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  • Natalia Menéndez nos embarca en un viaje en coche por la Ruta 40 argentina acompañando a los protagonistas de El salto de Darwin, la segunda obra del dramaturgo franco-uruguayo Sergio Blanco que la directora del Teatro Español lleva a escena.


Más de 3.000 kilómetros en un fin de semana de junio de 1982 son los que recorre en esta función la familia formada por Goizalde Núñez (madre), Jorge Usón (padre), Olalla Hernández (hija) y Juan Blanco (novio de la hija), en un viaje de norte a sur por Argentina para cumplir la última voluntad del hijo y hermano, muerto recientemente en la Guerra de las Malvinas, esparciendo sus cenizas en el glaciar.

Viajan en un Ford Falcon de 1971, que remolca una pequeña caravana, sobre cuyo techo es posible ver al espectro del joven fallecido (el debutante Teo Lucadamo) tocando su inseparable guitarra.

Juan Blanco y Cecilia Freire. ©Esmeralda Martín
Jorge Usón, el cabeza de familia de este viaje. ©Esmeralda Martín

Juntos forman una curiosa troupe a la que se unirá Kassandra, una transexual dedicada a la prostitución que interpreta Cecilia Freire.

“Humor y dolor atraviesan estos personajes sin avisar”, haciendo que el espectador pase “de la risa al llanto en un minuto” y provocando que “se agite, divierta y sacuda sus emociones a partes iguales”, asegura Menéndez.

El altruismo como salvación

Entre juegos y anécdotas, descubriremos las guerras internas y familiares de estos personajes, que –según la directora– nos mostrarán “lo más conmovedor y lo más detestable del ser humano; su ingenuidad y su perversidad”.

Ella cuenta que sintió “la necesidad” de montar esta obra, aún inédita en los escenarios de todo el mundo pese a haberse publicado en 2011, “porque me interesa todo lo que rezuma: el estudio que el autor hace de los porqués de la guerra, su petición de paz, su amor por la diferencia, su compasión y el entendimiento hacia el otro que demuestra, invitándonos a construir un mundo mejor. Es un grito por la paz en forma de caricia”.

De ahí que Menéndez hable de una propuesta “optimista”, que confía en nuestra especie y “apuesta por la búsqueda de la empatía, por un mundo en el que nos ocupemos de los frágiles y los diferentes”. Es ese famoso “salto de Darwin” empleado en el título. Una teoría según la cual el ser humano paró la antigua ley selectiva del triunfo de los más aptos y la eliminación de los más débiles, para establecer un sistema de conductas altruistas, que constituyen el corazón de la civilización.


De flechazo en flechazo

El salto de Darwin supone el segundo flechazo de Natalia Menéndez con la escritura de Sergio Blanco. El primero fue Tebas Land, que presentó en 2017 en el Pavón Teatro Kamikaze. Y precisamente en la primera escena de esta pieza se menciona El salto de Darwin, una alusión que despertó la curiosidad de la actual directora del Teatro Español.

“Estando en Uruguay, le pregunté a Roxana Blanco (hermana de Sergio) si existía la obra, y ella me dijo que sí y que era anterior a Tebas Land, pero no se había representado nunca porque trataba el tema de la Guerra de las Malvinas, que se convirtió en un lamentable conflicto entre Europa y Latinoamérica, y en Argentina no le dejaron estrenarla”, explica Menéndez.

La contienda marcó la infancia del autor, como la de muchos otros, por lo que éste confiesa que escribió el texto para “festejar la paz”. Y eso fue precisamente lo que más atrajo a la directora del Español, que en cuanto lo leyó pensó en montarlo, aunque ha tenido que esperar “varios años” para estrenarlo, incluido el retraso provocado por la pandemia, que impidió viese la luz durante el Festival de Otoño.



  • EL SALTO DE DARWIN

  • Naves del Español en Matadero: Paseo de la Chopera, 14
  • HORARIOS: Martes a sábado, 20:30h. Domingos, 19:30h.
  • FECHAS: Del 10 de diciembre de 2020 al 17 de enero de 2021
  • PRECIOS: 20
  • DURACIÓN: 1 hora 35 minutos


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