Verónica Echegui muestra su lado más ingenuo y tierno

La strada

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Caracterizada como Gelsomina para la promoción de "La strada". ©Sergio Parra

“Sobre el escenario me siento feliz, completa. Soy capaz de hacer cosas que no esperaba de mí”

Estamos acostumbrados a verla en la gran pantalla, pero esta actriz madrileña, que siente “querencia” por los escenarios, llevaba mucho tiempo suspirando por subirse a uno de nuevo. Tras participar en el polémico Infierno de Tomaž Pandur en 2010, sólo había vuelto a pisar las tablas la temporada pasada, con El amante, de Pinter. Y ahora se estrena como protagonista de la versión teatral de la oscarizada película de Fellini La strada.

fuegos artificiales

¿Qué supone para ti enfrentarse a uno de los personajes más carismáticos de Fellini?
Es una de mis películas favoritas y un personaje del que estoy enamorada. Así que, para mí, esto ha sido un REGALO con mayúsculas. Cuando me llegó el libreto empezaron los nervios por las ganas que tenía de hacerlo, y al leerlo sentí fuegos artificiales dentro. Es un personaje que me impone mucho, pero me puede el amor que le tengo.

En una escena de la función.

¿Cómo es esa Gelsomina que te ha enamorado?
Lleva innatas la curiosidad, la pasión y una inocencia que enamoran. Es como una página en blanco, que empieza a descubrir el mundo a partir del momento en que su madre la vende a Zampanó e inicia la vida a su lado. Además, creo que tiene una inteligencia espiritual tremenda. Es un ser de luz con preguntas existenciales muy potentes. Lo que no tiene son habilidades sociales.

¿Qué compartes con ella?
Una porción de ingenuidad, que también traigo de serie, y su curiosidad innata. Y, como ella, también comprendo y comparto el dolor. Por lo demás, somos bastante distintas, y eso es lo más bonito de enfrentarme a este papel.

¿Te ha descubierto aspectos de ti que desconocías?
Me ha hecho estar más en contacto con la niña que fui y recuperar ese mirar por primera vez. También me ha enseñado que pienso demasiado y debo dejarme llevar y aceptar mi parte más torpe y esas cosas de mí que menos me gustan. A través de ella me estoy abrazando más, con mis virtudes y defectos.

¿Qué temas sube a la palestra esta función?
Creo que es un retrato muy actual, que habla de las consecuencias de la brutalidad, de seres que no saben cómo querer y destruyen sus vidas y las de los que les rodean. Son analfabetos emocionales, que nos muestran cómo el desconocimiento y la ignorancia arrasan y destruyen lo más bello que como seres humanos podemos ofrecer.

¿Cómo se relaciona Gelsomina con los otros personajes?
Zampanó la maltrata, pero le quiere como un perro a su dueño, porque no tiene a nadie más, y quizá también porque ha visto algo en él con lo que empatiza. Su relación es de amor-odio, una constante contradicción. Mientras que El loco es para ella la magia, la luz que le da esa razón para existir que busca, la posibilidad de ser querida.

Con Alberto Iglesias (El loco) y Alfonso Lara (Zampanó) en el montaje que dirige Mario Gas.

¿Qué supone el teatro para ti?
Es una especie de burbuja en la que protegerme del ritmo frenético que llevo fuera. Sobre el escenario me siento feliz, completa, no me preocupo por nada y me dejo llevar. Allí he descubierto que soy capaz de hacer cosas que no esperaba de mí, porque el teatro me aporta mayor solidez, y me da nuevas herramientas para trabajar y hacer más cosas con mi voz y mi cuerpo, para saber manejar el espacio. Además, cuando acudo como espectadora, siento la necesidad irrefrenable de subirme al escenario, siento ese fuego que me quema por dentro, esa querencia.

Si escribieses un personaje para ti, ¿cómo sería?
Gelsomina se parece mucho al ideal de lo que me gustaría interpretar, y ya estoy en ello. En general, me fascinan los personajes al límite, los que viven en un mundo opuesto al mío, como un esquizofrénico, o una vagabunda, o una discapacitada como Dora, la protagonista de Las neurosis sexuales de nuestros padres.

Con un padre abogado y una madre funcionaria, ¿de dónde procede tu vena artística?
Hay mucho artista en mi familia. Mi padre escribe, canta, y quería ser actor, pero mi abuelo no le dejó. Y mi madre se dedicó al doblaje un tiempo. Pero yo soy la primera que se dedica a esto profesionalmente.

Algún secreto confesable…
Me duermo en cualquier sitio, hasta de pie agarrada a la barra del metro. Tengo que mirar si soy narcoléptica… (risas). ¡Ah! Y me encantaría tener un zoológico, porque los animales me vuelven loca.


El mundo por montera

Dice que es “cabezota” y “contradictoria”, y esa cabezonería la llevó a prepararse las pruebas de acceso a la RESAD a escondidas de sus padres, que no querían que fuese actriz. El “órdago” le salió bien y entró en el cine por la puerta grande: de la mano de Bigas Luna, protagonizando Yo soy la Juani, y con su primera nominación a los Goya (acumula tres).

A sus espaldas más de veinte películas, varias series de televisión y una prometedora carrera internacional. Y en los huecos que encuentra en su apretada agenda, además de hacer teatro, ha decidido que ya es hora de mostrar al mundo las historias que  lleva inventando “desde pequeña”. Mientras da los últimos retoques a su primer corto, que ha grabado con su padre, ya tiene en mente un mediometraje sobre el sexo y la adolescencia que está a medio escribir.



  • LA STRADA
  • Teatro de la AbadíaC/ Fernández de los Ríos, 42
  • HORARIOS: Martes a viernes, 20:00h. Sábados, 18:00h. y 21:00h. Domingos, 19:00h.
  • FECHAS: Del 22 de noviembre al 30 de diciembre de 2018
  • PRECIOS: De 19€ a 24


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