Entrevista a Paz Padilla

“Tengo muy poca vergüenza y ni me importa ni me amarga lo que piensen los demás”

Gema Fernández / Fotos: Jau Fornés|
Actualizado el viernes 02/02/2018
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Como buena gaditana, Paz Padilla lleva el arte y la gracia en las venas, y no entiende por qué el humor está tan infravalorado en nuestro país. Para ella es fundamental: “la única medicina ante la vida”, dice. Por eso está encantada con Desatadas, el proyecto con el que regresa a las tablas que tanto “echaba de menos”. Una comedia de Félix Sabroso que protagoniza junto a Natalie Pinot y Rocío Marín.

Humor con enjundia

¿Qué es Desatadas?
Humor ácido que te hace pensar. Hay carcajada, pero, sobre todo, ironía y sátira. No es sal gorda, sino un texto ma-ra-vi-llo-so, que refleja muy bien la sociedad: los celos, la envidia, el odio… Son historias cortas que se van entrelazando y las tres actrices que trabajamos en el montaje hemos tenido que componer varios y muy distintos personajes, sin cambio de vestuario ni atrezzo que nos ayude en la transformación. Ésa ha sido la mayor dificultad.

Háblame de alguno de esos personajes en los que te tienes que transformar.
Por ejemplo, doy vida a una mujer extremadamente religiosa y puritana de cara a la galería, pero que dentro esconde lo más grande. Y a otra a la que no le gusta su vida e intenta mejorarla buscando ayuda donde no debe. Pero hay muchas más…

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Que el autor sea quien también dirige la función, ¿lo hace más fácil, o lo complica un poco?
Lo bueno es que él lo tiene todo muy claro y ha tenido mucho tacto y dulzura a la hora de dirigirnos. Al principio no quería que le cambiásemos ni una coma, pero ha ido cediendo en algunas cosas porque confía en nosotras y ve que nuestras aportaciones pueden enriquecer la función. Félix es maravilloso, muy humano, súper creativo y el director más divertido que yo me he encontrado en esta profesión. Los ensayos han sido como ir al Chiquipark, y para mí él ya es un amigo. Mataría por él…

Hasta ahora, en teatro has hecho monólogos y espectáculos de sketches, ¿te atreverías con una función al uso?
Me encantaría. Estoy en un momento de madurez profesional en el que sí me atrevería, pero voy a ir poco a poco, porque el público tiene que acostumbrarse. De momento, hago cositas en cine y televisión, como el personaje de La Chusa, que bajo las risas que despierta esconde mucho drama y amargura, porque es una puta drogadicta que sólo desea que la quieran y la acepten en la sociedad.

Hablando de La Chusa, ¿a quién amenazaría con su navaja en la España actual?
A los políticos. Sin excepción. No se salvaría ni uno. Porque no nos entienden, no nos representan, y ni entre ellos se soportan.

Y el primer personaje que hiciste en televisión, Aladina, ¿para qué utilizaría sus poderes?
Ahora mismo solucionaría el problema en Cataluña. Soy andaluza, pero he vivido siete años allí y mis mejores amigos son catalanes, y lo estoy pasando mal de verdad. Durante años se ha utilizado a Cataluña para camuflar otros problemas, creando una brecha muy gorda que no sé si se va a poder cerrar. Ha sido como mandar a dos hermanos que se querían a pelearse, y una madre no puede hacer eso…

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¿Dónde crees que reside el secreto de tu éxito?
En que ni me importa ni me amarga lo que piensen los demás, y en que tengo muy poca vergüenza. Además, no me pongo grandes metas. Creo que en la vida hay que ir poco a poco, luchar por lo que se quiere, pero no hasta el punto de obsesionarse, porque luego vienen las frustraciones.

¿Cuándo supiste que querías dedicarte al espectáculo?
La Cubana tiene la culpa. Actuaban en el Falla, en Cádiz, y yo iba mucho de público allí porque mi padre era tramoyista en el teatro. Me sacaron al escenario, me pusieron unas plumas y me hicieron sentir parte de la compañía. Fue maravilloso.

Llevas un ritmo laboral trepidante, ¿cómo te relajas?
En 20 años no he estado parada ni un mes, porque creo que lo peor para el ser humano es no sentirse útil. Además yo soy hiperactiva, o, como dice mi madre, ‘asperactiva’ y como algo me llame la atención, hasta que no lo domine, no paro, y así nunca me aburro. Es verdad que a veces pienso: ‘ya pararé’, y quizás eso sea dentro de cinco o diez años, porque también quiero vivir. Pero, de momento, para relajarme, voy al gimnasio, aunque también me gusta mucho la restauración, me encanta la informática… Tengo muchas profesiones frustradas. De hecho, en casa me llaman ‘La Magui’, por MacGyver.

De la clínica a la fama


Cambió el oficio de enfermera por la tele cuando, a finales de los ochenta, le ofrecieron la oportunidad de participar en el concurso de humor Saque Bola, de Canal Sur. Después llegó Genio y Figura, donde se ganó al público con su naturalidad, gracia y desparpajo, y hoy esta gaditana es uno de los rostros más queridos de la pequeña pantalla. Actualmente, presenta Sálvame en Telecinco varios días a la semana y participa en la serie La que se avecina desde 2010.

En teatro se estrenó con Ustedes se preguntarán cómo he llegado hasta aquí, un monólogo que después convirtió en libro y en el que relataba con humor e ironía sus años mozos en familia, su experiencia como enfermera, su primer casting o su descubrimiento de la fama. Y en 2012 participó en Sofocos, de Isabel Arranz, junto a Lolita, Ana Hurtado y Fabiola Toledo.

NEUROSIS COLECTIVAS PARA MORIRSE DE RISA

De eso hace seis años, y ahora regresa con fuerza al escenario gracias a Desatadas, un proyecto que ha supuesto el encuentro entre la actriz y presentadora y el autor y director Félix Sabroso, que llevaba años queriendo trabajar con ella “por su frescura y magnetismo especial”.

La función –cuenta su artífice– nace de la necesidad de “revisar esa delgada línea que separa la normalidad de la locura” en la sociedad actual. Y pretende convertirse en “un espejo en el que el público se mire, se reconozca y pueda reírse de sí mismo y de sus neurosis”. Se construye a través de escenas independientes en las que las tres actrices protagonistas se meten en la piel de los más diversos personajes para tratar, desde la ironía y el humor, temas como la religión, el miedo a la soledad, la competitividad profesional, el engaño, la crueldad familiar y hasta la muerte. Temas que, en opinión de Sabroso, “debemos ser capaces de relativizar”.

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