La familia de Pascual Duarte llega al teatro

Un homenaje a Cela

Gema Fernández|
Actualizado el Lunes 20/02/2012
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En el décimo aniversario de la muerte de Camilo José Cela, el productor Tomás Gayo rinde homenaje al último nobel literario español, llevando a escena una de sus novelas más conocidas: La familia de Pascual Duarte. La cita: en el Teatro Fernán Gómez.

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Miguel Hermoso y Ana Otero en uno de los momentos más tiernos de la función.Antonio Castro

Nuestro objetivo es “redescubrir una obra violenta, heredera de una España negra, así como acercar su historia al público más joven, que se ve obligado a estudiar la novela de Cela”, dice Gayo.

Setenta años

El productor y actor ha dedicado los últimos dos años a adaptar al teatro lo que el Nobel español creó hace ya siete décadas como un monólogo con una veintena de escenarios y una docena de personajes, y que hasta ahora sólo se había visto en versión cinematográfica.

El resultado es, según Miguel Hermoso, quien encarna al protagonista, “un brillante ejercicio de síntesis, en el que Gayo ha conseguido llegar a lo universal de la novela a través de algunos detalles inteligentemente seleccionados”.

Dirigida por Gerardo Malla, la obra se ofrece al espectador como la confesión de un condenado a muerte que reconoce sus culpas públicamente. Es Pascual Duarte, un campesino extremeño acusado de asesinato, que nos cuenta su vida mientras espera su ejecución en una celda.

“Es un personaje instalado en la falla quebradiza que separa la calma de la destrucción; la normalidad del desastre, en muy pocos centímetros emocionales”, dice Hermoso. Un personaje que –afirma– le “exige dar todo lo que tengo, y arañar lo que no tengo”; que le deja “absolutamente extenuado y vacío, pero feliz”, después de cada función.

A través de su testimonio, descubrimos a “un hombre primitivo, que quiere dejar de ser tan brutal como su entorno, pero que carece de los medios para canalizar sus impulsos”, comenta el actor.

Miserias

En su historia, un padre maltratador, una madre “hosca, huraña, tremebunda y sucia”, como la describe Lola Casamayor, su intérprete. Una hermana que le quiere, pero que huye de casa para alejarse del horror, a quien da vida Ángeles Martín; un proxeneta (Sergio Pazos), al que Pascual odia profundamente por su relación con las mujeres de su vida; y sus dos esposas, interpretadas por Ana Otero y Lorena Do Val. Hasta el propio Tomás Gayo se enfunda la sotana y se convierte en el confesor del condenado en sus últimas horas de vida.

Todos ellos conforman, según Hermoso, “una galería esperpéntica de personajes doloridos y desesperados, que pelean duro por ser felices”, y que representan la España campesina de finales de 1800 a mediados de 1900. Años en los que la realidad socio-política del país estaba marcada por un clima de profunda inestabilidad; en los que el campesinado era tratado con mano de hierro por la clase terrateniente, que les hizo pagar caro su apoyo a las leyes agrarias de la República.

Es en ese mundo en el que transcurre el relato. Un relato con luces y sombras; llevado a las tablas con una escenografía “mínima –una mesa, unas sillas, una ventana y un catre–, para no distraer al espectador de lo que dicen los personajes”, apunta Malla.

Un relato que, en opinión de Hermoso, dejará al público “clavado en la butaca”.

 

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