Blanca Portillo planta cara
a dos grandes mitos

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©Elvira Herrera Representante

“Para mí es el año de las desmitificaciones de personajes muy delicados de tocar; así que, me puede caer por todas partes…”

Actriz todoterreno, con más de 30 años de profesión a sus espaldas, a Blanca Portillo le gusta correr riesgos. Su último reto ha sido enfrentarse a su primer monólogo: El testamento de María. Un texto del irlandés Colm Tóibín que ha levantado algunas ampollas entre los católicos devotos. Además, prepara una versión “desmitificadora” del Don Juan de Zorrilla, que no dejará a nadie indiferente.

Humanizar al mito

Te enfrentas a tu primer monólogo dando vida a uno de los pilares de la religión católica: la Virgen María, ¿te lo pensaste dos veces antes de aceptar el proyecto?
Cuando leí el texto, no lo dudé ni un segundo. Llame al director y le dije: “lo hago”, y cancelé lo que tenía. Nunca había hecho monólogos, porque no me gusta salir sola al escenario, prefiero encontrarme con la mirada de los compañeros, pero no podía dejar pasar un texto de este calibre; la posibilidad de hacer un ser humano tan real.

Agustí Villaronga se estrena como director teatral con esta función; ¿cómo ha sido ser su ‘conejillo de indias’?
Han sido horas de ensayo muy intensas, pero él siempre ha tenido las ideas muy claras y se ha mostrado generoso y cuidadoso conmigo. Es una persona con una sensibilidad maravillosa. Ha confiado mucho en mí, y lo he pasado muy bien trabajando con él: hemos llorado juntos, probado el vestuario juntos… Ha sido todo muy fácil.

Háblame de la María que interpretas.
Es muy hermoso ponerse en la piel de esta mujer. Habla de José con verdadero amor, como el hombre de su vida. Tiene un hijo al que adora. Pero, el niño se hace mayor, se marcha de casa, y regresa convertido en el líder de una secta, que se autoinmola por unas ideas que ella ni comparte ni entiende. Su impotencia, su dolor como madre, son infinitos. Ella reconoce que tuvo miedo, y que se equivocó. Y eso la humaniza y, a mis ojos, la convierte en algo más sagrado que si creemos o no en su inmaculada concepción.

¿Podría ser entendida como irreverente?
Sin duda. La función rompe con muchas de las teorías canónicas, y habrá quien interprete que tergiversamos la verdad. Porque la María de Tóibín no es la de los Evangelios. En ellos, es un sujeto pasivo, contemplativo, que apuesta por su hijo sin fisuras. Y este texto nos ofrece la posibilidad de ver la historia desde sus ojos, desde su dolor de madre. Y su dolor es tan real, se trata con tanta honestidad, que nadie debería sentirse ofendido, sino conmovido.

¿Qué respuesta has recibido del público que ha visto la función?
Sobrecogedora. Ha habido mucha emoción; incluso una mujer se desmayó al escuchar cómo María habla de la muerte de su hijo. Los cuatro días que estuvimos en el Grec tuve la sensación de que la gente daba la mano a María desde el principio y viajaba con ella, pasando por los mismos estados.

Desmitificando a Don Juan

También estás preparando un Don Juan, que estrenas este mes en Valladolid y llegará al Pavón en enero del año que viene. En este caso, eres la directora. Háblame de él.
Tenía ganas de abordar este personaje desde hace años, porque es algo muy nuestro, muy español, pero creo que tiene un lugar que no le corresponde. Nunca he podido entender cómo alguien así se ha convertido en un mito, en un abanderado del romanticismo y el amor. Siempre he pensado que es un ser absolutamente deleznable.Tenorio no es un héroe; es un modelo de destrucción, de falta de empatía, de crueldad… Es alguien que huye de su propio vacío, llevándose por delante todo aquello que se cruce en su camino. Es el vivo retrato del desprecio por todo y todos, y yo creo profundamente en el respeto a los demás; en valores morales y éticos que Tenorio destruye sistemáticamente. Y ya va siendo hora de que alguien le coloque en su sitio y dé a las mujeres el lugar que les corresponde. Así que el mío es un Don Juan desmitificador.

¿Quién se ha atrevido a encarnar a ese Don Juan “desmitificador”?
Necesitaba un actor que no tuviera ningún inconveniente en destruir el mito, que no se viera reflejado en ese personaje, y reconociera esos comportamientos como exaltados. Alguien que no pensase en hacer un Don Juan que sedujera al público, y he optado por José Luis García-Pérez, con el que ya trabajé en La avería. Está haciendo un gran trabajo; me mata cada vez que le veo ensayar. Es un actor con el que repetiría siempre, porque, además, tiene un compromiso ejemplar con el trabajo. No hay un solo día que no dé el 100%.

¿No temes que los amantes del Don Juan de Zorrilla te ‘crucifiquen’ como al hijo de María?
Creo que esta temporada me van a dar por todos lados… Es el año de las desmitificaciones, con personajes muy delicados de tocar. Así que, me puede caer por todas partes… Pero creo que el teatro es un lugar de debate, y yo sólo planteo lecturas distintas a las clásicas de dos personajes míticos: la Virgen María y Don Juan. Sólo quiero hacer reflexionar a la gente, no lo planteo como verdades absolutas. Yo respeto a los que piensan de otra manera, y espero que hagan lo mismo conmigo.


El rostro más humano de la Virgen

El testamento de María es una audaz revisión de la figura de la madre de Jesús de Nazaret. El montaje, basado en la novela de Colm Tóibín, nos presenta a una mujer de campo sencilla, que, ya mayor, revive los fantasmas del pasado desde su exilio en Éfeso, mostrando todo un caleidoscopio de emociones. Ella “no entiende por qué su único hijo le es arrebatado por una decisión divina que no comprende, y por un terrible odio humano que le inflinge el mayor de los dolores al clavarlo en la cruz”, demostrándonos que “detrás del icono cristiano de la Virgen hay un ser humano”: María de Nazaret, apunta Villaronga.



  • EL TESTAMENTO DE MARÍA
  • Teatro Valle-Inclán: Plaza de Lavapiés, s/n
  • HORARIOS: Martes a sábado, 19:00h. Domingos, 18:00h.
  • FECHAS: Del 19 de noviembre al 21 de diciembre de 2014
  • PRECIOS: De 24


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