• Ilusión, esperanza y perseverancia son las tres herramientas que ha empleado Alberto Conejero para conseguir que la 38ª edición del Festival de Otoño vea la luz del 12 al 29 de noviembre.


Al dramaturgo jienense le ha tocado estrenarse como director de esta importante cita escénica en un año convulso, marcado por la incertidumbre y la crisis sanitaria y económica que ha traído la COVID-19. Y su “gran reto” ha sido que este festival se celebrara pese a todo, aunque haya tenido que hacer más de una docena de programaciones distintas y crear una “ventana online”, donde el público podrá disfrutar, en streaming y a la carta, de más de una veintena de los espectáculos en programa.

“Somos conscientes de que quizá sea la edición más frágil, pero también la más necesaria para sostener el sector y permitir que la ciudadanía tenga acceso a la cultura. Porque en estos momentos tan delicados, el teatro, la danza, la poesía… las artes en general, son esas linternas que encendemos para tratar de ver en la oscuridad”, afirma Conejero.

Resistencia creativa

Así, en lo que la consejera de Cultura de la Comunidad de Madrid, Marta Rivera de la Cruz, ha denominado “una forma de resistencia cívica al caos que ha entrado en nuestras vidas”, la 38 edición del Festival de Otoño ha conseguido reunir a artistas de nueve nacionalidades, tendrá presencia en varios municipios de la región, y ofrecerá 21 estrenos absolutos, además de nuevas fórmulas “a prueba de COVID”, como las iniciativas Confín, Pictura Fulgens y Dramaturgias Transmedia, en las que “participan más de una treintena de creadores”.

Teo Lucadamo, Cecilia Freire, Juan Blanco, Goizalde Núñez, Olalla Hernández y Jorge Usón protagonizan «El salto de Darwin».

En “una firme apuesta por la creación local”, el festival coproducirá varios espectáculos, como lo nuevo de La Estampida: La cresta de la ola, un “thriller apocalíptico” que firma y dirige José Troncoso. O la nueva pieza del tándem teatral formado por el dramaturgo José Manuel Mora y la directora, actriz y coreógrafa Carlota Ferrer, que “aborda los misterios de la creación y la espiritualidad en el arte”, bajo el título Preguntando al universo.

También podremos disfrutar de la nueva experiencia de teatro inmersivo de Grumelot, que en La lámpara maravillosa nos invita a maridar a Valle-Inclán con un recorrido por distintos paisajes de la región, en un espectáculo “itinerante y motorizado”, que podrá disfrutarse montado en un coche conducido por un actor, o de forma virtual.

Otra interesante experiencia es la que ofrecen los catalanes cabosanroque en Demonios, una instalación con música experimental en la que recrean la casa de oración donde el poeta Jacint Verdaguer celebraba exorcismos, por la que el público podrá pasear libremente y modificar la dramaturgia sonora.

En el cartel nacional se dan cita también la danza experimental de Amalia Fernández y Juan Domínguez, dos autoridades que repasan 14 años de trayectoria en Entre tú y yo; y el estreno absoluto de la última creación del coreógrafo y bailarín Daniel Abreu, con El hijo.

Consuelo Trujillo y Pau Aran en «Lettre d’Amour». ©Jordi Vidal

De Latinoamáerica llega el teatro documental y siempre comprometido de Lagartijas Tiradas al Sol con Tiburón. Y El salto de Darwin, del dramaturgo Sergio Blanco, nos invita a viajar por la Argentina de 1982 acompañando a cinco personajes y un espectro, dirigidos por Natalia Menéndez.

La dramaturgia contemporánea española se tiñe de ironía con la irreverente troupe de José y sus Hermanas, que en Explore el jardín de los Cárpatos dirige su ácida mirada hacia el turismo. Y más comedia, en este caso musical, es la que ofrece Teatro en Vilo con Hoy puede ser mi gran noche.

Enfrentando fantasmas

La crítica llega de la mano de El Conde de Torrefiel y los seres sin rostro que habitan su celebrada La plaza. Así como del colectivo catalán Atresbandes, que en tándem creativo con los británicos Bertrand Lesca & Nasi Voutsas tratan la intolerancia en It Don’t Worry Me.

De “empoderamiento por lo verde” habla María Velasco en su debut en el festival con su nuevo espectáculo: Talaré a los hombres de sobre la faz de la tierra.

Àlex Rigola aborda la muerte de un modo luminoso en Un país para descubrir de cuyos confines no regresa ningún viajero. Como también lo hace, esta vez desde el folclore y la celebración de la vida, Luz Arcas y su compañía La Phármaco en Toná.

«La plaza», de El Conde de Torrefiel. ©Bruno Simao

La inclasificable Angélica Lidell se enfrenta a los fantasmas de la locura y la enfermedad en la pieza Una costilla sobre la mesaMadre, donde narra la enfermedad terminal de su progenitora, con alzheimer.

En Lettre d’amour, Pau Aran baila y Consuelo Trujillo declama, en una pieza con dramaturgia de Conejero que nos acerca al universo del poeta y pintor peruano César Moro. Mientras que la veterana actriz belga Viviane de Muynck y el creador Jan Lauwers, líder de Needcompany, comparten su pasión por James Joyce llevando a escena el monólogo interior de la esposa del protagonista de Ulises en Molly Bloom. Además, los argentinos La Columna Durruti nos descubren la desconocida faceta humorística del filósofo Karl Marx en Escorpión y Félix.

El teatro de objetos hace su aparición con una de las compañías referentes del género en la escena internacional, Oligor y Microscopía, y su Melancolía del turista; y con M.A.R., de la artista madrileña Andrea Díaz Reboredo.

Finalmente, el libanés Wajdi Mouawad no podrá estrenarse en el certamen a causa de las restricciones internacionales de movilidad derivadas de la COVID-19, pero el festival ha impulsado la publicación en castellano del texto con el que iba a presentarse. Y, gracias a la editorial La Uña RotaTous des oiseaux (Todas las aves), sobre el destino imposible de dos amantes (ella árabe, él israelí) atrapados en la locura de una guerra sinfín, será presentado al público con un encuentro virtual.

«Tous des oiseaux», de Wajdi Mouawad. Uno de los espectáculos que, finalmente, no podremos ver. ©Simon Gosselin

También se pondrá a disposición del público, vía online y en abierto, la grabación del espectáculo ION, de Christos Papadopoulos, que tampoco podrá disfrutarse en directo por las restricciones de movilidad.

Plan anti COVID-19

El festival completa su oferta con un programa de “actividades transversales”, como Confín, que ofrece “diez micropiezas creadas en el confinamiento, que indagan sobre la situación vivida”. O Dramaturgias Transmedia, donde Antonio Rojano, Belén Santa-Olalla, y el tándem formado por Rocío Bello y Javier Hernando, han escrito “tres historias que el espectador puede seguir desde diferentes canales, invitándole a que elija su propia aventura siguiendo un cronograma”.

Además, en el Museo del Prado “se producirá el encuentro entre poesía, cuerpo y pintura” en una actividad denominada Pictura Fulgens. Y esta gran pinacoteca también acogerá una actividad pensada para familias con niños de 5 a 9 años: Revoloteando por el Prado, donde los cuadros cobrarán vida protagonizados por los asistentes.


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