Dirigida por Manuel Iborra, su pareja sentimental en la vida real, Verónica Forqué hace suyo el personaje de Shirley Valentine, un ama de casa de Liverpool que vislumbra, al filo de la cincuentena, que existe vida más allá de su cocina.

La actriz, que se enfrenta sola a un escenario por primera vez (“antes sólo había hecho algún monólogo de El Club de la Comedia”, aclara), se ha marcado un reto: “no aburrir al espectador”. Así, ‘La Forqué’ nos va descubriendo su personaje desde la prisión en la que se ha convertido la cocina de su casa. Y lo hace a través de las confesiones que Shirley le hace a la pared, su mejor amiga en los últimos años, y la única que sabe de sus penas.

Confesiones

Se casó por amor, pero su marido resultó autoritario, machista, maniático y egoísta. Tiene dos hijos adultos que le han salido un poco ‘rana’; no sabe lo que es el clítorix; ha dejado de lado su sueño de ser azafata y viajar por atender a su familia; y comienza a darse cuenta de que “no es feliz; y se rebela”, dice Forqué.

Así, decide aceptar la invitación de una amiga, divorciada y feminista, a pasar quince días en una isla griega. Toda “una revolución para ella”, pero que hará que vuelva a “sentirse viva”.

Escrita por el británico Willy Russel (Hermanos de sangre), Shirley Valentine “tiene todos los ingredientes para hacernos reír, pensar, y emocionarnos, tratando de que comprendamos a esa mujer que quiere ser ella misma y libre”, afirma Nacho Artime, el adaptador de la obra. Él está convencido de que el papel está hecho a medida para Forqué. “Es como si el autor la conociese de toda la vida y escribiera para ella”, asegura.

No pensó lo mismo Manuel Iborra cuando le ofrecieron dirigir a su pareja en este montaje. “Pensé que no me iba la historia, pero conforme la iba leyendo, me fui enamorando de Shirley. Quizá fue la inocencia y resignación con la que aceptaba su gris destino, quizá fue la ilusión que despertaban en ella unas simples vacaciones en Grecia, quizá fue que las frustraciones de Shirley podían ser las mías… Me atrapó; me reí mucho y, he de confesarlo, eché alguna lágrima”, se sincera el director, quien dice que esta función está escrita “para todos los que soñamos que siempre hay una vida mejor”.

21 COMENTARIOS

  1. Nunca me pongo delantal por que mi marido ya lo hace para prepararme la comida todos los dias, así que en esta ocasión me lo pondría para recompenarle de manera “muy especial”

  2. Me pondría un delantal para hacer una comida rica a mis amigos. Lo ideal sería hacerlo acompañado de Shirley, ¡seguro que se me pasa el tiempo volando y no me aburro!

  3. Me pondría un delantal para subir al escenario, compartir cartel con Verónica y cumplir así mi sueño de ser actor jejee Y ahora volviendo a la realidad, la verdad que me lo pongo todos los días a la hora de cenar, odio salpicarme y soy bastante patoso en la cocina, asi que siempre lo tengo puesto 🙂

  4. Me pondría el delantal por mi cantante favorito desde hace más de 20 años: Sergio Dalma. Le prepararía uno de mis postres que me salen requetebien y seguro que se chuparía los dedos.

  5. Yo me pondría el delantal, porque Verónica Forqué me encanta y seguro que a través de ella intentaría conocer a Shirley haciendo alguna maravilla en el Maravillas.

  6. Pues yo le pondría el delantal a mi marido, que nunca le da tiempo a ponérselo porque para él tardar mas en cocinar que en comerse la comida no tiene sentido, así que si por él fuera sólo comería huevos fritos!!! 😉

  7. EL CONCURSO HA QUEDADO CERRADO!!!! Y si las cuentas no nos fallan, los comentarios que tienen más votos positivos son el número 1, escrito por María Ardevinez Montes, con 6; el número 6, de Merche Rivera Gil con 3; el número 8, de Miguel Lorenzo, con 4; el de Paco, número 9, con 6; y el número 11, de Luis, con 4.

