Entrevista a Edu Soto

“Siempre tengo activado el radar, buscando la risa oculta tras cualquier situación”

Entrevista y retrato: Gema Fernández|
Actualizado el Jueves 07/12/2017
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Ha demostrado su versatilidad en numerosas ocasiones. Edu Soto canta, baila, actúa, presenta, imita, ha doblado películas de animación y ha demostrado su lado más “cocinillas” poniéndose delante de unos fogones en Masterchef Celebrity.

Su faceta menos conocida es, quizá, la de poeta, y, la más popular, la cómica. Y precisamente ésa es la que explota en su nuevo monólogo. En Más vale solo que ciento volando, el artista cantará, bailará, y hasta pretende hipnotizar al público, con una única intención: que se ría, porque “la risa es la terapia más sana”.

Humor en vena

¿Qué es Más vale solo que ciento volando?
Un vómito de cosas que me gusta hacer. Es puro humor, porque el humor viaja por mis venas, es algo que no podré abandonar nunca y, de vez en cuando, tengo que hacer algo así, porque me apetece y porque la gente me lo pide. Así que voy a estar tres días en Callao, para desquitarme personalmente y para que la gente pueda reírse y olvidarse de sus problemas, porque los humoristas somos los catalizadores, los psicólogos de la calle. El piropo más bonito que me han dicho es que soy “terapéutico”, que con mi humor he ayudado a la gente a pasar momentos difíciles.

¿De qué se ríe Edu Soto?
Me río mucho de la realidad. Suelo definirme como un francotirador de lo cotidiano, porque siempre tengo activado el radar, buscando la risa oculta tras cualquier situación. Yo observo, y luego parodio.

edusoto-dondiegoComo el lindo don Diego. ©Alberto Nevado

edusoto-amistadesEn Las amistades peligrosas. ©Ana Himes

¿Tienes alguna rutina o manía antes de salir al escenario?
En cada montaje renuevo mis rutinas, sin premeditarlo. En Smoking room, por ejemplo, exploto cuatro pompitas de un rollo de plástico porque lo hice en el primer ensayo. No es superstición, sino un ritual para concentrarme y aparcar lo que no tenga que ver con la función.

¿Qué otros proyectos ocupan tu agenda ahora mismo?
Estoy de gira con Smoking room, me acaban de pillar para una peli de la que aún no puedo hablar, hago muchos eventos de empresa, y estoy montando una banda de música.

¿Una banda? Háblame del tema.
Nos llamamos De La Room, y somos seis: dos guitarristas clásicos, una violinista, contrabajista, percusión, y yo. Hacemos música para escuchar sentado. Me ocupa mucho tiempo, pero me relaja, y estoy muy feliz con este proyecto, que espero vea la luz a finales de año.

¿De dónde surge ese nombre?
Es un juego de palabras, la combinación del nombre de la persona que me presentó al guitarrista con el que compongo, que fue Secun de la Rosa, y del lugar donde he escrito la mayoría de las letras: el escenario de Smoking room. Suena friki, pero en la función hay un momento en el que debo hacer que escribo, mientras la acción principal está en otro lugar, y lo aprovecho para escribir letras de canciones. Así que, de cada bolo sale una letra nueva. Después quedo con el guitarrista, le enseño lo que he escrito, él empieza a tocar y, cuando escucho un acorde que me gusta, trabajamos para crear nuestro propio sonido. Nos compenetramos perfectamente y están saliendo cosas estupendas.

edusoto-cabaretCaracterizado del MC de Cabaret. ©Javier Naval

edusoto-incendiosCon Laia Marull en Incendios.

¿Y qué fue antes: el músico o el actor?
El músico, sin duda. Mi pasión por la música se remonta a los 9-10 años, cuando mi hermano mayor empezó a escuchar The Doors, Pink Floyd, The Police, Michael Jackson, Terence Trent D’Arby, Supertramp… Él fue quien me metió en vena esa pedazo de cultura musical, y a los 16 años monté un grupo en el cole que se llamaba La Huella, aunque no dejó ninguna huella. Por aquel entonces escribía canciones y poemas, y gracias a eso pude pagar mis libros de acceso al Instituto del Teatro. Fue con las 10.000 pesetas que gané en un concurso de poesía escolar.

He visto que también has abierto un canal de Youtube
He tenido que dejarlo, porque hay que dedicarle mucho tiempo, y yo no lo tengo. Pero me ha servido para darme cuenta de que ser youtuber tiene su curro y no es mi espacio. Lo hubiese sido cuando tenía 22 años y estudiaba teatro, pero, a mis casi 40, se me ha pasado el arroz…

Quizá se te ha pasado el arroz para eso, pero estás aprendiendo a tocar la trompeta…
Eso viene a raíz de que Sergio Peris-Mencheta me ofreció una obra que requería tocarla, y aunque de momento no lo hemos podido hacer por problemas de agenda, el proyecto sigue en pie para un futuro. Además, me apetece meter en alguna canción de mi banda el sonido de la trompeta, porque me gusta mucho.

Nacido para pisar los escenarios


Dice que le gusta contar historias subido a un escenario, y eso lleva haciendo, de una u otra manera, desde que era un niño. En su casa sabían de su “don”, porque le habían visto imitando a Cruz y Raya, bailando como Michael Jackson, cantando o escribiendo poemas. Pero, cuando dijo a sus padres que quería hacer de eso una profesión, no lo vieron nada claro. “Me dijeron que había que ayudar en casa y que ésa no era la mejor manera. Para ellos era impensable que pudiese ganar dinero cantando, bailando o haciendo reír a la gente. Así que, me comprometí a trabajar al mismo tiempo que estudiaba interpretación”, relata.

PERSONALIDAD MÚLTIPLE

Cuando empezó con Buenafuente en TV3, su familia se sintió “orgullosa”. Con su famoso personaje de El Neng se metió al público en el bolsillo y se abrió las puertas de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. “Carles Alfaro me dijo que había visto un gran actor tras El Neng, y me ofreció protagonizar El lindo Don Diego”, todo un clásico al que han seguido títulos como Cabaret, Las amistades peligrosas, Incendios y, más recientemente, Smoking room.

Más vale solo que ciento volando no es un monólogo al uso. Tras este sugerente título que ‘confunde’ el refranero español se esconde el Edu Soto más gamberro. Sobre el escenario, el cómico juega con el miedo a estar solo en las tablas; baila ‘poseído’ por Quique Castejón, “un coreógrafo gay muy particular”; canta acompañado de la “música biotrónica” creada por su amigo Ain TheMachine; y hasta hipnotiza, a su manera, claro. Pero, sobre todo, improvisa mucho, porque ése es el “sello de la casa”. De hecho, Soto dice que, en este espectáculo, “la improvisación y el público son el sesenta por ciento, porque –advierte– hago participar bastante al espectador”. Eso sí, con un único objetivo: conseguir que “lo pase lo mejor posible”.

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