Roberto Drago y María Botto intentan cerrar heridas
del pasado

Hablan de crímenes de guerra en Rudolf, de la argentina Patricia Suárez
Gema Fernández|
Actualizado el Jueves 13/03/2014
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Inspirándose en la figura del nazi Adolf Eichmann, descubierto en Argentina por el Mossad y traslado a Israel para ser juzgado gracias a la ayuda de un joven que encontró una foto suya en casa de su ex amante, la autora argentina Patricia Suárez escribió Rudolf, una pieza que Cristina Rota lleva a escena con Roberto Drago y María Botto como protagonistas.

Víctimas y verdugos

La obra nos traslada a la Alemania de la posguerra a través de la historia de un judío superviviente que busca venganza. Él es Theodor, el personaje al que da vida Drago. “Es una víctima del Holocausto. Ha sido torturado y mutilado, y ha perdido a su madre y hermanas. Por eso busca a la amante de un alto criminal nazi, Rudolf Koch, porque cree que tal vez ella conozca su paradero”, explica el actor.

Y se encuentra con Greta, “una mujer de clase media, antigua profesora de piano, que vive sola desde hace mucho tiempo y no tiene absolutamente nada; está muerta de hambre”, dice Botto.

Ella niega ser la ex amante de Rudolf, así que, para ganarse su confianza y sacarle información, Theodor le regala chocolate, chicles… Y con cada encuentro, entre ambos nace una relación, que se apoya en los placeres sencillos que sobreviven a cualquier guerra: el apetito y el sexo. Es entonces cuando surgen los conflictos internos de Theodor. Pero, ¿pueden amarse los enemigos? ¿Y perdonarse u olvidar?

En primera persona

Drago y Botto, que se sienten “muy identificados” con esta historia, aseguran que “la obra deja claro que no hay concilicación posible con heridas tan profundas”. Y ambos, hijos de exiliados, están de acuerdo en que “olvidar es imposible”.

“A nosotros no nos han torturado, pero también nos sentimos víctimas del terrorismo de Estado, forma parte de nuestra historia, de nuestra rabia, de nuestras ausencias. Y esta obra cuenta qué pasa cuando se olvidan esos crímenes, y eso se puede trasladar a otros países y épocas, como Argentina, e incluso España”, dice Drago.

En su opinión, “mirar para otro lado no quita el dolor ni exime de la culpa”, algo que, aseguran, deja claro esta función. “No importa si Greta fue o no la amante de un nazi. Lo que importa es que ella sabía lo que estaba pasando y no hizo nada, y es Theodor quien la obliga a enfrentarse a esa realidad”, explica Botto. Por eso, ambos actores creen que el “mensaje optimista” de la obra es que “hay que ser consciente de que en la vida hay que actuar, que no se puede mirar a otro lado”.

Obsesionada con el Holocausto

El nazismo y el exterminio del pueblo judío en la II Guerra Mundial siempre han interesado mucho a la argentina Patricia Suárez “por una fobia de mi madre contra todo lo alemán, bajo los que decía se podía esconder algo de nazi”, ha explicado la escritora en algún momento.

De hecho, Suárez ha escrito siete obras relacionadas con el Holocausto. Todas ellas situadas en el tiempo posterior a la liberación, y creadas desde distintos puntos de vista. La mirada del superviviente está presente en Rudolf; El tapadito; y El sueño de Cecilia. En Ana Frank en el infierno nos presenta la perspectiva de las víctimas que murieron en los campos de concentración; y pone la mirada en los creadores de la “solución final” en Edgardo practica, Cósima hace magia; Valhala; y La caseta.

 

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