Aitana Sánchez-Gijón conecta
con su raíz italiana

La rosa tatuada

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©Antonio Castro

“Piso el escenario con fuerza
porque me siento como en casa”

Últimamente ha tenido que hacer sitio en casa para la colección de premios recibidos por la Medea que ha estado interpretando a las órdenes de Andrés Lima desde abril de 2015. El más reciente, un Max, que se suma al Ceres 2015 del Festival de Mérida, al Fotogramas de Plata, al Premio Ercilla, y a un Valle-Inclán que se le había resistido en cuatro ocasiones anteriores.

Con ese “chute de autoestima” que le suponen estos reconocimientos, la actriz, nacida en Roma, conecta con sus raíces italianas para dar vida a Serafina Delle Rose, la costurera siciliana que protagoniza La rosa tatuada, de Tennessee Williams.

Abriéndose a la vida

¿Cómo definirías esta función?
Es una inyección de vida y optimismo. Creo que es la obra más vitalista de Williams, quien en el momento de escribirla estaba enamorado, y eso se nota muchísimo en la función. Por eso él se la dedicó a todos los corazones solitarios y encerrados en sí mismos que necesitan salir de su jaula.

Con Roberto Enríquez en «La rosa tatuada». ©David Ruano

Serafina Delle Rose, ¿es uno de esos corazones enjaulados?
Sí, es una mujer que ha decidido encerrarse en vida tras la muerte de su hombre. Y toda su vida gira alrededor de ese duelo y ese encierro, hasta el punto de que encierra con ella a su hija y no le permite descubrir el amor, ni vivir la vida. Pero el impulso vital es mucho más fuerte que el impulso de muerte, y acaba aflorando y sacándola de esa jaula, para explotar las ganas de vivir y disfrutar de la vida.

Después de la atormentada Medea que has representado hasta hace poco, ¿qué supone para ti este personaje?
Es justo lo que necesitaba. Esta costurera siciliana de armas tomar es un regalo que me conecta con mi raíz italiana. Me siento muy cómoda en la piel de esta mujer exagerada, poderosísima y muy contradictoria. Un huracán que no tiene término medio, que estalla de repente, y va de cero a cien en un segundo porque no procesa las cosas: de la risa al llanto, de la agresión física al desmorone sin solución de continuidad.

Es la primera vez que trabajas a las órdenes de Carme Portaceli, ¿cómo ha sido el encuentro entre actriz y directora?
Muy feliz, porque Carme es una directora que respeta muchísimo los procesos de cada uno de sus actores. Tiene muy claro dónde quiere llegar, pero no fuerza nada. Además, me gusta mucho cómo ha despojado de costumbrismo la función y cómo ha ido a lo esencial, sacando el máximo partido al sentido del humor y ofreciéndole musicalidad. Este montaje está siendo una fiesta.

Te iniciaste en el teatro a los 8 años, y a los 13 ya estabas de gira con La Barraca, ¿cómo surgió en ti ese ‘veneno’?
Desde el primer momento en que puse un pie en los talleres de teatro de María Galleta supe que quería ser actriz. Y mis padres me apoyaron en todo. Me aconsejaron que me lo tomase en serio, que fuese disciplinada y me preparase para esta profesión. Por eso empecé a dar clases de interpretación con Alicia Hermida, y me preparé físicamente con clases de baile.

Alba Flores también sube al escenario con ella en la obra de Williams. ©David Ruano

¿Qué sientes cuando te subes a un escenario?
Ha pasado de ser algo que me daba vértigo y me ponía al límite de mi miedo, a convertirse en un juego que me produce mucho placer. Aún recuerdo mis comienzos con La Barraca, entre cajas, teniendo que decir mi primera frase como Julianito en El maleficio de la mariposa, de Lorca, y aunque no salía al escenario, notaba que se me salía el corazón por la boca. Sentía pánico escénico y sólo tenía que decir dos frases entre cajas… ¡¡Imagínate!! Pero ahora piso el escenario con fuerza; me siento como en casa.

¿Madurez profesional?
Supongo que sí. Ahora soy muy consciente de mis capacidades y límites. Cada vez tengo menos miedo a hacer el ridículo, a equivocarme. Empiezo a ser libre trabajando porque conozco muy bien mi instrumento y creo que está más afinado.

Hablando de madurez: ¿Has tenido dificultades para encontrar papeles interesantes a partir de los cuarenta, como denuncian algunas compañeras?
En el teatro, no. Afortunadamente, aquí cada vez me llegan personajes más complejos, profundos y potentes, y espero que siga así durante mucho tiempo. En televisión parece que las cosas están cambiando y, quizá siguiendo la estela de series extranjeras, están surgiendo personajes femeninos muy interesantes. Pero en cine sí existe esa frontera en la que las actrices españolas pasamos de ser el objeto de deseo (hasta los 35), a ser la madre del objeto de deseo. A mí me pasó al reincoporarme al trabajo tras tener a mi segunda hija. Tenía 35 años y me ofrecieron una película en la que la actriz que interpretaba a mi hija tenía 27… Entre los 35 y los 50 años, la industria cinematográfica española no sabe qué hacer con nosotras<; no hay papeles interesantes como en otros países…

¿Qué consejo darías a los que empiezan en la profesión?
Les daría aliento, ánimo, porque sé que cuando te entra el gusanillo y el veneno de ser actor no hay nada que te lo saque del cuerpo. Por eso deben prepararse, tener siempre el instrumento bien preparado, y confiar.


Nacida para brillar

No se imagina haciendo algo que no sea actuar. “Nunca me he visto trabajando de otra cosa que no fuera como actriz”, dice. Y su trayectoria profesional y palmarés parecen demostrar que no se equivocó cuando, siendo tan sólo una niña, supo que quería dedicarse a la interpretación.

Debutó profesionalmente a los 16 años en la serie de TVE Segunda enseñanza, de Pedro Masó, e interpretando en el teatro a una funambulista ciega en La gran pirueta, dirigida por José Luis Alonso Mañés. Y tiene a sus espaldas más de 40 películas, una Concha de Plata, la Medalla de Oro de la Academia de Cine, un Premio de la Unión de Actores, tres Fotogramas de Plata, un Premio Ercilla, un Max y el Valle-Inclán, entre otros galardones.

Tras siete años alejada del Séptimo Arte, en octubre comenzará el rodaje, en Vietnam, de una historia de tres mujeres, dirigida por otra mujer: Patricia Ferreira, junto a Carmen Machi, Adriana Ozores y Dani Rovira.



  • LA ROSA TATUADA
  • Teatro María Guerrero: C/ Tamayo y Baus, 4
  • HORARIOS: Martes a sábado, 20:30h. Domingos, 19:30h. 
  • FECHAS: Del 29 de abril al 19 de junio de 2016
  • PRECIOS: De 5,50€ a 24


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