Con varias novelas publicadas, guiones de cine, un Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, y una columna en El País, su inquietud comunicadora la lleva ahora a subirse a un escenario para revivir la posguerra, teatralizando una historia familiar en El niño y la bestia.     

círculo sentimental

¿Cómo surge la idea de este espectáculo?
Hace dos años, vino a verme María Lindo, a la que no conocía aunque somos primas lejanas (su abuelo y mi padre eran primos). Ella es oboísta y vive en Berlín, y me pidió que le escribiese un texto para un espectáculo musical. Por entonces, yo trabajaba en un libro de relatos sobre mis padres, y me pareció bonito reescribir para el teatro una de esas historias que, de alguna manera, nos unía a ambas. Le pasé el texto, y sobre él Jarkko Riihimäki compuso la partitura. El espectáculo terminó de cuajar en los ensayos que tuvimos en Berlín, donde estrenamos en noviembre del año pasado, coincidiendo con el acto de celebración del 30 aniversario del hermanamiento de esta ciudad con Madrid, en presencia del alcalde berlinés, Michael Müller, y la entonces alcaldesa madrileña, Manuela Carmena.

Además de haber escrito el texto, también subes al escenario, ¿cuál es tu papel?
La función está contada en tercera persona. Es una especie de lectura dramatizada de casi hora y veinte, en la que me convierto en una narradora que sigue los pasos de un niño (que es mi padre) por las calles de Madrid. Apoyada por la música, explico cómo se siente en esa ciudad devastada por la guerra, en la que también encuentra nuevos amigos y vive momentos que le hacen sonreír. La idea es que el público vea a través de los ojos de ese niño de 9 años. 

VIAJE MUSICAL AL MADRID DE LA POSGUERRA
Un “relato musical para adultos” protagonizado por un niño de nueve años obligado a madurar aceleradamente, y solo, en el Madrid devastado por la Guerra Civil en los meses posteriores a la firma de la paz. Ésa es la mejor definición de “El niño y la bestia” para Elvira Lindo, quien refleja en esta historia lo que su propio padre, Manuel Lindo, que ya había aparecido en varias de las columnas escritas por su hija periodista, le contaba sobre cómo fue enviado por sus progenitores a vivir a la capital con una tía enfermera, porque ellos tenían “demasiadas bocas que alimentar”. Pero la tía era una mujer de las de “la disciplina, con sangre entra”, y el pequeño Manuel, huyendo de sus castigos, pasó muchas horas deambulando por las calles. Sus sensaciones y experiencias en esas escapadas son las que ahora relata su hija, acompañada en directo por el sexteto berlinés Linien Ensemble.

¿Cuáles son tus sensaciones interpretando El niño y la bestia?
Subo al escenario muy nerviosa, porque quiero estar a la altura de los maravillosos músicos que me acompañan, y porque no puedo leer el texto fríamente. Quiero que los espectadores se emocionen con esta historia, que hagan este viaje conmigo mecidos por la música en directo, pero tengo que contener mis emociones para no perder el control, y el equilibrio es difícil.

¿Qué tipo de música se ha compuesto para el espectáculo?
Preciosa. Recorre esa ciudad fantasmal dando color al relato, a veces con notas de jazz; otras, con elementos de la copla o de cuplés como La violetera; y con momentos que recuerdan a las grandes bandas sonoras de las películas de la época… Se va adecuando al paisaje y los momentos que el niño vive.

Has hecho pequeños papeles en cine y televisión. Después de esta experiencia teatral, ¿volverías a subirte a un escenario?
Es muy curioso, porque me lo propusieron hace unos meses, pero creo que aún no estoy preparada. Me lo he pasado muy bien haciendo cameos en el cine, pero el teatro me parece algo dificilísimo, alto riesgo. Hay que tener una valentía especial para enfrentarse a un escenario. Después de esta experiencia, admiro a los actores muchísimo más de lo que ya lo hacía.

¿Lo de escribir te viene de niña?
Escribo desde pequeña. La escritura es para mí una necesidad de comunicar que me nace de las entrañas. Nunca he escrito para meterlo en un cajón; siempre he necesitado que alguien lo escuchara o leyera.

¿Y sueles autocensurarte?
No mucho. Incluso, empleando el humor, he entrado en terrenos complicados, que me exponían, y he sufrido la corrección política o el desdén. Pero el humor es algo básico en mí, tiene que ver con la materia orgánica de la que estoy hecha, con mi forma de moverme. 

¿Hay un límite para el humor?
El humor no te excusa de todo; hay cosas que no tienen gracia. Yo he hecho mucho humor y no me ha resultado necesario burlarme de alguien o herir a nadie profundamente. Creo que cada uno debe marcarse los límites. Lo que no hay que hacer es judicializar el humor. 

Suponiendo que hubieses aceptado la cartera de Cultura que te ofreció Pedro Sánchez en la anterior legislatura, ¿en qué frentes hubieses actuado primero?
Me parece muy urgente el Estatuto del Artista. El Estado debe comprender que un artista tiene una vida profesional muy incierta y, por tanto, sus ingresos también lo son, y debería tenerlo en cuenta a la hora de declarar a Hacienda. Los han hecho sufrir mucho en los últimos años, y no me parece justo. 

¿Cuáles son tus próximos proyectos?
En los primeros meses de 2020 voy a sacar el libro donde sale el relato que teatralicé para El niño y la bestia. Estoy implicada en un proyecto para el cine del que aún no puedo hablar, y quiero hacer un dramático para la radio.  


La vida con una sonrisa

“Sonríe aunque te duela el corazón. Sonríe aunque se esté rompiendo. Cuando hay nubes en el cielo, te las arreglarás si sonríes a través de tu miedo y tristeza. Sonríe, y tal vez mañana verás que el sol brilla por ti”. Así se lee en español la primera estrofa de Smile, la canción con música de Charles Chaplin y letra de Geoffrey Parsons y John Turner, que Elvira Lindo decidió poner de banda sonora de su vida hace mucho tiempo.

La escritora, y actriz ocasional en alguna de las películas que ha guionizado, acaba de recoger un premio internacional en Bilbao que la reconoce como “humorista vocacional” y “escritora cuyo sentido del humor con mirada propia está presente de modo inseparable tanto en su obra, como en su manera de afrontar la vida”. Y precisamente risas no faltan en su casa, donde –dice– “tenemos muy buen humor y reímos todos los días por cualquier chorrada”.   



  • EL NIÑO Y LA BESTIA*
  • Teatro Fernán GómezPlaza de Colón, 4
  • HORARIOS: Martes a sábado, 20:30h. Domingos, 19:30h.
  • FECHAS: Del 22 de noviembre al 15 de diciembre 2019
  • PRECIOS: De 16€ a 18
    *Espectáculo recomendado para mayores de 14 años


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