    En breve os enviaremos un correo al e-mail desde el que habéis escrito el comentario, para deciros cómo y dónde recoger las entradas.

    A disfrutarlas!!!!!

  8. Yo me pondría el delantal, como soy de pueblo, para hacerle unas buenas gachas de harina de almortas a nuestra Shirley Temple, digo Shirley Valentine… digo a nuestra Verónica Forqué, nuestra Pequeña-Gran Coronela !!

  9. “Shirley Valentine” de Willy Russel Dirección de Manuel Iborra y adaptación de Nacho Artime. Teatro Maravillas
    Vuelve con gran fortuna a Madrid esta obra que ya estuvo en cartel en el Teatro Bellas Artes en 1992 protagonizada en aquella ocasión por Esperanza Roy, versión de Concha Alonso y con dirección de Javier Aguirre.
    La obra fue un encargo del Everyman Theatre de Liverpool a Willy Russel aunque no se estrenó hasta el 1986. A partir de ahí pasó al West End Londinense, en 1989 se haría la película protagonizada por Pauline Collins que también sería la actriz encargada de encarnar a Shirley en el estreno en Broadway en 1990.
    Si uno va a ver este monólogo sin conocer la obra o bien por la película o por otra versión teatral, como era mi caso, es posible que la primera impresión que se lleve al ver la escenografía, vestuario y primeras frases de Verónica Forqué sea la de que va a asistir a un trabajo de corte costumbrista cuyo contenido posiblemente ha quedado un poco anticuado. Nada más lejos de la realidad. Es cierto que la obra se desarrolla en un espacio geográfico concreto, en un barrio de clase trabajadora de Liverpool en la década de los setenta, pero los problemas a los que se enfrenta Shirley son universales: la soledad acompañada, la monotonía que toma el control de nuestra existencia, el bloqueo que nos impide escapar de esa situación, la sensación de que estamos desperdiciando el tiempo con la única vía de escape de soñar que tal vez algún día pase algo que nos saque de esa dinámica de infelicidad y astenia vital.
    Por eso, mucho más que los chascarrillos, por muy simpáticos que estos sean, como el del desconocimiento de la existencia del clítoris, yo creo que el verdadero valor de la obra está en las reflexiones de Shirley, quien a fuerza de hablar con la pared, estupenda metáfora de la soledad, ha pasado de la ingenuidad acomodaticia, del dejarse llevar a una sabia actitud de rebeldía ante una vida gris llena de insatisfacciones. Shirley va a sufrir una metamorfosis, es una oruga que va a transformarse en mariposa y va a volar y en ese proceso nos va a enseñar lecciones como la importancia de la imagen de nosotros mismos que proyectamos al resto o la necesidad de la autonomía para el crecimiento personal, al fin y al cabo la mariposa se hace mariposa por sí misma, sin que nadie le ayude a salir de la crisálida.
    No se podría haber pensado en nadie mejor que Verónica Forqué para este viaje (físico y simbólico). La Forqué se ha encarnado en Shirley y la ha hecho suya. Controla absolutamente cada estado de ánimo que contagia a los espectadores con total facilidad, desde la vulnerabilidad al sentido del humor, su vía de escape, desde la reflexión melancólica a la ensoñación esperanzada. Desde la privilegiada posición que le da el dominio del papel y del personaje hace lo que quiere con el público, con un movimiento de ojos nos hace reír, con un silencio emocionar. Siempre cómplice, sabe que está hablando de emociones que muchos en el patio de butacas vamos a entender, si no a compartir. Encantadora en todo momento interpreta con la cercanía de una amiga que nos está contando sus tribulaciones, se muestra cómoda y cómplice sincerándose con nosotros y compartiendo con el público las divertidísimas anécdotas que le van ocurriendo durante la obra.
    En resumen, un gran acierto en la adaptación de la obra, una magnífica dirección por parte de Manuel Iborra que ha acertado totalmente sabiendo cuándo subrayar un gesto o una palabra para reforzar el sentido texto y una interpretación maravillosa de esta actriz tan querida por el público. Realmente si se quiere pasar un rato divertido pero, además, enriquecido con muy buena y sana reflexión no se debería dejar pasar esta obra.

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