Graduado en el conservatorio con matrícula de honor y convertido en primer bailarín del Ballet Nacional de España a edad temprana y en el coreógrafo más joven en firmar una obra del repertorio de la compañía titular española, ahora Antonio Najarro sustituirá a José Antonio Ruiz al frente de esa misma compañía a partir del 1 de septiembre y por cinco años. El artista vuelve así a una casa que conoce bien –estuvo en ella de 1997 a 2002–, pero que no se encuentra en su mejor momento, ni económico, ni creativo.

“Quiero mostrar al público la gran variedad de obras que forman parte de nuestro repertorio y, al mismo tiempo, la evolución técnica y artística que está viviendo la danza española en la actualidad», dice el bailarín y coreógrafo, para quien la calidad y el rigor de las producciones “no está reñida” con la modestia y el ahorro. En su opinión, “es cuestión de talento, imaginación, y de dar oportunidades”.

Artista galardonado y querido por toda la profesión por su seriedad y compromiso con el trabajo, este madrileño propone “una transición fluida y armónica en la que se integren todos los estilos de la danza española, así como potenciar la presencia de intérpretes y coreógrafos del género, combinando de forma equilibrada la recuperación de repertorio con la nueva creación. Contando, para ello, con figuras de prestigio y con la calidad de las generaciones actuales».

Colgar las zapatillas

Najarro, que pertenece a esa generación de intérpretes y creadores que ha podido disfrutar de la sabiduría de los grandes maestros y vivir al tiempo en carne propia el estallido de la ‘fusión de estilos’, fundó su propia compañía hace algo menos de una década. Sin embargo, ahora se tomará un descanso. “No encaja el acto de bailar y dirigir”, dice el bailarín.

Entre los galardones que ha recibido figuran el primer premio a la mejor coreografía en el VIII Certamen Coreográfico de Danza Española y Flamenco de Madrid; el primer premio al mejor coreógrafo en el I Certamen Internacional de Danza celebrado en el Teatro Central de Sevilla; la Medalla de Oro en los Juegos Olímpicos de Invierno de Salt Lake City 2002 con la coreografía Flamenco, para la pareja francesa de patinaje artístico sobre hielo Marina Anissina y Gwendal Peizerat; la Medalla de Oro en los Campeonatos del Mundo y Europeo con las coreografías Poeta y Otoño porteño, creadas para la estrella de patinaje artístico sobre hielo Stephane Lambiel; el Premio Arlequín al mejor joven coreógrafo 2009; y el Premio Max de las Artes Escénicas al mejor intérprete masculino de danza 2010.

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