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  • Albert Boadella imagina los últimos días de María Callas en un espectáculo musical en el que la gran dama de la ópera, retirada de los escenarios y abandonada por el amor de su vida, malvive a base de pastillas y alcohol.


Alejándose de la sátira y la ironía que le son tan propias, el dramaturgo y director catalán dice haber escrito una “obra trágica, en la que no hay respiro”, y que incluso podría hacer que el público soltara “alguna lágrima”.

En su deseo de “emprender una nueva trayectoria profesional” en la que pudiese “vincular” dos de sus grandes pasiones: la música y el teatro, en los últimos años, Boadella se ha refugiado en la creación de títulos como Amadeu, El pimiento Verdi, Don Carlo o ¿Y si nos enamoramos de Scarpia?, donde la lírica es protagonista, pues en su opinión “la música es el arte más perfecto, porque dispara directamente a las emociones”.

Fue la soprano María Rey-Joly quien le hizo partícipe de su deseo de interpretar a la Callas. Y Boadella, que incluso ve parecido entre ambas artistas, no quiso “desaprovechar la ocasión” y ha escrito para ella su “primera obra exclusivamente sobre una mujer”.

el delirio

De su mano nos traslada al apartamento de París donde, alejada de todo, reside la cantante neoyorquina de ascendencia griega.

Boadella es de los que opina que La Divina acabó con su vida. ©Antonio Castro

Su voz ya no es ese portento que le valió el apodo de La Divina por su capacidad para representar los matices más complejos. La crítica se cebó con ella en sus últimas apariciones y no ha vuelto a cantar en público. Y aún llora la pérdida del amor de su vida, Aristóteles Onassis, a pesar del daño que le hizo abandonándola por Jackie Kennedy, una mujer a la que desprecia.

Invadida por esa realidad decadente, y acompañada por su repetidor personal (Antoni Comas), que le da la réplica, la diva se pierde en sus recuerdos, mezclando piezas de las óperas que protagonizó con momentos de su tortuosa relación con Onassis, que en sus delirios asume la forma de sus distintas parejas en los grandes dramas operísticos que protagonizó.

“Hay momentos felices, en el yate donde Onassis la sedujo, pero también momentos de odio y rencor, donde discuten con ferocidad o donde incluso Rey-Joly canta a capela para mostrar su desgarrador lamento sin sujetarse a los esquemas operísticos”, explica Boadella.

Manuel Coves se ha encargado de la dirección musical, que incluye arias y dúos de La traviata, Manon Lescaut, Norma, Madama Butterfly, Tosca, La Wally, u Otelo, acompañados del piano o por la música grabada por la Real Filharmonía de Galicia.


Una vida de tragedia 

El esplendor de la La Divina tan solo duró una década. Pero su fama perdura en el tiempo, y su vida ha dado para más de un centenar de biografías.

María Callas en su esplendor.

Se sabe que la soprano más carismática de la historia de la ópera no tuvo una infancia feliz. Sus padres, inmigrantes griegos en la Gran Manzana, se separaron cuando sólo era una adolescente, y ella y su hermana se vieron arrastradas de vuelta a Grecia por su madre. Una madre que continuamente le recordaba sus complejos físicos. Y es que María era una niña con sobrepeso, miope y –según su madre– “poco femenina”.

Por eso, obsesionada con la figura de Audrey Hepburn, una vez alcanzó el éxito se sometió a una estricta dieta (hay quien dice que ingirió una solitaria), consiguiendo bajar de 110 kilos a 57, y convirtiéndose en símbolo de elegancia y distinción.

Su tórrido romance con su compatriota Aristóteles Onassis, por el que abandonó a su marido y los escenarios persiguiendo el deseo de estabilidad familiar que siempre la acompañó, supuso el inició de su declive. Se quedó embarazada, pero su bebé falleció poco después de nacer. Su voz comenzó a resentirse. Y descubrir por la prensa que su amor iba a casarse con Jacqueline Kennedy fue la puntilla. “Fue como recibir un golpe en la cabeza; horrible. Rezo a Dios para que me ayude a superar estos momentos”, dijo la Callas entonces.

Pasó sus últimos tres años en una tremenda y triste soledad. Sus amigos buscaban excusas para no visitarla y ella pagaba a sus sirvientes para que la acompañasen los fines de semana. Murió a los 53 años, en París, el 16 de septiembre de 1977, por una “crisis cardiaca”, según los datos oficiales, aunque son muchos los que creen que se trató de un suicidio.



  • DIVA

  • Teatros del Canal: C/ Cea Bermúdez, 1
  • HORARIOS: Miércoles, viernes, sábado y domingo, 19:00h.
  • FECHAS: Del 15 al 24 de enero  y del 10 al 21 de febrero de 2021
  • PRECIOS: De 9€ a 30
  • DURACIÓN: 90 minutos


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