Animalario los unió hace tiempo, y ahora, Juan Cavestany, Javier Gutiérrez y Luis Bermejo han decidido embarcarse en El traje, un proyecto hecho a medida por el dramaturgo, para que sus compañeros actores se luzcan en el escenario con un thriller que nos enfrenta a una dura realidad; una historia que surgió de la “obsesión” de Gutiérrez con lo que él llama “las cloacas del poder”.

Corrupción

La obra “trata de la corrupción política y la corrupción del alma, de la soledad, y de un momento, el actual, en el que quizás estemos a tiempo de cambiar todo esto”, dice Cavestany.

En tono de comedia negra, el dramaturgo y director de la función “pretende alertar sobre cómo la voracidad del sistema nos convierte en depredadores, y cómo el deseo de lo material pervierte la naturaleza humana más esencial”.

Es por eso que la historia se ubica en un gran centro comercial que acaba de comenzar la temporada de rebajas –“el paraíso del consumo”, apunta Gutiérrez–. La acción transcurre en el cuarto de vigilancia del complejo, donde uno de los guardias de seguridad (Bermejo) somete a un tenso, crudo, y a veces surrealista, interrogatorio a uno de los clientes (Gutiérrez), que se ha visto envuelto en un incidente con otra clienta por una prenda que ambos pretendían.

Ambos “intentan sobrevivir; son seres atrapados en una pesadilla, y buscan una salida”, dice Bermejo. Y, mientras, “nos muestran la sociedad tan ridícula y absurda en la que vivimos”.

1 COMENTARIO

  1. Los seres humanos, tal vez de una forma algo ingenua, esperamos encontrar alguna lógica en el comportamiento de los individuos con quienes interactuamos. Asimismo, casi sin excepción, todos consideramos que nos conducimos por la vida de una manera aceptablemente razonable.

    Alguien podría considerar que esto es mucho suponer pero por otro lado sería difícil negar que esta presunción es una herramienta de trabajo indispensable para sobrevivir en sociedad sin morir en el intento. Esta confianza en la lógica de los demás es posiblemente el resultado del desarrollo evolutivo de nuestra especie que junto con otras herramientas como el lenguaje, la afectividad, etc. nos permiten y conminan a ser seres sociales, a buscar la compañía de los otros.
    Pero, ¿qué ocurriría si las otras personas interactuasen con nosotros sin estar condicionadas por esa tendencia al comportamiento lógico?. Bueno, eso todos lo hemos vivido ¿No lo caen?: Es el mundo de las pesadillas.

    No hay nada más angustioso que sumido en uno de esos malos sueños nos vemos, con gran frustración, incapaces de hacer entender un argumento evidente a alguien que en la vigilia nos hubiera entendido. Más estrés incluso provoca que esa persona, ajena a nuestras objeciones y razonamientos, nos intente convencer de un proyecto disparatado y absurdo.

    En mi opinión el gran atractivo del texto de “El Traje” no es como dice su dossier que “pretende alertar, sobre cómo la voracidad del sistema nos convierte en depredadores y cómo el deseo de lo material pervierte la naturaleza humana más esencial”, más bien, “El Traje” es en mi opinión, muy interesante porque nos presentan un entorno donde el comportamiento lógico ha desaparecido y los espectadores tenemos la oportunidad de observar a los personajes que, como ratas de laboratorio, se agitan de un lado a otra de su jaulita incapaces de entenderse y de adaptarse a ese entorno de pesadilla. En este sentido encuentro que existe una evocación, no sé si intencionada o no, a “El Proceso” de Kafka, un texto en donde el ignorar por qué pasan las cosas es más frustrante aun que las propias cosas que ocurren.

    Por lo tanto, el conflicto que se cuenta, el lugar, el tiempo, etc. es todo anecdótico, accesorio, lo realmente atractivo de la obra, es ver cómo reaccionan los personajes sin el bastón de la razón. Sin esta premisa, es muy posible que los espectadores que asistan a la representación se vayan a casa algo desconcertados si ponen sus expectativas en ver cómo se resuelve el nudo argumental. Creo que no es tan interesante lo que pasa sino cómo pasa.
    El otro punto fuerte de la función es la interpretación solvente y acertadísima de Luis Bermejo y Javier Gutiérrez a la que es difícil poner un pero. Bermejo resulta inquietante desde el primer momento ya que a pesar de su pretendido afán resolutivo y su fingida empatía, somos ciertos de que detrás de su beatífica sonrisa se esconden unas intenciones que aunque no conseguimos vislumbrar se antojan llenas de perfidia. Gutiérrez, un hombre básicamente infeliz y agobiado por problemas económicos y familiares, muestra al principio un contrapunto de lucidez frente al absurdo del vigilante (Bermejo) pero su razón se va desvaneciendo a medida que avanza la obra y termina contagiado de la misma locura que hay en su entorno.
    Como en esos documentales científicos en que nos muestran a una persona que por un problema cerebral es incapaz de entender distinguir un color, leer un párrafo o sentir afecto estos personajes son incapaces de entenderse, de empatizar por lo que el otro sólo puede ser visto como una amenaza o como una decepción.

    A pesar que hay momentos que nos hacen reír –no sé si acertadamente, el trabajo lleva la etiqueta de “comedia negra”– la risa que provoca es esa risa nerviosa del que no sabe si reír o llorar. En definitiva es un mundo de pesadilla del que estamos deseando despertar.

    Un trabajo muy recomendable y una dirección e interpretación que realmente merecen la atención del público.

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