Eduardo Vasco lleva a escena una de las obras menos conocidas de Shakespeare: Noche de Reyes, una comedia de enredos escrita hace 400 años, que el director ha ambientado a principios del siglo XX.

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“Hemos pasado este Shakespeare por el tamiz del music-hall”, aclara el que fuera presidente de la Compañía Nacional de Teatro Clásico durante siete años, que regresa a su propia compañía, Noviembre Teatro, con esta función.

Las canciones

“El texto original está lleno de música, y nosotros nos hemos limitado a seguir ese espíritu”, explica Vasco, quien ha centrado su versión “en la época del music-hall y el cabaret”, una elección que tiene mucho que ver con su pasión por este tipo de música, nos relata.

Así, los actores interpretan una docena de canciones, vestidos por Caprile, y acompañados al piano por Ángel Galán. Todo, para sacar el máximo provecho del ambiente festivo de esta obra de identidades falsas, disfraces y enredos, que cuenta con un humor pícaro y desvergonzado.

Actualizando el clásico

“La obra se escribió hace más de cuatro siglos, y para un público inglés, pero nosotros representamos para españoles del siglo XXI, así que hemos tratado de contar la historia de la manera más sencilla, pero con nuestros mimbres”, dice Vasco. No obstante, asegura que la responsable de la versión, Yolanda Pallín, “ha sido muy respetuosa a la hora de traducir lo intraducible, como los juegos de palabras. Lo ha llenado de refranes y frases hechas reconocibles por todos, como lo podían ser entonces las palabras de Shakespeare por el público para el que fueron escritas”, explica el director.

El relato gira en torno al naufragio de dos hermanos gemelos, Viola y Sebastián, que recalan por separado en un país imaginario llamado Iliria. La joven, sin saber el paradero de su hermano, decide disfrazarse de hombre, provocando una cadena de enredos, que se complicará aún más con la aparición de Sebastián.

Una función “muy divertida, con un mensaje positivo: esperanza frente a los malos tiempos”, dice Vasco. Y los encargados de ponerla en pie son: Arturo Querejeta, Daniel Albaladejo, Rebeca Hernando, Maya Reyes, Fernando Sendino, José Ramón Iglesias, Héctor Carballo, Beatriz Argüello, Francesco Carril, y Jesús Calvo.

1 COMENTARIO

  1. “Para el que sabe usarlas bien las palabras son como los guantes, pues es fácil darles la vuelta”.
    De este montaje de “Noche de Reyes” creo que siempre recordaré la sobresaliente interpretación de Arturo Querejeta como el bufón, Feste.
    Feste sabe ciertamente manejar con habilidad las palabras y es que Shakespeare derrama generoso su ingenio en este personaje burlón e irónico, como corresponde a su carácter bufo, aunque también astuto y, en cierto modo, el único personaje libre de la obra, ya que todos los demás están dominados por sus pasiones o por sus vicios. Verdaderamente, Querejeta magistral encarnando a Feste, es la guinda de este delicioso pastel cocinado con manos de experto obrador por Eduardo Vasco quien ha utilizado ingredientes tan exquisitos como una inspiradísima Beatriz Argüello, para mí todo un descubrimiento, que construye una Viola/Cesario rica en matices, a veces una mujer aristocráticamente apasionada, en otras ocasiones un tentador efebo cuya ambigüedad consigue desconcertar a otro de los más sabrosos ingredientes de tan trabajada masa: un duque tan vulnerable a la belleza y tan sensible a los dardos del amor como el encarnado de forma tan entrañable por Daniel Albaladejo. Completan la feliz receta un histriónico Héctor Carballo en el papel del desventurado mayordomo que persigue unos sueños que no le corresponden y cuyas debilidades le convierten en la diana ideal de las bromas manejos de los otros personajes cómicos de la obra provocando la hilaridad tanto de los que han urdido su desgracia como del público que observa divertido la bajada a los infiernos de este ambicioso personaje.

    Del montaje creo que ha sido un acierto actualizar las bromas más grotescas, las que provocan la carcajada apelando a nuestro yo más desenfadado y chabacano, nivel cómico que en Shakespeare convive cómodamente con el del cultivado diálogo cortesano o el requiebro galante. Son muchas las ocasiones para la risa ¡Y cómo se agradece! La escena del bufón revestido de sotana exorcizando al desquiciado Malvolio es de colapso de risa, las travesuras y enredos del trío calavera, Don Tobías, Don Andrés y el propio Feste. Pero también abundan los momentos de emoción donde es difícil no contagiarse de ese universo de sentimientos a flor de piel que inunda a los personajes más nobles: La sorpresa del duque al descubrir una desconcertante atracción hacia el joven Cesario, la naturalidad con que Antonio expresa el más profundo afecto hacia Sebastián o el intenso momento del encuentro de los hermanos lleno de lirismo.

    No sabría decir si ambientar la obra en los años veinte aporta algo aunque tampoco me parece que le quite nada. También la música, que existe, en el texto original es acertada en sus ocasiones sin resultar invasiva ni perjudicar a la trama.

    En resumen, un rato de buen teatro y una agradable sensación de final feliz del que salimos todos contagiados. Muy recomendable.

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