• La Compañía de Ópera Romántica estrena segunda temporada en el Compac Gran Vía.


La traviata, Norma y Carmen, tres de las óperas más conocidas del repertorio clásico, llegan a la Gran Vía madrileña para hacer vibrar a aficionados y profanos con un arte que pretende dejar de ser un privilegio de los asiduos al Teatro Real.

“Hay un público que quiere disfrutar de ese espectáculo sin igual que es la ópera de una forma accesible”, afirma Carlos Bosch, director artístico y uno de los promotores de esta segunda temporada operística que durante unos meses toma el Teatro Compac Gran Vía. Por eso, la Compañía de Ópera Romántica, formada por más de un centenar de personas, entre solistas, coro, ballet, orquesta y técnicos, ha hecho “lo imposible para acercar la ópera al mismo precio que el resto de espectáculos de la Gran Vía”. En su repertorio, tres clásicos y una adaptación infantil, que supondrán un total de 56 funciones.

Programa

El ciclo se abre con La traviata (12 al 23 de mayo), considerada la ópera más famosa de la historia. Basada en la novela de Alejandro Dumas La dama de las camelias, y compuesta por Giuseppe Verdi, cuenta el drama que viven Violetta y Alfredo, dos enamorados separados por la diferencia de clases.

Le sigue Norma (26 de mayo al 6 de junio), una ópera en dos actos con música de Vincenzo Bellini y libreto de Felice Romani, que habla de traiciones románticas, guerras y sacerdotisas, y cuyo personaje principal es uno de los más difíciles del repertorio para soprano.

El broche final a esta temporada operística lo pondrá la famosísima Carmen (9 al 27 de junio). Una ópera basada en la novela de Próspero Merimée que dio la fama a Georges Bizet, y que ha inspirado numerosas versiones cinematográficas y ha sido interpretada por compañías de danza clásica, contemporánea y flamenca, como las de Antonio Gades, Roland Petit o Mijail Baryshnikov, entre otras.

Un programa que este año incluye la colaboración del coreógrafo y bailarín Rafael Amargo, que ha dado su toque flamenco a La traviata y a Carmen, y que, según Mariano Sánchez, productor de los espectáculos, gustará “a los amantes de la ópera y a los que no la conocen”. En su opinión, la clave está en “una escenografía muy sencilla y visual, casi cinematográfica”, y en unos argumentos que “tratan temas cotidianos”, pues hablan de “tres mujeres en conflicto permanente con el destino y con la sociedad”, añade el tenor venezolano Carlos Silva.

Pensando en los ‘peques’ de la casa

Para “conquistar nuevos públicos”, el programa incluye un espectáculo para niños a partir de cinco años: El barberillo de Sevilla. Inspirada en El barbero de Sevilla, esta adaptación de la obra de Rossini es una especie de “experimento educativo” para hacer que los más pequeños de la casa, y sus padres, empiecen a amar la ópera. Para conseguirlo, este año la novedad es que los decorados estarán compuestos por una película de dibujos animados, cuyos personajes “interactuarán con los actores”, explica Bosch.

Todo ello con un único objetivo: “borrar la idea de que la ópera es aburrida y que los cantantes de ópera son elefantes gritones”, apunta la soprano Helena Gallardo; desterrando “el falso esnobismo que rodea a la ópera” y creando “un teatro alternativo al Real, con una programación clásica ”, sentencia su compañera María Ruiz de Orduña.

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