En la obra de David Mamet Razas

Toni Cantó es un abogado sin escrúpulos

Gema Fernández|
Actualizado el Lunes 10/01/2011
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Le costó seis años decir que era actor, “porque no creía que fuera posible vivir de esto”, nos confiesa Toni Cantó. Pero lo cierto es que lleva haciéndolo desde hace un cuarto de siglo. Y no sólo interpretando, porque este inquieto alicantino se ha convertido en productor teatral, imparte clases de interpretación, ha escrito varias novelas y es un ciudadano políticamente comprometido que ha estado a punto de ser concejal de su pueblo. Estos días, se transforma en un abogado sin escrúpulos, ávido de hacer dinero, en su nuevo montaje: Razas.

Toni_Cantó

Se convierte en el despiadado Jack Lawson.Sergio Parra

¿Qué se va a encontrar el espectador que vaya a ver esta obra?
Un montaje muy actual, escrito por David Mamet, un autor contundente, que entra en cuestiones políticamente incorrectas, y habla sobre temas tan interesantes como el racismo, los prejuicios y el sistema judicial. Y eso nos puede hacer reflexionar, algo fundamental en el teatro.

¿Puede hacer que alguien se sienta incómodo?
Puede que en algunos momentos sí, porque Mamet va más allá al hablar del racismo. No sólo lo critica, sino que ahonda en cómo, a través de la vergüenza, la culpa, o las ganas de hacer dinero, creamos un aparato de discriminación positiva que se convierte en un monstruo aún peor. Por eso creo que esta función tiene un punto muy removedor.

¿Cómo es Jack Lawson, tu personaje?
Es un tiparraco de cuidado. Es vanidoso, astuto, inteligente y muy bueno en su trabajo, pero tiene una ética cuestionable. Se retrata bastante bien al comienzo de la obra, cuando plantea que él no está para hacer justicia, sino para hacer caja… Es un abogado que no cree en los hechos, sino en el proceso, que busca una fisura para lograr que su cliente salga libre y ganar dinero, independientemente de si es culpable o no.

Razas habla del sistema judicial americano, ¿resulta muy alejado del español?
Al contrario. De hecho, en el sistema judicial español, si tienes ‘pasta’ es más fácil que te libres. Aquí se usan las mismas estrategias delante de un juez o un jurado y, lamentablemente, la justicia está igual de mal allí que en nuestro país.

Coproduces la obra junto a Bernabé Rico. Con los tiempos que corren, ¿no resulta arriesgado?
Es un riesgo que asumí hace tiempo, porque ésta es mi cuarta producción teatral. Y tiene que ver con varias cosas. Por un lado, me libera de angustia y estrés, porque soy capaz de provocar mi propio trabajo y no tengo que estar pendiente de que me llamen. Pero es cierto que éste es un momento difícil, porque cuesta conseguir dinero, porque los bancos no lo dan, y porque luego los pagos son complicados. Cuando vas de gira, muchos lugares tardan muchísimo en pagarte, y eso hace que la cosa se complique, pero ahí seguimos, luchando.

Polifacético

Estás muy comprometido con la política. De hecho, hace muy poco has dicho que estarías “encantado” de presentarte a las próximas elecciones “si fuera necesario”. ¿Sigue en pie ese ofrecimiento?
Bueno, ya lo hice en una ocasión. En mi pueblo montamos un partido, Vecinos por Torrelodones, y yo iba quinto en la lista que se presentó a las anteriores elecciones municipales, pero sólo sacamos cuatro concejales, así que me faltó poquito… Ahora, con UPyD estaría dispuesto a lo mismo, porque creo mucho en mi partido, creo que es el único que intenta que haya más democracia, que el sistema sea justo, porque no lo es.

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Junto a Emilio Buale, en escena.Sergio Parra

También has escrito varias novelas, ¿no te animas a escribir teatro?
Estoy en ello. Me he puesto manos a la obra con mi primera obra, y me gustaría poder producirla y dirigirla este año. Pero es una mezcla de teatro y danza, y quiero encontrar un buen socio que me ayude en la otra parte.

En la portada de tu novela Verbo y carne dices: “Cuando el teatro cobra vida y la vida no es más que teatro”. ¿Crees que la vida es puro teatro?
Creo que hay mucho teatro en la vida, pero del malo. Por otra parte, ojalá el teatro y la danza pasarán a formar parte activa de nuestro sistema educativo, porque son unas herramientas muy interesantes como vía de conocimiento, para abrir expresividad y darse cuenta de muchas cosas. Porque el teatro está para verlo, pero, sobre todo, para practicarlo. Yo me dedico a dar clases de interpretación y colaboro con la empresa Di-Towanda como pedagogo teatral en talleres que imparten a directivos de grandes compañías, como Iberia o Acciona, y soy un gran defensor de las herramientas teatrales.

¿Y cómo es una de esas clases para directivos?
Depende del tipo de empresa. Por ejemplo, el sector de las compañías aéreas suele tener muchos problemas cuando hay grandes nevadas, o con casos como el reciente de los controladores aéreos, y no saben cómo actuar cuando se les echa encima una avalancha de gente poniéndoles a caldo. Lo que nosotros hacemos es poner en pie esa escena, para que ellos practiquen, experimenten, prueben cuál es la mejor fórmula. Es como un laboratorio. También lo hacemos con gente que se dedica a la atención telefónica, a la facturación…

Actor, productor, escritor, profesor de interpretación… El trabajo no te falta…
Siempre he sido muy inquieto en ese aspecto, y he querido hacer cosas nuevas que me gusten, y que me hagan sentir que soy útil.

¿Eso vale más que los premios que puedan darte?
Los premios nunca me han preocupado. El mejor es no haber dejado de trabajar desde hace 25 años. He estado arriba y abajo varias veces, pero sigo aquí. No obstante, acaban de darme un premio en Nueva York a la mejor interpretación extranjera por El pez gordo, y me ha hecho mucha ilusión.

Cuestión de color…

Razas arranca con una ‘presunta’ violación. Charles Strickland (Bernabé Rico) es un millonario blanco acusado de haber forzado sexualmente a una joven negra. Por eso acude en busca de ayuda al bufete de Jack Lawson (Toni Cantó), cuyo socio es un afroamericano, el abogado Henry Brown (Emilio Buale), y donde también trabaja Susan (Montse Plá), una becaria elegida por el color de su piel. Es “el bando negro” de la función, como dice el personaje de Cantó.

Y es que, como plantea la obra, el color de la piel marca, y mucho, la diferencia. Y no sólo en los países del ‘tercer mundo’; en el democrático occidente, el color de la piel puede implicar la vida o la muerte, la culpabilidad o la inocencia…

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