Cuerpos que hablan

CRÍTICA DE Contraseña: Coquelicot

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Una tropa de seres anónimos puebla los espacios y los tiempos de un hotel. Se trata de un lugar inesperado pero conocido, por donde van desfilando las rutinas y las manías de los personajes. En todos ellos, el cuerpo se expresa a través de una danza cercana, que sugiere y sorprende al mismo tiempo al espectador, sin necesidad de recurrir a grandes efectos.

Todo eso es Contraseña: Coquelicot, de Granada Tanz Teatro, dirigido por Trinidad Castillo, un espectáculo que avanza con los motores del absurdo, el humor y la ternura. Con ellos, las vivencias en ese hotel (despertares, ratos de sueño, encuentros, soledades…) van cobrando vida danzada.

El estilo de esa danza es mixto: siempre dentro de lo contemporáneo, y con referencias evidentes a la maestra Pina Bausch, la coreografía de Castillo deja la puerta abierta tanto a la técnica más evidente como a momentos de flamenco o incluso baile de salón. En todo caso, en escena se entrecruzan los estilos y los motivos, y brillan con fuerza los números donde el espacio se reparte entre diferentes pasos y movimientos (simultáneos y compartidos).

Sólo la dramaturgia textual choca en ocasiones con el conjunto, al no acabar de encontrar el tono que acompaña al surrealismo onírico y vibrante de la danza. Porque allí donde Contraseña: Coquelicot acierta es precísamente en dar voz corporal a sus personajes, y conseguir que su lenguaje sea perfectamente transmisible al público. Aunque no se entienda, aunque no sea razonable, pero un lenguaje capaz de captar la atención de cualquiera que se pone delante.

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