Pepe Viyuela encerrado con su clown

Gema Fernández|
Actualizado el Viernes 11/05/2012
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Una maleta, una silla, una chaqueta, una guitarra, una escalera y, por supuesto, el público, son los únicos elementos que Pepe Viyuela necesita para hacernos reír. Eso es Encerrona, un montaje que creó al salir de la Escuela de Arte Dramático, y que le ha acompañado en más de veinte años de carrera profesional por salas alternativas, cafés, bares y cabarets. Con él se enfrenta ahora al público madrileño en la sala pequeña del Teatro Compac Gran Vía, donde cada martes desvela su lado más tierno y vulnerable, su lado más payaso.

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Toda una vida

Encerrona es un montaje veterano, pero sigues haciéndolo…
Sí. Yo diría que es el espectáculo de mi vida, al menos por ahora. Es el primer montaje que hice en solitario hace más de veinte años, y no he dejado de representarlo nunca. Me ha venido muy bien en épocas complicadas de trabajo, y también es el espectáculo que más me ha enseñado, porque estar solo en el escenario frente al público, te somete a una prueba de fuego constante, tienes que estar muy alerta, muy despierto, muy vivo.

Una silla, una escalera, una maleta… ¿Tienen un significado especial para ti?
En términos teatrales, sí. Son compañeros de trabajo, más que objetos inanimados, porque llevo dos décadas hablando con ellos, aunque eso pueda parecer de locos. Pero es que el payaso, que es el personaje con el que me muevo por el escenario en este espectáculo, es un loco a fin de cuentas, es una manifestación de la locura poética, de nuestro ser más profundo.

¿Cómo es ese clown al que interpretas?
Tiene mucho de la visión infantil del mundo, del asombro que provoca la vida. Y me gusta sentir eso a través suyo, porque yo, como ser humano, cada vez lo siento menos, o lo que me sorprende de la vida es negativo.

Pero este personaje es todavía un niño, y me permite jugar, pasarlo bien con el público, con los objetos… Viene a ser una especie de amigo sin el que no puedo estar mucho tiempo, porque le echo de menos.

¿Ha cambiado en estos años?
Yo he cambiado en estos años, y eso se refleja en el personaje. Ha perdido el toque más naif, se ha vuelto más descreído, más cínico… Y, aunque sigue teniendo una visión ingenua de la vida, ha recibido bastantes palos y las cosas ya no le sorprenden tanto. Es una especie de guerrero curtido en muchas batallas, pero que no se rinde nunca, porque del fracaso es de donde sale toda su experiencia y lo que da sentido a su posibilidad de comunicarse. En el fracaso es donde se humaniza, compartiéndolo con los demás, acercándose a los que están en el patio de butacas, porque eso nos pasa a todos, y nos reconocemos en él.

Sin miedo al fracaso

Entonces, ¿crees que es bueno reconocer los fracasos?
Creo que los fracasos son el trampolín para llegar a cualquier sitio. Y el error que tendemos a cometer es negarlos, como si fuera algo vergonzoso… Hay que tener en cuenta que el éxito permanente no existe.

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¿Crees que todos llevamos un clown dentro?
Todos tenemos alma de payaso, entendiendo como tal esa parte más sincera, vulnerable y tierna (aunque también hay payasos muy crueles). El payaso tiene que ser un espejo para los demás, ya sea en su crueldad, en su mezquindad, o en su ternura, porque todos tenemos un poco de todo, y los payasos también. Ellos no son más que una caricatura del ser humano.

¿Qué hay de Pepe Viyuela en esa ‘caricatura’ que sale al escenario?
Sobre todo, mucha vulnerabilidad, y ahora, además, mucho escepticismo. Cuando era más joven tenía mucha ilusión, muchas ganas de experimentar, de vivir. Ahora, quizás haya más ese sentimiento de vulnerabilidad confesa, de reconocer que las cosas me duelen, que no lo paso bien cuando fracaso; pero esto es lo que hay. Y me gusta ese aspecto de mi payaso, que no haya nada que le sea indiferente, que todo le provoque un sentimiento. Si hay alegría, enseguida empatiza; si hay dolor, no puede pasar por encima de ello. Ojalá en mí hubiese tanta capacidad de escucha y empatía como la que él tiene.

¿Qué pretendes transmitir al público con Encerrona?
Mi prioridad es que el público lo pase bien, pero no sin más. Me gustaría que viesen en el personaje mucha ternura, sinceridad, y ese lado más oculto en el que muestra su peor cara, lo que somos capaces de llegar a hacer. Y, yendo más allá, me encantaría que se interpretara como la metáfora de un hombre que, desde su más absoluta incapacidad para realizar las cosas, sale adelante, no se rinde, y convierte su fracaso en una fiesta.

¿Qué te resulta más difícil: hacer reír o llorar?
Siempre es difícil despertar emociones en el público, ya sean risas o lágrimas. Pero la comedia es más arriesgada, porque la gente espera reírse, y tú esperas que se rían, y si la magia no se produce, resulta bochornoso, y eso en la comedia no se puede disimular, has fracasado. Además, el público es muy cruel con el cómico que no hace reír. En cambio, en el drama es menos fácil darse cuenta de si le está llegando al espectador o no.

¿Cuál es el secreto de la longevidad de esta función?
Sigo con él porque es un espectáculo con el que me lo paso muy bien, porque no me canso de hacerlo, y porque, además, es toda una escuela en la que experimentar mis filias y fobias actorales. Es como un patio de recreo que puedo usar cuando quiera.

Un todoterreno escénico

Lleva unos años a un ritmo frenético, a caballo entre el teatro y la televisión. En octubre de 2011 finalizó en Madrid la gira de El pisito, con Teté Delgado y Asunción Balaguer. Pero comenzó los ensayos de Los habitantes de la casa deshabitada, una función con la que sigue ‘de bolos’ prácticamente todos los fines de semana. Además, desde finales de marzo está todos los martes en plena Gran Vía con Encerrona.

Y todo ello, sin abandonar la exitosa serie Aída, en la que interpreta a Chema, y cuya grabación le ocupa las mañanas de lunes a viernes. Un ritmo agotador, del que Pepe Viyuela, no se queja “tal y como está el panorama, tengo mucha suerte, pero reconozco que necesito unas vacaciones”, dice el actor logroñés.

Pero su esfuerzo tiene una gran recompensa: “El escenario me regala muchas cosas buenas, por eso seguiré aquí hasta que el cuerpo aguante, porque me gusta, porque es mi vocación”, asegura.

 

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