Arturo Querejeta personifica la crueldad con su Ricardo III

Ricardo III

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Arturo Querejeta caracterizado como Ricardo III.

“No he sido un actor vocacional, sólo me fui dejando calar por la magia del teatro”

Se ha enfrentado a cuatro Shakespeare en los últimos años. Junto a Noviembre Teatro, Arturo Querejeta ha dado vida al rey Claudio en Hamlet; a Feste en Noche de Reyes; a Yago en Otelo; y a Shylock en El mercader de Venecia. Y, ahora, este actor logroñés se mete en la piel del personaje más cruel y abyecto creado por el Bardo. De nuevo a las órdenes de Eduardo Vasco, se convierte en Ricardo III.

El papel más difícil

Es tu quinto Shakespeare, ¿dirías que es tu dramaturgo fetiche?
Shakespeare siempre es un seguro de vida para un actor, porque cualquiera de sus frases responde a las preguntas fundamentales que los hombres nos hacemos desde que el mundo es mundo: el poder, el amor, la muerte, por qué estamos aquí, por qué somos finitos, cuál es el sentido de todo esto… Por eso es un clásico. Pero esto también tiene una contrapartida, y es la responsabilidad de estar a la altura de la belleza de sus textos y de las situaciones tan radicales que plantea.

¿Qué te supone respirar con Ricardo III?
Ha sido difícil llegar a un encuentro con él, porque es un cabrón con pintas, un ser vengativo y un cínico brutal. Es el culmen del comportamiento cruel y despiadado. No tiene luces, todo son sombras, e indagar en los comportamientos más abyectos de la naturaleza humana tiene sus dificultades y riesgos. Y a esto hay que añadir la composición física del personaje, que es un hombre tullido y mal formado, y eso me exige estar muy en forma.

¿Cómo se mete uno en la piel de alguien así?
Para defender este personaje hay que creer en la maldad, y ahí entrar a saco en el personaje y respirar con él. Y si para eso hay que desgranar los comportamientos más horripilantes del ser humano, se hace. Es mi trabajo. Aunque éste me deja agotado física y mentalmente, como hacía mucho tiempo que no me pasaba.

En tu carrera sobre las tablas pesan más los personajes clásicos, ¿por qué?
Avatares de la vida… A lo largo de mi carrera profesional he hecho prácticamente de todo. Empecé haciendo los textos más contemporáneos y vanguardistas (Brecht, Strindberg, Tennessee Williams, Beckett); he hecho comedia musical; y llegué a trabajar con Lina Morgan. De hecho, fui su último partener, en Celeste no es un color. Y en ésas estaba cuando se cruzó en mi vida Adolfo Marsillach, en 1992, y me fui con él a la Compañía Nacional de Teatro Clásico, donde estuve hasta el 96, cuando él se marchó y nos echaron a todos. Pero él me abrió las puertas a un mundo que creía trasnochado, y que resultó todo lo contrario, porque me dio las herramientas profesionales para enfrentarme a cualquier personaje.

¿Te resulta fácil pasar de un personaje a otro?
Gracias a la técnica y el oficio soy capaz de dejar al personaje en la puerta del camerino. Y en mi vida normal me gusta pasar desapercibido, no quiero glamur ni alharacas. Así que no hace falta que me deje el sueldo en el psiquiatra (risas).

¿Cuándo supiste que querías ser actor?
No puedo decir que haya sido un actor vocacional, sólo me fui dejando calar por la magia del teatro. Empecé estudiando Biología, antes de pasarme a Sociología (de la que tengo pendientes tres asignaturas). Y en el CEU, donde comencé a estudiar COU, había todo tipo de actividades culturales. Yo tenía un grupo musical; presentaba festivales de música; escribía en el fanzine; cantaba en el coro; y también me metí en el grupo de teatro. Pero no quise entrar en el TEI (Teatro Experimental Independiente) –lo que ahora es Laboratorio Layton–, hasta que no estuve en segundo de carrera, y porque Carlos Hipólito, que es como un hermano, me insistió. Después, empecé con Teatro Libre de Madrid, y hasta hoy.

¿Y qué pasó con la música?
De vez en cuando cojo la guitarra y me da mucha melancolía, pero no paso de ahí. Aunque, si no se hubiera cruzado ese grupo de teatro en mi vida, en el que coincidí con Verónica Forqué e Hipólito, muy posiblemente hubiera sido músico, porque tenía facilidad con la guitarra y no entonaba mal.

¿Por dónde van tus gustos musicales?
Tengo dos pasiones que últimamente cultivo poco: el jazz y el flamenco. Aunque prácticamente escucho todo tipo de música, cualquier género o estilo. Gracias a Eduardo Vasco, me he aficionado a la música clásica, y, por la generación a la que pertenezco, me gustan Bob Dylan, Leonard Cohen, Jimi Hendrix, Janis Joplin, los Beatles, y por supuesto, los reyes del mambo, sus satánicas majestades: los Rolling Stones. Además de cantautores como Serrat, o mi adorado Ovidi Montllor.

¿Y qué opinas de que le hayan dado el Nobel de Literatura a Dylan?
Me parece un acierto. Creo que es un acicate, el reconocimiento a un mundo creativo que también existe, porque las letras de Dylan son pura poesía, y están en el imaginario de miles de personas de distintas generaciones.

¿Qué otras aficiones tienes?
Ya no pertenezco al mundanal ruido de la urbe, y aunque he sido un noctívago empedernido y he corrido la noche madrileña de cabo a rabo, he llegado a una edad en la que debo retirarme poco a poco. Ahora intento escaparme el mayor tiempo posible a Denia o Cerler con mi mujer, Paola. Y me gusta pasear por la playa solo y escuchar el silencio, porque me calma el espíritu.


De partener de Lina Morgan… a paladín de Shakespeare

Abandonó a Lina Morgan por Adolfo Marsillach, y cambió la comedia por el clásico. Fue a principios de los noventa del siglo pasado, y en los más de 70 montajes que acumula en su carrera ha dado vida a personajes de Lope, Calderón, Tirso, Zorrilla, Molière y Cervantes, e interpretado textos contemporáneos de Baroja, Darío Fo, Neil Simon, Alonso de Santos, Peter Shaffer, Agatha Christie, Alonso Millán, y del propio Marsillach. Aunque desde hace unos años parece haberse ‘especializado’ en Shakespeare, un autor del que acumula cinco montajes prácticamente consecutivos.

Ahora compagina el Ricardo III que ahora llega al Español, con la gira de La ruta de Don Quijote, de Azorín, también con Noviembre Teatro, y la grabación de la serie de televisión Amar es para siempre, en la que interpreta al padre Argimiro, un personaje al que dice estar cogiéndole “mucho cariño”.



  • RICARDO III
  • Teatro Español: C/ Príncipe, 25
  • HORARIOS: Martes a sábado, 20:00h. Domingos, 19:00h. 
  • FECHAS: Del1 de diciembre de 2016 al 15 de enero de 2017
  • PRECIOS: De 5€ a 22


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