• El “descalabro” pandémico pilló al dramaturgo, poeta y actor Álvaro Tato en pleno auge de giras, que vuelve a retomar tras un confinamiento que le ha servido para centrarse en la escritura y alumbrar varios textos.


Todas hieren y una mata, Andanzas y entremeses de Juan Rana, y Ariadna, son los títulos de los tres montajes que tenía en marcha cuando se declaró el estado de alarma y se cancelaron todas las funciones. Y aunque en lo laboral sabe que se avecinan “días duros, con dificultades desconocidas en temas de financiación, programación de salas y recuperación de público”, prefiere adoptar una postura estoica y “mantener la ilusión intacta”.

El teatro es ahora más necesario y urgente que nunca. Tanto los artistas como el público estamos deseando volver a vivir esa experiencia compartida. Sólo hay que redefinir las reglas”, afirma Álvaro Tato.

Y la realidad parece darle la razón. De momento, mascarillas y geles hidroalcohólicos se imponen en los festivales veraniegos, junto a la distancia de seguridad y la consecuente reducción de aforo. Sin embargo, todas estas citas estivales para los amantes de las artes escénicas están agotando entradas.

Preparando el equipaje

En varias de ellas podremos encontrarle con sus compañeros de Ron Lalá. Gracias a su “rebelde” Juan Rana (montaje en el que sólo firma la dramaturgia y, por primera vez, no pisa el escenario), entre julio y agosto Tato volverá a pasear, “como espectador”, por las adoquinadas calles de Almagro, y visitará de nuevo Olmedo y la ciudad medieval de Olite.

“Vuelvo a hacer las maletas que tuve que guardar con la declaración del estado de alarma”, comenta feliz este artista, que está “deseando volver a sentir el milagro veraniego de un festival”.

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Con su compañero Yayo Cáceres el año pasado en Almagro, donde presentaron «Todas hieren y una mata».

Sin embargo, todavía no sabe qué rumbo tomará Ariadna, su segunda colaboración creativa con la bailaora Rafaela Carrasco, tras el éxito internacional de Nacida sombra. El dramaturgo había vuelto a prestarle su pluma para crear este viaje flamenco al mito griego de la princesa cretense y el laberinto del minotauro, que “despegó” en febrero, abriendo la 24ª edición del Festival de Jerez, pero se frenó en seco.

Y lo mismo le ocurrió a la “exitosa gira” de Todas hieren y una mata. Esta comedia de capa y espada con viajes en el tiempo, que escribió imitando la métrica de Lope, supone el segundo proyecto de Ay Teatro, la productora en la que participa con Yayo Cáceres y Emilia Yagüe, y llevaba un año de bolos por el país, que ahora intentan retomar de nuevo.

Además, en su cabeza bullen ya nuevos proyectos. Y es que dice que su confinamiento ha sido “muy alumbrador e intenso”. Ha seguido impartiendo clases online en el master de creación teatral que dirige Juan Mayorga en la Universidad Carlos III, y haciendo disfrutar a sus fans con recitales poéticos y canciones improvisadas junto al resto de ronlaleros bajo el paraguas Ron Lalá te toca. Y aún ha tenido tiempo para crear una versión de Edipo rey para Ay Teatro, que cree “es el espejo de lo que nos ha pasado, y nos da una lección maravillosa como colectivo: cómo responder de manera empática a una situación terrible”.

Y también ha podido terminar un nuevo libro de poesía, Año luz, con sonetos sobre la vida, el tiempo, la resistencia y el coraje (“lo que ahora llaman resiliencia”), que “llevaba dos años preparando”, y espera publicar con Ediciones Hiperión antes de que finalice 2020, porque –dice– “éste es el mejor momento para hablar poéticamente de lo que significa resistir”.

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