Silvia Marsó da un portazo histórico

La Nora de Ibsen recupera su dignidad gracias a la actriz catalana
Gema Fernández / Fotos: Jesús Vallinas|
Actualizado el Martes 26/04/2011
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El “adiós” de Nora a su marido, y su portazo final “van a resonar de país en país por todo el teatro universal durante siglos”, dice Amelia Ochandiano, la directora del nuevo montaje de Casa de muñecas, que llega al Fernán Gómez avalado por un año de exitosa gira y el reconocimiento de crítica y público a su protagonista: Silvia Marsó.

casa_de_muñecas
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Distintas etapas de la evolución de Nora.

A favor de la dignidad

Y es que ese “final mítico y simbólico” ha convertido este texto en el más popular de Henrik Ibsen, y en la bandera que muchos grupos feministas enarbolan.

Sin embargo, la actriz principal considera que “no se trata de un panfleto feminista”, sino de “un alegato a favor de la dignidad humana”. Una opinión que avala Ochandiano al decir que “esta obra habla de seres humanos; con ella, Ibsen da voz a todos los hombres”.

Casa de muñecas cuenta la historia de Nora, el prototipo perfecto de esposa del siglo XIX: feliz con los lujos materiales, sin preocuparse por el mundo en el que vive, comportándose como una niña sin responsabilidades con sus hijos, considerada una frágil muñeca de porcelana por su padre, y sometida a los antojos de su marido Torvaldo, un abogado que la trata como a un objeto de su propiedad que puede controlar a su antojo.

Pero ella también es una mujer que esconde un secreto, por el que será chantajeada, acabará discutiendo con su esposo, enfrentándose a él y, finalmente, abandonándole.

“A través de esta situación límite, Nora realiza un viaje a su propio mundo interior, oculto por la máscara que le ha impuesto la sociedad, y se encuentra a sí misma, su esencia, descubre su dignidad como ser humano”, afirma Marsó.

En este viaje introspectivo acompañan a la actriz barcelonesa Roberto Álvarez, Rosa Manteiga, Pedro Miguel Martínez, Pep Munné, Mamen Godoy, Ionel Pena y Cuca Villén. Todos ellos conforman personajes “al límite, llenos de matices y complejidad”, apunta Ochandiano.

La pesadilla

Personajes que se mueven en un escenario “sencillo” y algo tétrico, diseñado por Ricardo Sánchez Cuerda. En él se plantea una casa desprovista de casi todo, pues la familia de Nora acaba de mudarse, y en cuyos rincones aparecen “pájaros disecados”, para generar esa “sensación inquietante” que la directora pretendía conseguir.

“Buscaba la limpieza y quería darle cierto aire de terror a la escenografía, porque mi intención era dar la sensación de pesadilla que la casa supone para la protagonista”, explica Ochandiano.

Ella y su equipo esperan que el montaje “sea un éxito rotundo en Madrid”, como lo ha sido en el resto de ciudades por las que han pasado.

Para conseguirlo, Ochandiano promete que “nadie se va a sentir decepcionado”. El espectador que vaya al teatro va a encontrarse con “una obra emblemática, vista desde una óptica contemporánea y reconocible por las nuevas generaciones, pero que mantiene el contexto social de la época”, señala Marsó.

Y es que, como apunta la actriz, “desgraciadamente, no estamos tan lejos del siglo XIX, porque las faltas de respeto al ser humano aún se siguen produciendo”.

Una interpretación que bien vale un Ercilla

Nora es uno de esos personajes ‘bombón’ con los que todas las actrices sueñan. Por eso Silvia Marsó confiesa que no dudó en aceptarlo en cuanto se lo ofrecieron.

Ya lleva un año interpretando a la protagonista de Casa de muñecas, un trabajo que le ha supuesto “mucho esfuerzo”, y por el que ha recibido su segundo Premio Ercilla (el anterior lo obtuvo en 1984, como actriz revelación por Búscame un tenor, convirtiéndose en la primera mujer que conseguía este galardón).

“Lo difícil de interpretar a Nora no es sólo que se oculta a los demás tras una máscara, sino que ni ella misma sabe quién es”, dice la actriz.

Sin embargo, tras meterse en su piel, la intérprete cree haber descubierto a “una mujer valiente y comprometida con el amor, la verdad y la vida; una heroína que vive tras una máscara de muñeca”, de la que Marsó se desprenderá tras pasar por el Fernán Gómez, para rodar la película en blanco y negro Los muertos no se tocan, nene, dirigida por José Luis García Sánchez, y basada en la obra de Rafael Azcona.

 

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